Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

jueves, 23 de mayo de 2013

Desde un tiempo a esta parte



Desde un tiempo a esta parte —valga el dicho—
ando en el dique seco. Lo que quiero
decir es que no escribo, que no trato
de iluminar mi vida con palabras,
que me paso los días en silencio,
que me he olvidado de la poesía,
que, acaso, es el momento de dejarla
—si alguna vez la tuve entre mis brazos—
y darme al prosaísmo de la vida,
a vivir sin pensar en la manera
de hacer crónica fiel de mis andanzas,
o de dejar escrito un testamento
que hable de mí a los siglos venideros.
Lo que quiero decir —no sé si con
la precisión que al caso conviniera—
es que me basta con cruzar el tiempo
que me ha tocado, hablar con mis amigos,
amar a los que me aman y abrazar
a la mujer que acepta mis defectos
y a pesar de quien soy vive conmigo;
que ha llegado el momento de callarme
para cantar a solas y en la ducha.
Lo que no acabo de tener muy claro
es el porqué, si enuncio mis propósitos,
los enuncio en cabal endecasílabo. 



viernes, 17 de mayo de 2013

martes, 14 de mayo de 2013

lunes, 13 de mayo de 2013

Jubiloso júbilo: los lunes



Han perdido los lunes su aliento de cuchillo,
su niebla de repente junto al despertador.
Se deslizan ahora lo mismo que los martes,
los jueves, los domingos, los miércoles o sábados.
Se parecen también a los viernes, y, siempre,
a todos los festivos que arrastra el calendario.
Se parecen los lunes a las horas de infancia,
cuando el tiempo era ajeno, solaz, indefinible.
Y es que ya no me espera lo gris de una oficina,
los informes, los datos, los cierres, los descuadres,
las horas sin sustancia, lo que por tantos años
me coartara las horas y diese de comer.
Hoy salgo a la mañana, y aunque es lunes, la miro
con la misma alegría que trae la primavera.
Es lunes y no tengo urgencias ni arrebatos.
El tiempo se desliza y desconoce el tiempo.  

domingo, 12 de mayo de 2013

Mi barrio, aquel barrio



            Si sales a la puerta de la calle verás mi barrio. No es un barrio especial ni tiene cafés en los que la gente organiza tertulias y donde a veces actúa algún grupo de jazz, ni restaurantes italianos, ni fruterías selectas. Mucho menos, grandes entidades bancarias con fachadas de mármol y cariátides a ambos lados de la puerta principal. Si sales a la calle observarás un barrio sencillo, de casas bajas, con gente trabajadora que madruga, con niños que juegan a la pelota o se pelean en cualquier esquina. Es un barrio con calles empedradas por donde apenas pasan extraños; en donde todos se conocen. Y, sin embargo, no es un barrio triste ni marginal. Tiene, eso sí, un trazado antiguo, de cuando los judíos lo habitaban, hace quién sabe; tiene casas de vecindad, casi deshabitadas hoy; tiene sabor a infancia (a mi infancia), y cuando llueve las piedras se iluminan, son espejos que brillan entre tonos ocres y grises e irisados.
            Si sales a la puerta de la calle, en realidad, no verás nada. El barrio que dibujo ya no existe. O, al menos, no existe tal como te lo pinto con palabras; como podrías haberlo visto de haber salido a la calle hace muchos años. Ahora, derrumbado y caduco, detenido en el tiempo, acaso es un paréntesis en el trazado cosmopolita de la ciudad; ruinas y silencio. Memoria únicamente en éste que esta tarde lo recuerda y respira, quizá, melancolía.

sábado, 11 de mayo de 2013

Como si amaneciera

[Al alba © A. C. G.]

Reivindico la luz limpia del alba,
la claridad primera,
esa rosácea rozadura
del sol naciente perfilando el día.
Reivindico el fulgor de la mirada
que otra vez mira por primera vez,
y el germinal aliento de la tierra
que se alza al despertar cada mañana.
Así también, la luz de la palabra;
aunque la manche, a mi pesar, si escribo.

jueves, 9 de mayo de 2013

Fechas


           Hay fechas que nos muerden el alma. Fechas que nos recuerdan lo que fuimos. Fechas que nos alertan contra lo inevitable de la nada y nos traen rostros, voces, seres que se perdieron. Hay fechas que nos asaltan por sorpresa. Habitan en nosotros, en hibernación indefinida, y nos golpean de pronto en el costado. Hay fechas que desgarran el alma. Fechas que, al fin, son eso: sólo fechas, pero que traen con ellas la tristeza, el recuerdo, el adiós. Melancolía.
            Y hay fechas que amanecen, iluminan y calman, que saben a sosiego y a gozo...; epifanía de tiempos que empezaron, de encuentros, esperanzas, caminos, voluntades. Y son las mismas fechas, y distintas. Misterio de los números que nombran lo cierto y su contrario. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

