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domingo, 12 de octubre de 2014

Veredas del otoño

[Imagen tomada del blog Las hojas perdidas]


Atrás quedó el verano y descendemos
las húmedas veredas del otoño,
entre la niebla y el aliento de otras
estaciones pasadas. La llovizna
desborda la memoria y aceptamos
que aquella luz indómita de entonces
jamás ha de volver, pues todo rueda
conforme a los mandatos de la vida.
Este tiempo amarillo que vivimos
sucede a aquel verano en que fluía,
torrencial, nuestra sangre. Y aunque duele
saber la juventud ya tan lejana,
la vida continúa y caminamos. 
El tiempo es otro. Y el amor sosiega.


4 comentarios:

  1. Oigo el crujido de las hojas mientras lo leo (¿o serán mis huesos?). Hermosas veredas y hermoso tiempo amarillo. Me trajo a la memoria, por mera resonancia nominal, la imagen grande y acogedora de nuestro paisano Juan Antonio Castro. Un abrazo

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    1. No hay duda, Alfredo, de que ese "tiempo amarillo" nos ha de remitir, al menos a los del pueblo, a Juan Antonio (antes, por supuesto, a M.H.) Me pensé lo del "tiempo amarillo" hasta darlo por definitivo. Al final, consideré que, además de encajar en el concepto, no estaba mal esa referencia a los poetas anteriores. Este tiempo de otoño, que comienza a mostrarnos su paleta de colores ocres, tierras y amarillos, invita a la melancolía y la reflexión. De ahí esa tristeza que abunda en el poema. Como decía aquel anuncio clásico: "Ya vendrá el verano."

      Un abrazo.

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  2. Y el río se sosiega en sus meandros
    y contempla Lisboa,
    y la luz que apenas sí deslumbra
    del ocaso, acaso ya vislumbra el horizonte.
    Pero que sabe que habrá otra primavera
    que desbordes sus impetuosas
    cascadas de cuando era joven.
    (Me quedo con lo de las cascadas)
    Un abrazo, amigo.

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    1. Pedro, se agradece la visita y ese fluir de tus palabras.

      Un abrazo.

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