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martes, 29 de abril de 2014

El horizonte

[Ocaso en el mar © C. E. L.]


Nada descubro:
Se escapa el horizonte
mientras me acerco. 

sábado, 26 de abril de 2014

Encuentro

[Estocolmo en invierno. Imagen tomada de aquí]

Tierra de nieves:
Y en el abrazo, el fuego
del corazón.

viernes, 25 de abril de 2014

Viaje


[Vista aérea de Londres © C. E. L.]
Tiempo de viaje:
paisajes diferentes,
palabras nuevas.

miércoles, 23 de abril de 2014

Un día distinto

[Fotograma de la serie Mad Men]


            Supo que no era un día como los demás desde el instante en que el repiqueteo nervioso del despertador saltó en la mesilla: un sonido distinto al de otras mañanas, acaso más metálico, le taladraba el cerebro, presa todavía de la pesadez del sueño, aun después de haber pulsado el botón de stop. Con ese desagradable tintineo dentro de su cabeza se calzó las zapatillas y fue al cuarto de baño. Una nueva sensación de extrañeza se apoderó de él, pues le pareció que se movía con una levedad desacostumbrada, como si durante la noche todo su peso hubiese dado paso a una forma más próxima a lo que se supone que es un espíritu puro. El hecho de no haber luz en la casa fue un motivo más de desasosiego. Como lo fue observar que, a pesar de la más absoluta oscuridad —a esa hora aún no había amanecido y no llegaba el mínimo resplandor desde el patio de luces—, era capaz de verse en el espejo, de afeitarse sin la menor complicación. En la ducha, nueva advertencia: el agua templada de costumbre se había transformado en diminutos alfileres helados que se le clavaban en la espalda, la cabeza, los brazos, sin que por ello una sola gota de sangre brotase de su cuerpo.
            Se vistió a oscuras, eligiendo, empero, del armario la camisa precisa, el traje adecuado, la corbata exacta. Por fin, cerró la puerta tras de sí y comenzó a bajar las escaleras. Saludó a Aurelio, el portero, como cada mañana. Pero éste, en vez de salir servicial de su chiringuito para adelantarle el parte meteorológico —si llovía o nevaba, si hacía viento, si ese día el sol se haría notar—, continuó sentado en la mesa camilla de la portería, en silencio, enfrascado en la lectura de un periódico deportivo, ajeno a sus palabras.
            Al comprar el diario, en el kiosco de costumbre, Genaro, el hombre que llevaba atendiéndole cada día desde tiempos remotos, tampoco correspondió a su saludo; y aunque le pareció que le dirigía una palabras, éstas fueron ininteligibles por completo.
            En la cafetería donde desayunaba diariamente, Ramón, el camarero que antes de que se acomodase en la barra ya le preparaba el café y pedía una tostada con aceite y tomate a la cocina, continuó impertérrito junto a la caja registradora. Sólo cuando le reclamó por segunda vez la comanda se puso en marcha, aunque tratándole como a un verdadero extraño.
            Ya en la oficina, dejó atrás el ascensor y avanzó hasta su despacho entre las mesas de auxiliares, oficiales y secretarias, sin que por parte de nadie, como había sido desde el principio de los tiempos, recibiese un reverencial saludo. Tampoco Conchita, su más directa colaboradora, se levantó como un resorte de la silla al verlo llegar.
            Pareció encontrar cierto alivio al acomodarse en el despacho, al ver las carpetas de clientes sobre su mesa, el teléfono en su sitio, el ordenador, con el protector de pantalla acostumbrado. Se disponía a trabajar cuando el teléfono comenzó a repicar con un timbre idéntico al del despertador de aquel día: una y otra vez, sin que nadie cogiese la llamada. Gritó a Conchita: ¡Ese teléfono! ¡Ese teléfono!, varias veces, pero su desagradable tintineo continuaba. Por fin, descolgó él mismo. Al otro lado de la línea alguien habló, aunque fue incapaz de entender en qué idioma. Colgó enfurecido, dispuesto a echar la primera bronca del día a su secretaria. Fue entonces cuando reparó en los sollozos de Conchita, en que varias personas se aproximaban a ella, interesándose por algo que la muchacha, con voz entrecortada, intentaba trasladarles. Por fin, pudo entender lo que decía. Don Luis. Era doña Elena, su esposa. Don Luis. Don Luis ha muerto. Esta noche. Un infarto.
            Y lloraba. 

martes, 22 de abril de 2014

Campo de cardos

[Cardos al amanecer © A. C. G ].

