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jueves, 16 de octubre de 2014

Salmodia

[Figuras imposibles - M.C. Escher]



Habito una ciudad hecha de tiempo,
de palabras, pasiones y promesas.

Está en mi corazón y se levanta
en medio de la duda y de la niebla.

También en mi ciudad hay solitarios,
desheredados, parias de la tierra.

Están en mí, si bien, algunas veces,
se derrumban detrás de la conciencia.

Habito esa ciudad. Y, desterrado,
no dejo de vagar por sus callejas.

Sucede en ocasiones que soy otro.
Y que busco mi rostro entre las piedras.

Habito una ciudad hecha de tiempo. 
hecha de sueños,  libre de fronteras.

8 comentarios:

  1. «Y esa ciudad se llama... como quieras». Me llega mucho esta salmodia, Antonio. Casi cada verso tiene un referente visual que logro imaginar muy fácilmente, pese a la niebla que ya empieza a extenderse desde el río. Y, en efecto, sin fronteras, o sólo con aquellas que marcan zonas de encuentro y fusión de historias distintas. Que también eso es la ciudad.

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    1. Alfredo:

      Quizá en esta ciudad habiten mil ciudades,
      como en un corazón habitan mil olvidos.
      Mi ciudad se parece a un sueño algunas veces:
      por turbia, nebulosa, febril y enmarañada.
      Al norte del deseo, al sur de la esperanza,
      al este de la ausencia, al poniente del miedo...;
      acaso allí se asiente la ciudad que me habita,
      acaso donde todo comienza cada día.
      La ciudad tiene un nombre, que puede ser cualquiera;
      tiene su arquitectura, que jamás es la misma;
      y tiene ciudadanos, que cruzan por el tiempo.
      La ciudad se parece a una hoguera de nieve,
      se parece a un camino que lleva a ningún sitio.
      Pero en ella respiro, tranquilo y prisionero.

      Un abrazo.

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    2. Espléndido, da en el blanco (como su forma). Sólo, quizás, sustituiría el segundo "acaso" (verso 8), que suena un poco retórico, como prolongando en exceso la duda; "el lugar", en su sitio, creo que quedaría mejor. Pero es un gran poema. Para caminarlo. Abrazo.

      (Corrijo erratas; no sé por qué el iPad se empeñaba en "soñarme").

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    3. Quizá en esta ciudad habiten mil ciudades,
      como en un corazón habitan mil olvidos.
      Mi ciudad se parece a un sueño algunas veces:
      por turbia, nebulosa, febril y enmarañada.
      Al norte del deseo, al sur de la esperanza,
      al este de la ausencia, al poniente del miedo...;
      acaso allí se asiente la ciudad que me habita,
      donde todo comienza y acaba cada día.
      La ciudad tiene un nombre, que puede ser cualquiera;
      tiene su arquitectura, que jamás es la misma;
      y tiene ciudadanos, que cruzan por el tiempo.
      La ciudad se parece a una hoguera de nieve,
      se parece a un camino que lleva a ningún sitio.
      Pero en ella respiro, tranquilo y prisionero.

      Gracias, Alfredo. Asumido ese segundo "acaso", he dado nueva forma al verso, no sé si con mayor o menor fortuna, aunque creo que encaja en el, digamos, dibujo general del poema.

      Otro abrazo.

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  2. ¡Hola, don Antonio!
    Gracias por este poema. Yo también soy algunas veces "otro" y busco mi rostro entre las piedras...

    Un saludo.

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    1. Gracias a ti, don Antonio, tocayo, por la visita.

      Un abrazo.

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  3. Respuestas
    1. Lo mismo digo. Me pareció que, hablando de ciudades, una imagen suya venía que ni al pelo.

      Otro abrazo.

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