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miércoles, 22 de octubre de 2014

Escritura

[© A. C. G.]
 

Camino del silencio me adentro en la espesura.
Dejo atrás el bullicio de la ciudad y miro
en torno a mí buscando un signo que aún ignoro
y en el que, sin embargo, sabré reconocerme.
El bosque me recibe con un rumor de alas,
ecos entremezclados, apagados gorjeos.
Es una sinfonía confusa y seductora
en la que, a mi manera, indago a la deriva.
De repente, la noche se derrama y el aire
se detiene, y los ruidos conceden una tregua.
Sólo por un instante me asalta esa palabra: 
la que busco, vislumbro y vuelve a su misterio.

4 comentarios:

  1. Siempre la claridad viene del cielo, decía el gran Claudio Rodríguez, pero yo suelo sentirme a mis anchas, con la mente verde y abierta en medio del bosque, así que me ha gustado mucho adentrarme en la espesura de tus versos y oler en ellos a buena poesía. Un fuerte abrazo.

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    1. Es cierto lo que decía el Maestro Claudio Rodríguez, pero también (o eso creo) lo es el hecho de adentrarse en lo oscuro para extraer, de cuando en cuando, la piedra que ilumina; alcanzar ese "claro del bosque" en donde vislumbrar nuevamente la luz. Quizá la escritura (al menos, en ocasiones) sea también eso: avanzar entre dudas, elegir el paisaje, extraer el aliento del misterio que se ofrece en derredor...

      Gracias por tus palabras, siempre reconfortantes.

      Un fuerte abrazo.

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  2. Tus versos me evocan mis travesías por los caminos, cuando me pierdo durante días sobre mis pisadas y la naturaleza me trae todas las respuestas. Gracias Antonio

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    1. Gracias a ti, Lola, por tus palabras y cercanía. La naturaleza, efectivamente, nos acerca a nosotros mismos, propiciando un diálogo con cuantos somos que, la ciudad, con su trajín y ruidos, tantas veces impide.

      Un abrazo.

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