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lunes, 14 de abril de 2014

Oporto en la memoria

[Panorámica de la ciudad - © C. E. L.]
 

     Viendo fotografías me doy cuenta de que acaba de hacer ya tres años que visité Oporto. A la vista de aquellas instantáneas, regresa a mi memoria. Así, rescato un poema de entonces:

He caminado junto a ti las calles
más hermosas de Oporto.
He cruzado sus puentes sobre El Duero,
que allí es O Douro y música de río.
He visitado iglesias de tu mano
para dar fe de la soberbia humana,
de la fastuosidad banal con que los hombres
adoran a sus dioses:
tanto panel de oro..., tanto mármol.
Y me ha dolido el deterioro
de esta ciudad con esplendor antiguo
que aún conserva la luz de su belleza
en los viejos trazados de sus calles,
en sus puentes de hierro, en sus bodegas
de aliento centenario.
Y he entrado de tu mano en librerías
donde la paz del verbo se acuñaba
en legajos antiguos,
en palabras que apenas pronunciadas
se balancean en los labios, suaves.
Hemos paladeado el vinho verde,
y degustado su gastronomía.
Nos hemos castigado en escaleras
y cuestas obligadas.
Y aun así hemos seguido caminando,
llenándonos los ojos de azulejos,
de plazas, de campanas,
de ese latido intenso y perdurable
que en la memoria cala y ha venido
con nosotros; que ahora
brota de mí y anida en estos versos
a modo de constancia 
de que contigo he visitado Oporto.  

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