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viernes, 27 de junio de 2014

Vinuesa

[Atardecer en Vinuesa - © A. C. G.]

            Tiene Vinuesa la armonía de los pueblos que conservan su alma: construcciones de piedra, paredes blancas, las calles limpias, el silencio ancho. Aún hay casas con las puertas abiertas, y en las fachadas parterres y macetas con geranios, claveles, azucenas, rosales... Como aún faltan algunos días para que el verano se asiente, y algunos más para que los veraneantes comiencen a tomar estas calles, ahora tranquilas, se respira una quietud serena, de modo que el paseo por ellas es un acto la mar de placentero. De cuando en cuando asoma algún vecino que saluda, un perro solitario que olisquea, un gato alerta que de pronto escapa. Mientras, en el campanario de la iglesia, que se alza por encima de las casas, una colonia de cigüeñas. A esta hora, con el sol en retirada, parecen calcomanías oscuras, aves de piedra, origamis recortados contra un cielo espeso que amenaza lluvias. 

2 comentarios:

  1. Querido Antonio, lo bueno de cualquier geografía visitada es su disposición a convertirse en una geografía sentimental, hecha de sensaciones y recuerdos. Y eso siempre sucede en aquellos sitios visitados en los que nunca hay regreso porque permanecemos allí. Feliz ruta.

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    1. Así es, José Luis. A ello también contribuye la compañía con la que recorremos esas geografías, lo que se da en este reciente viaje por tierras sorianas.

      Un abrazo.

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