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jueves, 23 de mayo de 2013

Desde un tiempo a esta parte



Desde un tiempo a esta parte —valga el dicho—
ando en el dique seco. Lo que quiero
decir es que no escribo, que no trato
de iluminar mi vida con palabras,
que me paso los días en silencio,
que me he olvidado de la poesía,
que, acaso, es el momento de dejarla
—si alguna vez la tuve entre mis brazos—
y darme al prosaísmo de la vida,
a vivir sin pensar en la manera
de hacer crónica fiel de mis andanzas,
o de dejar escrito un testamento
que hable de mí a los siglos venideros.
Lo que quiero decir —no sé si con
la precisión que al caso conviniera—
es que me basta con cruzar el tiempo
que me ha tocado, hablar con mis amigos,
amar a los que me aman y abrazar
a la mujer que acepta mis defectos
y a pesar de quien soy vive conmigo;
que ha llegado el momento de callarme
para cantar a solas y en la ducha.
Lo que no acabo de tener muy claro
es el porqué, si enuncio mis propósitos,
los enuncio en cabal endecasílabo. 



8 comentarios:

  1. Bueno, bueno, supongo que sólo jugaste con los versos endecasílabos, muy bien ligados, por cierto, y no hay otro propósito subyacente, Antonio.

    Abrazos y... hasta el próximo poema.

    Fina

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    1. No creas, Fina, la intención (o tentación) es la de callar y darme al provechoso placer de la lectura. Lo que ocurre es que, al final, vete a saber qué, sigue empujando hacia el poema.

      Un abrazo (y disculpa el retraso en mi respuesta: ya te digo, esa inclinación hacia el silencio.)

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  2. Porque el ritmo llega a formar parte de ti y ya lo ves, es capaz de hacer poesía hasta de la lista de la compra, ya que justo en eso, en la música, es que se diferencia de la prosa.

    Un excelente poema, por otra parte, con la naturalidad cotidiana de lo auténtico que es, al final, lo que vivencialmente importa porque termina siempre llegando a la emoción.

    Me ha tocado corazón, Antonio, como debe ser.

    Namasté.

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    1. Gracias, Morgana, con palabras como las que apuntas, uno vuelve una y otra vez a la carga, aunque, como le digo a Fina, a veces crea que lo mejor es darse al silencio para siempre. En fin, serán las estaciones...

      Un abrazo (e insisto en mis disculpas por el retraso).

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  3. Bueno, bueno, lo que son las cosas. Había pasado por acá esta mañana e incluso bosquejé un comentario, que desde el afecto quería ser algo bromista y, por supuesto, animador, pero andaba escaso de tiempo y lo dejé. ¿Cómo iba a sospechar (aunque pensando lo bien no hubiera sido descabellado) que horas después íbamos a pasar ese largo rato tan agradable charlando con el propio L.E.A.? Pero así son las cosas: de vez en cuando nos regalan estas pequeñas maravillas, así que ya me dirás si ese desaliento (o un poco de cansancio) que trasluce el poema no ha quedado conjurado (y con creces, me parece) por la más sencilla y contundente realidad. Para completar la jugada, veo que ha llegado hasta aquí nada menos que mi señora Morgana de Palacios a la que, si no estoy confundido ni los heterónimos me juegan una mala pasada, en otros foros de hace años (poesía.com y ta vez en ultraversal), rendí pletesía y juré amor literario eterno desde máscaras varias... No sé si ella (si es ella) se acordará, pero Farairos, el de la jerga trasminada ("pollina lluvia terca" fue una de sus frases más aplaudidas), no lo ha olvidado. En fin, un día completo, Antonio. ¿Cómo nos vas a dejar sin otros posibles de esta categoría? Un abrazo.

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    1. Alfredo, aun con retraso, vaya mi respuesta:

      Gozoso fue, sin duda,
      el tiempo que vivimos
      entre verbo y cerveza
      con nuestro cantautor.
      Tan próximo y afable;
      tan cómplice, diría;
      tan crítico y sencillo;
      tan lúdico y cabal.
      Fue una tarde redonda,
      pródiga en alimento,
      y en donde los planetas
      debieron confluir.
      Si no, cómo se explica
      la magia compartida,
      la claridad del aire,
      tanta felicidad...

      Respecto a la visita de Morgana, efectivamente, es la misma que fue compañera de viaje en aquellos tiempos nuestros de Poesía.com, a quien sin duda, como tantos otros, también rendirías pleitesía desde el juego de máscaras que tanto practicábamos.

      Con todo, tienes razón: a pesar de los pesares, con subidas y bajadas, continuamos.

      Abrazos.

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  4. Ni se te ocurra callarte. Somos muchos los que no te perdonaríamos.

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    1. No sé si muchos, María Ángeles. Es verdad que a veces dan ganas de darse al silencio y la lectura. Y aunque uno amaga, al final el vicio es el vicio y vuelve a abrir la boca. O la mano. O la pluma...

      Abrazos.

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