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miércoles, 14 de mayo de 2014

Por tierras vikingas (2)


[En vuelo © A. C. E.] 

2

            Como de costumbre, la noche antes de iniciar el viaje ha dormido inquieto. Aun así, diría que descansó más que en otras ocasiones, en las que la vigilia fue su acompañante hasta la hora de ponerse en marcha. Esta vez se despierta con el repiqueteo de la alarma del teléfono y se espabila definitivamente con una buena ducha. Con los deberes matinales hechos —aseo, desayuno, última vuelta a la casa antes de cerrar la puerta de la vivienda—, salen hacia Madrid, donde tomarán el avión que los trasladará a Estocolmo, primera etapa de su viaje.

            En el aeropuerto, al que llegan con tiempo suficiente, pasan el control de pasaje sin incidencias y en la fila, a punto de entrar en el avión, surge la primera sorpresa del viaje. A unos metros de él cree descubrir a un conocido: un editor con el que, esporádicamente, ha tenido algún contacto; persona afable, de conversación amena, que, por momentos, cruza con él una mirada, sin que dé muestras de reconocerlo. El caso es que cuanto más se fija más convencimiento tiene de que se trata de quien piensa. Y así, después de unos minutos de indecisión, decide salir de la duda y se acerca, dándose a conocer. El otro, ahora sí, cae también en la cuenta y se sorprenden de las casualidades de la vida: tras varios años sin coincidir vienen a hacerlo en el avión que los trasladará a Estocolmo.

            Ya en pleno vuelo, conversarán unos minutos de las actividades respectivas, de lo mal que está el mundo de la edición, de lo que esperan de estas cortas vacaciones que inician, cada cual con planes diferentes. Después, de nuevo en tierra, se desearán una feliz estancia y se despedirán hasta un nuevo encuentro, quién sabe si igual de sorprendente.

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