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miércoles, 1 de mayo de 2013

Esa eterna tarea

[Llaves © A. C. G.]


Me pongo a imaginar palabras nuevas:
como almendros en flor, como campanas,
como esa luna llena que me llena
en las noches silentes y más claras.

Me pongo a imaginar que las escribo
con letra redondilla y mano blanca;
virginal ejercicio que me lleva
a los sueños más altos de la infancia.

Sólo por unas líneas soy poeta:
le pongo nombre nuevo a la mañana
y al ocaso lo doto de promesas.

Sin embargo, el conjuro se desmaya
y esas palabras-aire se diluyen
para otra vez volver a imaginarlas.

2 comentarios:

  1. Delicado y preciso, como agua que fluye. Leído en voz alta, nadie diría que es un soneto. Tiene una gracia especial. Como "los sueños más altos de la infancia". Los míos siempre eran que volaba. Un abrazo de primero de mayo.

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    1. Tienes razón, Alfredo; aunque con la estructura formal del soneto, su rima asonantada aproxima el poema más a un "romance en endecasílabos". Y sí, también a mí me parece que fluye bien, aunque me esté mal decirlo (guiño cómplice).

      Otro abrazo solidario también para ti.

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