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sábado, 3 de agosto de 2013

Palabras


Sé quiénes sois, palabras. Sé que siempre,
desde mi balbuceo más lejano,
me habéis acompañado, y dado vida;
habéis nombrado el mundo y lo soñado,
y todo cuanto existe en esta tierra
viene a tener sentido con vosotras.
Si dijera que os amo, tal vez fuera
un tanto exagerado, pero os tengo
por fieles y serenas compañeras
—tan próximas y extrañas a la vez,
tan cuidadosamente preparadas—
dispuestas a acudir si os necesito.
Y, sin embargo, sé también que vais
a veces a lo vuestro; que os negáis
a acudir a una cita, que de pronto,
sin saber el porqué, cambiáis el paso,
y entonces no sois dóciles ni buenas.
En ese instante —sí, de nuevo vuelvo
a ser exagerado— es cuando os odio,
cuando quiero alejarme de vosotras
y adentrarme en la mar donde el silencio
lo inunda todo, todo lo adormece.
Y así pasan los días y semanas;
meses, también; en ocasiones, años...
Pero siempre regreso hasta vosotras
como único camino hasta mí mismo.
Y es de nuevo, palabras, cuando canto,
cuando tan libremente nos alzamos
a esa cima de luz que nos asocia;
entonces cuando voy a vuestro lado,
cuando sé que jamás renunciaré
a vuestra inaplazable compañía.
Sé quiénes sois, palabras: sois la tierra
el surco, la raíz, la luz, el vuelo.



4 comentarios:

  1. «... el surco, la raíz, la luz, el vuelo...»: ejemplos claros de que las palabras, además de acercarnos el mundo y a nosotros mismos, son algo más; tienen una belleza irreductible. También por eso son tan necesarias . Acaso sobre todo por eso. Un hermoso poema, Antonio. Un abrazo.

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    1. Pues sí, Alfredo. también por eso. Y en esas andamos.

      Un abrazo.

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  2. Precioso, me ha gustado mucho. Siempre manejando las rimas con maestria. Un abrazo.

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    1. Gracias, Milagros, por tu generosa lectura.

      Un abrazo.

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