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martes, 14 de enero de 2014

Tercetos para una despedida

Amigos:

ayer, 13 de enero, hizo seis años desde que diera los primeros pasos en esta casa abierta que ha sido Verbo y Penumbra. Desde entonces, con fortuna y constancia varia, he ido dejando muestras de mi quehacer con la palabra, permitiéndome el blog entrar en contacto con personas a las que, de otra manera, jamás habría podido conocer. En los últimos tiempos, sin embargo, su mantenimiento se me hace cuesta arriba y mis aportaciones, en consecuencia, se distancian entre sí, perdiéndose con ello la fluidez que, entiendo, debe tener un medio como este. Por tal motivo, a seis años y un día de su nacimiento, decido echar el cierre (esta vez creo que en serio), lo cual no significa que acaso en algún momento, y circunstancialmente, no vuelva a dar alguna señal de vida. Por supuesto, os seguiré leyendo y, llegado el caso, dejando alguna huella en vuestras bitácoras. Sólo me queda agradeceros, a todos los que alguna vez os habéis asomado por aquí, vuestra generosidad y afecto. Como despedida, os dejo estos tercetos encadenados. 

Hace algún tiempo, amigos, que las Musas
—si son las Musas las que dictan versos—
andan lejos de mí. (¿Serán excusas?)

De modo que aunque indague en los reversos
de la palabra y de mi corazón,
los versos al final me son adversos.

Quiero decir que escribo acaso al son
de un sonsonete con la voz vacía:
sin sustancia, sin luz..., por evasión…;  

lo que apaga mi canto y mi alegría,
y me lleva a buscar en otras voces
donde late vivaz la poesía.

En ellas puedo darme a nuevos goces
—antes lector, amigos, que poeta
y descubrir que son las portavoces

de mi propia razón. Con tal receta,
calmo mi desazón y hasta atempero
esa costumbre antigua de exegeta.

Y ya que esto me pasa, y que no quiero
dar en ninguna hueca verborrea
me abotono el gabán, pongo el sombrero,

y cierro el chiringuito. Tal vez vea,
pasado un tiempo, nuevamente un faro
que me anime otra vez a la tarea.

Hoy por hoy, ya lo veis, parece raro
que insista en mantener Verbo y Penumbra.
Tan oscuro lo tengo que está claro.

Y hay veces que la sombra es la que alumbra.

sábado, 4 de enero de 2014

Veintisiete


            Cuenta también la voluntad de amar para que el amor dure. Ningún edificio se sostiene sin cimientos propicios.