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domingo, 1 de junio de 2014

Bacalao al pil-pil

                                    
[Imagen tomada de aquí]


                                                                                                                  Por supuesto, a Higinio

1



Cocínate un pil-pil —me dice Higinio—
y pásalo después a un cocineto.
Yo, sin pensarlo más, acepto el reto
para así demostrarle mi dominio

con el verso, la rima y los fogones,
y escojo un bacalao sobresaliente.
Tras desalarlo convenientemente,
lo cocino, según indicaciones:

Echo en una cazuela aceite. Doro
roja guindilla y ajo —que reservo—,
y en ese aceite frío mi pescado

dos minutos o tres, por cada lado.
Lo saco a un plato y permanezco al loro
del suero que desprende y que conservo

en un bol, a la espera del aceite,
que ha de templar. (Y sigo con deleite):


2



Dejo un poco de aceite en la cazuela
y añado el suero, sólo en una parte.
Con colador, paciencia y algo de arte
ligo una salsa que es una acuarela.

Con ella ya trabada, sigo echando
suero y aceite, sin perder el ritmo.
Y antes que se resuelve un logaritmo
tengo la salsa a punto y esperando

a que añada el pescado, y lo caliente.
Ya en el plato, decoro con el diente
de ajo dorado y la guindilla. Sólo

queda que el comensal dé el aprobado
a este plato que Higinio ha demandado 
y yo guiso, de acuerdo al protocolo.   

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