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domingo, 31 de marzo de 2013

Haikú de Marzo




[Primavera  ©  A. C. G.]


Marzo marcea,

mientras la primavera

se despereza.

Mientras llueve





[Plaza del Pan ©  A. C. G.]


Afuera llueve. La tarde
se ha poblado de recuerdos
que son como un mar en calma
que respira en mi memoria
mientras el tiempo regresa.

Es así como regresa
desde el ayer de la tarde
esa ausencia a mi memoria
que se deshila en recuerdos
de esta manera tan calma.

Llueve y llueve, con tal calma,
que mi mirada regresa
a otro tiempo de recuerdos
que se funden en la tarde
y apaciguan mi memoria.

De esta forma, la memoria  
llueve en mí. Y es tal la calma
con que me enfrento a la tarde,
que toda esa luz regresa
hecha amor en los recuerdos.

Pero también los recuerdos
revuelven nuestra memoria
en el espejo. Regresa,
para minar nuestra calma,
así un turbión en la tarde.

En esta tarde, recuerdos,
calma chicha. Y la memoria,
hilo espiral que regresa.

sábado, 30 de marzo de 2013

El mercader



 
[Mercado hebreo ©  C. E. L.]

He puesto un tenderete de luz en el mercado.
Vendo sueños y risas y voces de colores,
tisanas magistrales que alivian el presente,
almendras de esperanza contra tantos agravios.
De vez en cuando, si alguien me pregunta o lo pide,
escribo algunos versos con que encender la noche,
saco de la chistera el gato de Chesire
y vuelvo del revés apolilladas normas.
Sé que no haré fortuna vendiendo esta quincalla,
que los tiempos son otros y exigen mercancías
diferentes. Mas sigo, ajeno a competencias,
alimentando espumas, estrellas, golondrinas.

viernes, 29 de marzo de 2013

Pasan lentos los días

[Bvar. des Italiens - París ©  C. E. L.]


Pasan lentos los días, pero el tiempo
galopa en un caballo transparente.
Con tal velocidad, que apenas somos
conscientes de que cruza
las ciudades que alzamos en nosotros.
Galopa con tal prisa,
que, pura levedad, lo respiramos
sin darnos cuenta de que habita el aire
imprescindible para nuestra vida.
Y él sigue su carrera, deja huellas
a las que, sin embargo, no se presta
especial atención. Sólo más tarde,
cuando no haya regreso ni remedio,
sabremos del caballo que ha pasado.
Pero entonces, la vida…

jueves, 28 de marzo de 2013

La madre naturaleza




 
[Ribeira Sacra ©  C. E. L.]



            Son días de lluvia lacerante y tenaz, de mirar tras los cristales la monotonía húmeda y gris de la mañana y de la tarde. Días, también, de lectura, y para ello nada mejor que volver a un clásico —diría clásica: Doña Emilia Pardo Bazán—. Tras terminar en un solo día Los Pazos de Ulloa, comienzo a devorar La madre naturaleza: otra forma de regresar a Galicia, aunque desde este retrato hasta nuestros días mucho haya llovido y mucho, también, cambiado. (O no tanto). Aun así, reconozco el paisaje feraz del interior gallego: los campos de centeno, de vides, los socalcos, los cruceiros de piedra, los desvencijados caserones y pazos, conocedores antaño de tiempos mejores. Me dejo acunar por la riqueza verbal de la autora, y disfruto de un texto siempre hospitalario.
        Sigue cayendo la lluvia en esta primavera revuelta como pocas. Yo sigo atento los pasos de Perucho, de Manolita, de Don Gabriel, de Barbacana, de Trampeta, del señor de Ulloa...