Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

sábado, 10 de agosto de 2013

Confidencias de un viejo zapatero

[Imagen tomada de aquí]


            Se dice de nosotros que tenemos un algo de filósofos, y puede que sea cierto. Tanto tiempo a solas frente a unas tapas que poner, unos tacones que ajustar, o una cremallera que sustituir —todos ellos trabajos mecánicos y, casi, de rutina— permiten que uno no pare de darle al caletre, que piense en esto o aquello y que, en definitiva, saque sus propias conclusiones sobre el mundo y cómo está montado. Y también, claro está, sobre las formas de pulir sus muchos defectos (los del mundo, claro). Cuando era joven, aún aprendiz, era objeto de la tiranía de mi jefe. No era un buen tipo, ya te advierto; dictador y caprichoso, se creía dueño de ti: te imponía los horarios y el sueldo; y también, tus propias funciones. Cuántas veces no me ha tocado ir a hacerle algún recado que, se quiera o no, no era de mi incumbencia. Pues nada, había que hacerlo... Entonces, yo pensaba que el mundo sólo se arreglaría tal y como los franceses solucionaron sus problemas con la toma de La Bastilla, a base de guillotinas: palo seco y tentetieso. Sin embargo, los años atemperan, y un día pensé que por muchas cabezas que se corten siempre vendrá algún otro cabezón a ocupar el puesto del decapitado. Supe entonces que la mejor manera de arreglar el mundo es a través del conocimiento; a través de los libros. Me puse a estudiar por las noches, a leer cuanto caía en mis manos. Y también me di cuenta que no era allí, en los libros, donde estaba la solución que imaginaba. Tal descubrimiento trajo el desencanto. A partir de ese momento me dediqué a lo mío, a doctorarme en este trabajo que para muchos no  tiene  importancia  alguna,  pero  que sólo  quien lo ha aprendido  bien lo hará sin errores ni faltas. Y ahí —pensé—, en hacer cada uno su trabajo a conciencia y bien, debería asentarse la mayor revolución, la única forma factible de cambiar algún día este mundo. Si a esto se le llama filosofar, entonces sí, soy un filósofo. 

4 comentarios:

  1. La vieja sabiduría del zapatero remendón, Antonio.
    Si todo el mundo hiciera bien su trabajo...
    cuánto mejor nos iría a todos .

    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente, Elías. Algo que, me temo, cada vez se tiene menos en cuenta: ya se sabe, todo a la carrera y salga el sol por Antequera.

      Abrazo.

      Eliminar
  2. También podría llamarse cordura, esa planta cada vez más escasa. Otro abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. También, efectivamente. Es como aquello del sentido común, el menos común de los sentidos.

      Abrazo.

      Eliminar