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jueves, 28 de febrero de 2013

Infancia


 
[Niños jugando al palo-monti-calla (España, años 60) Imagen tomada del Blog "Juegos y juguetes de la abuela", 
 donde, a este juego, se le denomina "Churro va"]
           
       Mi infancia fue la calle, los amigos del barrio, los juegos bucaneros, las chapas, el escondite inglés, el palo-monti-calla, la zorra, pídola, dólar, sobre-cuántas, las canicas, los santos, las luchas a pedradas, la onza de chocolate en la merienda, las lecciones cantadas en monodia, la vara del maestro, la estufa de petroleo. Mi infancia fue la luz de la lectura, las riñas con mi hermana, el parque los festivos, el río en el verano, la misa los domingos y el cine por la tarde en sesión doble. Y fue también —lo he dicho—, fugazmente, el cigarrillo alerta. Y el sueño, cada feria, de escapar con el circo.

miércoles, 27 de febrero de 2013

La visita


            En cualquier caso, el doctor Álvarez, tan atento él, tan minucioso, tan amigo de la obra bien hecha, se equivocó en esta ocasión de cabo a rabo. Erró el diagnóstico y, con ello, no atajó en su momento la causa de un mal que continuó su avance, como si todo el monte fuese orégano, si se me permite echar mano de expresión tan manida. No dejo de pensar en que si él no hubiese tenido aquella noche tanta prisa y hubiera examinado con la debida minuciosidad a la paciente nada de cuanto ocurrió después habría sucedido. O, de haber sido así, de tener que pasar, porque las cosas pasan cuando están de ello, a ninguno de los que estuvimos con ella en sus últimos momentos nos habría pillado por sorpresa. Pero no, él tenía prisa aquella noche, y la despachó con una exploración de compromiso; vamos, la despachó con una faena de aliño, que se diría en términos taurinos. Recuerdo que habíamos vuelto de un viaje a la capital; todos un poco cansados del traqueteo del coche por esas carreteras tan mal asfaltadas, pero, en el fondo, satisfechos y felices por el día, del que disfrutamos sin ninguna preocupación. Al llegar a casa la encontramos en el sillón del comedor, inmóvil y aferrada a las faldillas de la mesa camilla, como si en ello le fuera la vida. Al principio no hicimos caso, pues en más de una ocasión la habíamos sorprendido en posiciones parecidas, encerrada en sí misma, ajena a cuanto sucediera a su alrededor. Sin embargo, cuando volvimos a ella minutos más tarde, después de quitarnos los zapatos, calzar nuestras pantuflas y cambiarnos la ropa de calle por nuestros chándales de andar por casa, pudimos observar que algo no iba bien. Enseguida avisamos por teléfono al doctor Álvarez, pero nos dijeron que estaba atendiendo un parto y que se acercaría a casa en cuanto le fuera posible. Si la cosa era urgente podríamos acercarnos nosotros mismos a su consulta, aunque no sabían qué tiempo tardaría en regresar. Decidimos esperar y mientras tanto nos dedicamos a refrescarla y ofrecerle algo de ensalada, por si con la comida le volvían las fuerzas. Ella, empero, continuó encerrada en sí misma, tal y como la habíamos encontrado, y no pareció responder a tales estímulos. Luego vino el doctor Álvarez, visiblemente molesto, y nos soltó un sermón sobre la importancia de sus servicios. Para una cosa así, nos dijo, no creo que sea necesario llamarme a estas horas. A pesar de ello, reconoció a la paciente y apuntó que lo mejor que podríamos hacer sería esperar a ver cómo evolucionaba. A la mañana siguiente, de continuar igual, deberíamos llevarla a su consulta. Pero no hubo otra mañana, ya le digo. Cuando a eso de las siete, antes aún de amanecer, me levanté y bajé al comedor, vi que ella seguía en la misma posición que la tarde anterior. Ningún movimiento. Definitivamente, había dejado de existir. El doctor Álvarez, en realidad el veterinario Álvarez, acabó por confesar que él, de tortugas, no sabía gran cosa.

martes, 26 de febrero de 2013

Estampa urbana




Fotos de la pobreza en España por la crisis  
[Fotografía de Samuel Aranda para un reportaje en The New York Times sobre la austeridad y el hambre en España. 
Tomada del blog "Ciudadanos en crisis"]



Lo mismo que un ejército en derrota.
Así los vemos por las calles, solos,
empujando un carrito de bebé
o armados de unas bolsas donde guardan
sus míseros botines. Se desplazan
con el dolor a cuestas, siempre ajenos
a cuantos rostros se les cruzan; tienen
una oscura tristeza que está escrita
en su mirada joven, aunque algunos
también tengan sus años y debieran
haberse licenciado ya hace mucho,
habitar un hogar bien pertrechado
y disfrutar de un tiempo sin espinas.
Sin embargo, ahí están, a la deriva,
náufragos de ciudad, sin otro oficio
que el de sobrevivir. Llevan consigo
una derrota que no es suya: esa
que nos señala a todos, a este modo
de vida, a este ejercicio de egoísmo
con que adoctrina nuestra sociedad.
En los contenedores de basura
escriben el presente. Después, ¿nada?

lunes, 25 de febrero de 2013

Luz y Verbo




[Al alba © .A. C. G..]



Albacea la luz de la luz misma,
al alba se administra y atesora,
y en su peregrinaje se demora
envuelta entre la sombra en que se abisma.

Y de repente, vívida en el prisma
que la contiene abierta y seductora,
descerraja perfiles mientras dora
el monte, el río, el valle, la marisma...

Como la luz, el verbo es albacea
de cuanta claridad en sí contiene.
Así se muestra, oculta o espejea,

define los espacios y sostiene
el mundo al ser nombrado. Luz y Verbo:
dos formas de afirmar el mismo acervo.

domingo, 24 de febrero de 2013

Amigos



             Pocas cosas tan gozosas como unas horas de amistad y camaradería. Lo malo es que, en tales ocasiones, el tiempo se vuelve en contra nuestra y galopa más aprisa que nunca. Así, la hora de la despedida llega siempre demasiado pronto. Es en ese momento cuando comenzamos a contar lo que nos queda para una nueva cita.

sábado, 23 de febrero de 2013

Memoria



[Famosa instantánea de la intentona de golpe de estado]


 
     Veintitrés efe..., veintitrés efe... El caso es que me suena.