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sábado, 16 de marzo de 2013

En medio de la noche





En medio de la noche iluminada
por el suave satén de la penumbra
tu cuerpo es el soñado manantial
en el que vengo a apaciguar mi sed,
aliento del lenguaje donde alcanzo
mi exacta y verdadera dimensión.

La noche es la silente dimensión
donde tu sed respira iluminada;
el espacio gozoso en donde alcanzo,
al fundirse tu verbo y mi penumbra,
la claridad redonda de mi sed
saciada en insondable manantial.                      
                                  
Me aguardas y la noche —manantial
de una profunda y nueva dimensión—
respira por mi piel, dicta mi sed
y me mueve hasta ti que, iluminada,
me llevas por detrás de la penumbra
hasta la cima de la luz que alcanzo.

Siempre aprendo de ti, cuando te alcanzo,
el secreto del fresco manantial
que brota alrededor de tu penumbra,
cuando ya ajena a toda dimensión
eres la libertad iluminada
por el ardor calmante de mi sed.

En medio de la noche tú y la sed
sois todo cuanto tengo. Si te alcanzo,
la noche se desborda iluminada
y la sed alimenta el manantial
desde el que te alzas a otra dimensión
donde deja de ser todo penumbra. 

La llama de tu cuerpo es, en penumbra,
la referencia ardiente de mi sed,
el lenguaje de esa otra dimensión
en donde damos siempre que te alcanzo.
La llama de tu cuerpo es manantial
al que acude mi sed iluminada.

Eres, iluminada en la penumbra,
sereno manantial para mi sed;
contigo alcanzo el mar: tu dimensión.

2 comentarios:

  1. Qué difícil es que la sextina supere el artificio. Esta lo logra. Fluye ágil y desemboca más allá de su cauce previsible.

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    1. Tienes razón, Alfredo. La sextina tiene mucho de artificio y, por eso mismo, supone todo un reto y un verdadero divertimento. Le estoy cogiendo el gusto de un tiempo a esta parte, aunque (lo confieso) la mayoría tienen poco por donde agarrarlas. Esta, estoy contigo, creo que ha alcanzado cierto vuelo.

      Un abrazo.

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