Campo de cardos:
flores y espinas juntas;
así la vida.


sábado, 19 de abril de 2014

Dos haikus con ojos


En los espejos,
huellas de los ausentes:
huecas teselas.


De lo profundo
del pozo, una mirada. 
Abajo, nadie. 



viernes, 18 de abril de 2014

No sólo de poesía vive el hombre.

[Imagen tomada de la edición digital del diario As]

            El miércoles, como tantos otros aficionados al fútbol, me senté delante del televisor con la esperanza de ver una buena Final de Copa entre Barcelona y Real Madrid; otro partido entre ambos en el que temía asistir, como viene siendo habitual en los enfrentamientos más recientes, a un recital de malos modos, y, sólo a veces, a verdaderos detalles de buen fútbol. En los últimos años, además, con alguna que otra excepción, ha sido el club de la ciudad condal el que, utilizando una expresión castiza, ha partido el bacalao; quien, en la mayoría de las ocasiones ha puesto el fútbol y desarrollado un juego digno de tal nombre. Por encima de todo, más aún durante la etapa de Mourinho como entrenador del Madrid, ha primado una carga soterrada de violencia (y con frecuencia no tan soterrada) que afeaba el espectáculo y decía muy poco en favor de los protagonistas.
            Para los que somos partidarios del buen fútbol, y, más allá del color que sintamos, reconocemos los aciertos del contrario, esos encuentros venían a dejar un poso de amarga decepción, más allá del resultado. Los encontronazos y declaraciones posteriores de unos y de otros propiciaban un caldo de cultivo sucio y pestilente que, a la postre, podría ir en detrimento del ambiente y buena convivencia en la Selección Nacional, lugar de encuentro de los más carismáticos jugadores de uno y otro equipo. Por eso ayer, cuando comenzó el partido, yo tenía pocas esperanzas de ver "sólo" un partido de fútbol. Afortunadamente, me equivocaba. Y aunque hubo algún atisbo de tangana, la cosa no pasó a mayores. Futbolísticamente, dos concepciones distintas del juego: el Barça controlando la posesión del balón, y el Madrid, bien ordenado en defensa y con contragolpes mortales (antes del empate a uno pudo haber marcado algún otro gol). Con Messi desaparecido en combate (una mala racha puede tenerla cualquier deportista, aunque, en su caso, parece que va más allá de un bajón de juego), el Barcelona, a pesar de ser dueño absoluto del balón, apenas inquietó la portería de Casillas, y sólo un error defensivo de Pepe (muy bien, en términos generales, durante todo el encuentro) permitió a Bartra conectar un remate de cabeza de manual para colocar el balón fuera del alcance del meta madridista: todo un golazo. Como golazo fue el que desniveló la balanza: la potente cabalgada de Bale en el minuto 85, salvando, incluso, una carga legal del defensa blaugrana que lo desplazó varios metros fuera del terreno de juego. Al final, título para el Madrid. Buen partido, con un par de roces que no pasaron a mayores. Alegría para unos; decepción para otros. La vida sigue.
            Más que la victoria del Madrid, que me alegró como seguidor suyo, celebré el haber visto "sólo" un partido de fútbol. Quizá la advertencia de Del Bosque tuviera algo que ver. 

jueves, 17 de abril de 2014

Felicidades

[Amanecer - © A. C. G.]
 

                                                                                                       A Elías Moro, otro año más. 

Rodar del tiempo:
a vivir nos enseña 
la propia vida.


martes, 15 de abril de 2014

Si escribo...



