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martes, 13 de agosto de 2013

De luz y sombra

[Al alba © A. C. G.]
 

La luz, que se sucede a mi mirada,
ajusta la cadencia de las horas:
irrumpe en claridad; después, su fuego,
da en un baile de máscaras y sombras.
Así sigue su curso, reconstruye
su cuerpo transparente con el día,
y el tiempo se le ajusta como un guante,
y a él, la vida se acopla mientras dura.
Van pasando las horas, que llenamos
con gestos, con palabras, con descuidos,
y vamos, al compás de los relojes,
dando a la mar... sin pausas y sin prisas.
Quién pudiera, como la luz, alzarse
hacia los cuatro puntos cardinales,
y ser, como la luz, inaugural
presencia, albor, materia incandescente.
Sin embargo, pasamos. Y ese signo
nos empuja a un afán de trascendencia
que no es sino rumor, fuga que fulge;
a nuestro modo, luz que azacanea.


3 comentarios:

  1. Quien fuera luz (sin como ni )... Bueno, parece que, en estricta realidad material, somos polvo de estrellas (que también brillan). Pero no hay más remedio que reconocer que, por lo común, se nota poco. Ni siquiera ahora que estamos desbordados de lágrimas del santo escurialense. Estupendo viaje rítmico, sensible, sereno, con muy delicadas aliteraciones, en compañía de ese «primer animal visible de lo invisible» (que me parece que vino a decir Lezama y creo que ya he recordado, incluso aquí, alguna vez). Un abrazo.

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    1. Gracias, Alfredo. Me parece que, con la generosidad de tu comentario, el poema parece elevarse por encima de su propio decir.

      Abrazos.

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  2. Bueno, no somos luz, aunque habría que puntualizar eso, amigo Antonio, porque somos vida y la vida no existe sin luz y no hablo de esa luz que nos rodea, sino de la otra, así que bien por nosotros y cuando el tiempo nos engulla que nos quiten lo "bailao", así que a bailar todo lo que podamos...

    Un beso

    Fina

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