De la palabra y los colores


[Bodegón con gato, de Romeral]

            A veces, al escribir, envidio el poder de la pintura. Un solo trazo, un solo color bastan para explicar una sensación, una realidad, un sentimiento. Sin embargo, al pensarlo más detenidamente, me digo que acaso esa ventaja a favor de tal arte tampoco exista; que las palabras son los colores del poeta, y que, a fin de cuentas, sólo la propia capacidad del autor define el resultado de la obra, sea ésta forjada a golpes de color o de ritmos y rimas.  

martes, 7 de mayo de 2013

lunes, 6 de mayo de 2013

Pastor de los inviernos



He tomado al azar una palabra,
que ha resultado ser Amor. Quería,
prestidigitador de la aporía,
ir más allá de un simple abracadabra.

Y la he diseccionado con mis manos,
hundiéndome en su luz pura y sencilla:
la luz que surge viva de la arcilla
que se amasa con gestos cotidianos.

Así,  la luz, en llama derramada
por la mesa, los libros y cuadernos,
ha dado en más calor y llamarada.

Y tu rostro, pastor de los inviernos,
de tanta luz, sereno y luminoso,
era ese Amor trayéndome reposo.

domingo, 5 de mayo de 2013

Reseña breve y urgente de una doble presentación


[Sagrario Pinto y Adoración Manzano, durante la presentación]

            Dentro de los actos programados en la Feria del Libro que desde el día 26 de abril hasta hoy, 5 de mayo, se viene celebrando en Talavera de la Reina, ayer, en la carpa de la feria, presentó Sagrario Pinto sus dos últimos libros, Momias en tránsito (nº 83 de la colección Ala Delta, de Editorial Edelvives) y Los días de Castrosil (nº 188 de la colección El duende verde, de Editorial Anaya). Se trata de dos obras (la primera, teatro; novela corta, la segunda) destinadas a un público a partir de los 8/10 años, cuya lectura, con seguridad, agradará también a lectores más maduros y exigentes.
            Sagrario, buena amiga y compañera de viaje en aquella aventura que fue La Troje, hizo las delicias de todos los presentes al acto hablándonos del proceso de creación de ambas obras y de la importancia de la lectura en familia para los más pequeños; no en vano, aunque ahora en excedencia, Sagrario es y se considera, tanto como escritora, maestra. Así mismo, dio buena muestra de su poder fabulador cuando, a partir de una sola palabra, consensuada con los asistentes, tramó sobre la marcha el comienzo de diferentes y atractivas historias.
            Sobre el contenido y sustancia de los libros publicados, me permito remitir a las solventes reseñas que aquí y aquí aparecieron en La Posada del Sol de Medianoche. 

viernes, 3 de mayo de 2013

jueves, 2 de mayo de 2013

Arte de pesca



 
[Pescador. Imagen tomada de aquí]


             Dispone con paciencia los aparejos de pesca; después, con un latigazo preciso, repetido en tantas ocasiones, el anzuelo se sumerge en el agua y él comienza un ejercicio de espera y comunicación consigo mismo. Allí, aislado de todos y de todo, puede conversar sin temor a equívocos ni interferencias; puede aceptarse y rechazarse y establecer mil y un propósitos de enmienda, si fuera necesario. Mientras tanto, la boya se balancea mansamente en las aguas, ajena a los soliloquios del pescador y al oficio del cebo, que danza y danza en su labor de imán. Tal vez hoy la suerte acompañe y la cesta se llene de pescados; quizá regrese a casa con el cansancio que agrava la derrota y la frustración ante lo que podría ser y al final no es. En cualquier caso, piensa, soy yo mismo. Respiro la naturaleza, estas aguas transparentes —¡qué pocas van quedando!— y me concilio conmigo y con el mundo. ¿Qué más quiero?
                 Así también la tarea paciente del poeta.  

miércoles, 1 de mayo de 2013

Esa eterna tarea

[Llaves © A. C. G.]


Me pongo a imaginar palabras nuevas:
como almendros en flor, como campanas,
como esa luna llena que me llena
en las noches silentes y más claras.

Me pongo a imaginar que las escribo
con letra redondilla y mano blanca;
virginal ejercicio que me lleva
a los sueños más altos de la infancia.

Sólo por unas líneas soy poeta:
le pongo nombre nuevo a la mañana
y al ocaso lo doto de promesas.

Sin embargo, el conjuro se desmaya
y esas palabras-aire se diluyen
para otra vez volver a imaginarlas.