Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

miércoles, 5 de junio de 2013

Método

[Tijeras © A. C. G.]

Bebe de los aljibes del silencio
y respira su luz. Guarda distancia
con las fuentes donde su pensamiento
brota, y entonces, esperando calma,
se dispone a escribir. Así da cuenta
de cuanto fue y no fue, de cuanto sabe
y de aquello que ignora y se revela
en los espejos de la luz silente.
De esta forma transcurre su jornada:
atento al corazón, dado a la vida,
humilde en sus palabras, convencido
del oficio final de la pupila;
indeciso, no obstante, en cada signo 
y dispuesto a podar y a ser más claro.
Y siempre comenzando, acaso, el mismo
poema, el mismo afán, la misma duda.

4 comentarios:

  1. Clara y precisa poética en segunda persona: que los aljibes del silencio se llenen de agua fresca; o, si permanecen vacíos (que tampoco pasa nada, me parece), saber escuchar el eco de su hueco (si se me perdona el ripio impío) será también afán del día. O mejor, como dices más adelante (aunque en otro orden), comprender que "el oficio final de la pupila" también puede ser el de ver "la luz silente". Ahora bien, ojo con lo de "podar la voz más clara" (que, dicho así, parece la consigna que le atribuyen a Eugenio D'Ors: «¿Cómo?, ¿que se entiende? ¡Oscurezcámoslo!»). En fin, una poética con mucha miga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como de costumbre, Alfredo, perspicaz lectura. Respecto al apunte final que me haces, tacho y corrijo, pues, efectivamente, las palabras me han jugado una mala pasada: no más oscuro, sino claridad, pretendía apuntar. Con la modificación del verso creo que queda meridiano.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Pues sí, meridiano.
    Al final uno termina escribiendo "un único y larguísimo poema" así se pase la vida podando para dejarlo en su esencia despojada.

    Me ha gustado mucho, Antonio. Verso de un blanco esplendente.

    Namasté.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Morgana por tu lectura y generosidad.

      Un abrazo.

      Eliminar