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martes, 24 de junio de 2014

En la Laguna Negra


[Laguna Negra, de Soria -© C. E. L.]

     

     La pista forestal está bien asfaltada. Asciende hacia la cumbre en curvas sucesivas. Alrededor, pinares. Al fondo, el trinar de pájaros ocultos. De cuando en cuando, una ardilla roja salta desde el borde de la carretera al árbol más cercano. A unos metros de altura se detiene y parece observarnos. La rampa mata y el corazón a veces se acelera. Por eso hay que parar y tomar resuello: para seguir subiendo. Al final, el esfuerzo tiene su recompensa. La Laguna Negra nos recibe entre el croar de ranas y el rumor del viento en los pinos más altos. Bajo su transparencia, algunos peces se acercan a la orilla. Algún águila otea desde la altura. Estamos solos. Ninguna voz humana alrededor. Y así, en el silencio, en la contemplación de este espejo intacto y luminoso, el recuerdo de los Alvargonzález nos traspasa. ¡Y qué bien se respira!

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