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martes, 13 de agosto de 2013

De luz y sombra

[Al alba © A. C. G.]
 

La luz, que se sucede a mi mirada,
ajusta la cadencia de las horas:
irrumpe en claridad; después, su fuego,
da en un baile de máscaras y sombras.
Así sigue su curso, reconstruye
su cuerpo transparente con el día,
y el tiempo se le ajusta como un guante,
y a él, la vida se acopla mientras dura.
Van pasando las horas, que llenamos
con gestos, con palabras, con descuidos,
y vamos, al compás de los relojes,
dando a la mar... sin pausas y sin prisas.
Quién pudiera, como la luz, alzarse
hacia los cuatro puntos cardinales,
y ser, como la luz, inaugural
presencia, albor, materia incandescente.
Sin embargo, pasamos. Y ese signo
nos empuja a un afán de trascendencia
que no es sino rumor, fuga que fulge;
a nuestro modo, luz que azacanea.


sábado, 10 de agosto de 2013

Confidencias de un viejo zapatero

[Imagen tomada de aquí]


            Se dice de nosotros que tenemos un algo de filósofos, y puede que sea cierto. Tanto tiempo a solas frente a unas tapas que poner, unos tacones que ajustar, o una cremallera que sustituir —todos ellos trabajos mecánicos y, casi, de rutina— permiten que uno no pare de darle al caletre, que piense en esto o aquello y que, en definitiva, saque sus propias conclusiones sobre el mundo y cómo está montado. Y también, claro está, sobre las formas de pulir sus muchos defectos (los del mundo, claro). Cuando era joven, aún aprendiz, era objeto de la tiranía de mi jefe. No era un buen tipo, ya te advierto; dictador y caprichoso, se creía dueño de ti: te imponía los horarios y el sueldo; y también, tus propias funciones. Cuántas veces no me ha tocado ir a hacerle algún recado que, se quiera o no, no era de mi incumbencia. Pues nada, había que hacerlo... Entonces, yo pensaba que el mundo sólo se arreglaría tal y como los franceses solucionaron sus problemas con la toma de La Bastilla, a base de guillotinas: palo seco y tentetieso. Sin embargo, los años atemperan, y un día pensé que por muchas cabezas que se corten siempre vendrá algún otro cabezón a ocupar el puesto del decapitado. Supe entonces que la mejor manera de arreglar el mundo es a través del conocimiento; a través de los libros. Me puse a estudiar por las noches, a leer cuanto caía en mis manos. Y también me di cuenta que no era allí, en los libros, donde estaba la solución que imaginaba. Tal descubrimiento trajo el desencanto. A partir de ese momento me dediqué a lo mío, a doctorarme en este trabajo que para muchos no  tiene  importancia  alguna,  pero  que sólo  quien lo ha aprendido  bien lo hará sin errores ni faltas. Y ahí —pensé—, en hacer cada uno su trabajo a conciencia y bien, debería asentarse la mayor revolución, la única forma factible de cambiar algún día este mundo. Si a esto se le llama filosofar, entonces sí, soy un filósofo. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Praia das Catedrais



Lapas, percebes, mejillones..., vida
marina que respira entre las rocas,
catedrales de piedra submarina,
que emergen a la luz, tenaces olas
limando las arenas de la playa.
Y el reflejo del sol, húmedo fuego,
peinando de las algas los cabellos.










Praia das Catedrais (Ribadeo) © C. E. L. 



sábado, 3 de agosto de 2013

Palabras


Sé quiénes sois, palabras. Sé que siempre,
desde mi balbuceo más lejano,
me habéis acompañado, y dado vida;
habéis nombrado el mundo y lo soñado,
y todo cuanto existe en esta tierra
viene a tener sentido con vosotras.
Si dijera que os amo, tal vez fuera
un tanto exagerado, pero os tengo
por fieles y serenas compañeras
—tan próximas y extrañas a la vez,
tan cuidadosamente preparadas—
dispuestas a acudir si os necesito.
Y, sin embargo, sé también que vais
a veces a lo vuestro; que os negáis
a acudir a una cita, que de pronto,
sin saber el porqué, cambiáis el paso,
y entonces no sois dóciles ni buenas.
En ese instante —sí, de nuevo vuelvo
a ser exagerado— es cuando os odio,
cuando quiero alejarme de vosotras
y adentrarme en la mar donde el silencio
lo inunda todo, todo lo adormece.
Y así pasan los días y semanas;
meses, también; en ocasiones, años...
Pero siempre regreso hasta vosotras
como único camino hasta mí mismo.
Y es de nuevo, palabras, cuando canto,
cuando tan libremente nos alzamos
a esa cima de luz que nos asocia;
entonces cuando voy a vuestro lado,
cuando sé que jamás renunciaré
a vuestra inaplazable compañía.
Sé quiénes sois, palabras: sois la tierra
el surco, la raíz, la luz, el vuelo.



jueves, 1 de agosto de 2013

Marina

[Costa de Foz -Lugo- © A. C. G.]

            Duerme el mar ante mí. Se acuna con un rumor de perezosas olas que llegan sin prisa hasta la playa y acarician la arena, que tornan sobre sí en una estela de inmaculada espuma, que vuelven incansables a chocar con las rocas y los amurallados farallones. Casi no ha amanecido, y es grato pasear junto a esta inmensidad azul cuya extensión se pierde ante mis ojos, que por momentos se adorna con reflejos dorados y luz anaranjada.

            El mar casi descansa: yo lo admiro.  A mi manera, desactivo el tiempo.