Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

jueves, 18 de abril de 2013

El juego del soneto

[No la toquéis ya más... ©  A. C. G.]



Disfruto de la gracia de un soneto
cuando guarda su acento y la medida,
y cabe en su interior saber y vida,
y es malicioso al tiempo que discreto.

Cuando no tiene señas de obsoleto
—aun siendo su estructura archisabida—,
cuando su rima es música surgida
de forma natural y sin aprieto.

Me es fácil disfrutar: me predispone
a ajustarme a su forma de tal forma
que también yo me lanzo a su escritura

e intento que su arnés no me aprisione,
para que, aun ortodoxo con la norma,
aliente el verso sin perder altura.

4 comentarios:

  1. Aunque el corsé ajuste la cintura, si la imaginación es capaz de volar, el soneto no tiene por qué ser prisionero de tan ceñida prenda. Sólo es cuestión de dar elasticidad en el proceso de su confección.

    Me encantó, amigo Antonio.

    Un abrazo

    Fina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Fina. A mi juicio, el soneto, como todas las formas cerradas, tienen doble filo: pueden asfixiar a la palabra tanto como darle alas. Cuando esto se logra, tal forma alcanza máximo esplendor.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Se puede decir más alto....
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sigamos, pues, en la medida de lo posible, diciéndolo más claro, amigo Paco.

      Fuerte abrazo.

      Eliminar