Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

jueves, 28 de marzo de 2013

La madre naturaleza




 
[Ribeira Sacra ©  C. E. L.]



            Son días de lluvia lacerante y tenaz, de mirar tras los cristales la monotonía húmeda y gris de la mañana y de la tarde. Días, también, de lectura, y para ello nada mejor que volver a un clásico —diría clásica: Doña Emilia Pardo Bazán—. Tras terminar en un solo día Los Pazos de Ulloa, comienzo a devorar La madre naturaleza: otra forma de regresar a Galicia, aunque desde este retrato hasta nuestros días mucho haya llovido y mucho, también, cambiado. (O no tanto). Aun así, reconozco el paisaje feraz del interior gallego: los campos de centeno, de vides, los socalcos, los cruceiros de piedra, los desvencijados caserones y pazos, conocedores antaño de tiempos mejores. Me dejo acunar por la riqueza verbal de la autora, y disfruto de un texto siempre hospitalario.
        Sigue cayendo la lluvia en esta primavera revuelta como pocas. Yo sigo atento los pasos de Perucho, de Manolita, de Don Gabriel, de Barbacana, de Trampeta, del señor de Ulloa...

4 comentarios:

  1. Querido amigo, parece como si la lluvia se hubiese propuesto reflejar al pie de la letra el estado de ánimo de cada uno de nosotros. No es mala cosa aguantar el paraguas con un libro entre las manos que nos dé hospitalidad y refugio.
    El paisaje nos mira agradecido: verdor y transparencia.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, José Luis. A fin de cuentas, quienes sabemos, disfrutamos de un buen libro como de las buenas viandas o excelentes caldos. ¡Sabrosa compañía! Además, no sé a tu, pero a mí me reconforta especialmente la relectura de las novelas del XIX. Y ésta es de las imprescindibles.

      Un abrazo.

      Eliminar
    2. No sólo me reconforta la narrativa del XIX sino que estoy convencido de que es el manantial natural de la mejor narrativa del siglo XX.
      Mi hija Ana regresó ayer de Santiago de Compostela. Y mi hija mayor hoy viaja hacia Galicia. Así que el itinerario afectivo de estos días tiene nuevos puntos de conexión.
      Un abrazo, Antonio.

      Eliminar
    3. Sí es verdad que hay veces en que todo parece concatenarse para cerrar un círculo. Para mí, Galicia es siempre ese lugar adonde volver.

      (Ahora veo que en mi anterior comentario se me deslizó un "tu" en vez de un "ti". Acabo de descubrirlo y, la verdad, es que suena un rato mal. Disculpa la errata.)

      Un abrazo.

      Eliminar