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martes, 31 de diciembre de 2013

Encuaderno una "Edición de amigo" siguiendo los consejos de mi padre



Mi padre, hombre mañoso y recurrente,
aprendió a encuadernar, ya jubilado.
Se construyó un telar con cuatro tablas
y dada su pericia natural
fue capaz de coser, a su manera,
pero, eso sí, con toda garantía,
libros desvencijados, boletines,
fascículos y todo cuanto fuese
susceptible de recomposición.
Sus encuadernaciones no seguían
métodos ortodoxos, pero os puedo
asegurar que todos sus trabajos
—minuciosos y firmes acabados—
aguantarán el paso de los tiempos
con el mismo tesón que las pirámides.
Él se ocupó de encuadernar mis libros
—pequeñas y cuidadas ediciones
destinadas a amigos y parientes—
y más tarde también de introducirme
en tal artesanía. Sin embargo,  
torpe con las tareas manuales,
jamás igualaré sus resultados.
Ahora que no está soy yo quien cose
cada edición de amigo. Y, al hacerlo,
lo tengo junto a mí, con la sonrisa
dibujada en los labios cuando observa
mis muchos tropezones con la aguja
o el frágil equilibrio del telar.
Es una forma más de retenerlo
mientras el tiempo extiende la distancia
que nos va separando cada día. 
Y me parece, al paso que encuaderno,
que es él quien va enlazando cuadernillos
y quien controla el filo del ingenio. 

Una vez más le estoy agradecido;
y otra vez, y otra más, lo echo de menos.

lunes, 9 de diciembre de 2013

"Pescao en adobo"

[Imagen tomada de aquí]

A la manera andaluza,
cocino pescao en adobo:
boquerón, cazón... (Lo trovo,
con permizo de la Muza.)

Medio kilo de cazón,
cucharita de comino,
otra de orégano fino,
sal, vinagre, pimentón

y de ajos, un par de dientes.
Machaco los ingredientes
y en una fuente adecuada

pongo el producto del mar
en el frigo a macerar:
tres horas o una jornada.




Debidamente adobado,
lo seco sobre un papel
de cocina, y queda aquél
predispuesto al rebozado.

Paso entonces por harina,
y en aceite bien caliente
lo frío. Sale crujiente,
y jugoso. (La cocina,

aromada.) Ya en la mesa,
será una grata sorpresa
para todo comensal.

El plato no es ningún reto.
Y quien siga el cocineto 
habrá de salir triunfal.