Si escribo es porque siempre regreso hasta mí mismo
desde el otro que soy, para encontrarme a solas;
porque atisbo otro rostro más allá de los versos
donde respiro a veces, y a veces me desnudo.

Si escribo es porque habito, sin saberlo del todo,
en la casa serena que se alza en las palabras;
porque desde ella observo la vida, y hasta puedo
imaginar un mundo mejor, donde soy libre.

Si escribo es porque tengo que salir cada día
a la calle, a buscarme; porque, cuando me encuentro,
unos ojos me miran, desolados a veces,
con dos interrogantes en lugar de pupilas.

Es por eso que escribo; por eso que desando
la vida que completa mi ser conforme vivo.
Por eso que, de pronto, cuando menos lo espero, 
un verso me visita, me provoca, me canta.

lunes, 14 de abril de 2014

Oporto en la memoria

[Panorámica de la ciudad - © C. E. L.]
 

     Viendo fotografías me doy cuenta de que acaba de hacer ya tres años que visité Oporto. A la vista de aquellas instantáneas, regresa a mi memoria. Así, rescato un poema de entonces:

He caminado junto a ti las calles
más hermosas de Oporto.
He cruzado sus puentes sobre El Duero,
que allí es O Douro y música de río.
He visitado iglesias de tu mano
para dar fe de la soberbia humana,
de la fastuosidad banal con que los hombres
adoran a sus dioses:
tanto panel de oro..., tanto mármol.
Y me ha dolido el deterioro
de esta ciudad con esplendor antiguo
que aún conserva la luz de su belleza
en los viejos trazados de sus calles,
en sus puentes de hierro, en sus bodegas
de aliento centenario.
Y he entrado de tu mano en librerías
donde la paz del verbo se acuñaba
en legajos antiguos,
en palabras que apenas pronunciadas
se balancean en los labios, suaves.
Hemos paladeado el vinho verde,
y degustado su gastronomía.
Nos hemos castigado en escaleras
y cuestas obligadas.
Y aun así hemos seguido caminando,
llenándonos los ojos de azulejos,
de plazas, de campanas,
de ese latido intenso y perdurable
que en la memoria cala y ha venido
con nosotros; que ahora
brota de mí y anida en estos versos
a modo de constancia 
de que contigo he visitado Oporto.  

sábado, 12 de abril de 2014

De cajón

[Las Hilanderas, de Velázquez: detalle. Imagen tomada de aquí]

Tejer y desmadejar
las horas: así es la vida;
y respirar por la herida,
y volver a comenzar.
Vivir es un no parar
hasta que el reloj se para.
Entonces, no es cosa rara
quedar para siempre quietos
y pasar de nuevos retos
como si nada pasara.

viernes, 11 de abril de 2014

Infancia

[En el patio, con mi hermana: archivo familiar]

Mi infancia tiene un patio
con cuatro esquinas:
rosa, clavel, geranio
y la celinda.

Mi infancia —¡juegos!—:
tan lejos la tristeza;
la muerte, lejos.

Mi infancia tiene un río,
luz del verano:
las aguas transparentes,
lento su paso.

Por sus orillas
mi infancia como un potro
joven, sin bridas.

Mi infancia tiene un parque,
padres y abuelos,
primos, tíos, hermanos,
risas y sueños.

¿Dónde mi infancia?
Rumor que a veces vuelve;
voz que me llama.

jueves, 10 de abril de 2014

Taller de haiku



     Los días 1 y 8 de abril, en la Biblioteca Pública José Hierro, de Talavera de la Reina, impartido por el Profesor Don Carlos Rubio, de la U.C.M., ha tenido lugar un Taller de Haikus, al que he asistido. El Profesor Rubio, talaverano, traductor y especialista en Literatura Japonesa, nos ha sabido transmitir el sentido y esencia del haiku, visto bajo el prisma de la mentalidad y sensibilidad japonesas, tan diferentes de la óptica occidental. Por cierto, que entre haiku y haikú, ambos términos admitidos por la R.A.E., se inclina por el primero, dado que en japonés, si entendí bien, no existen las palabras agudas; dicho lo cual, yo, que era más del término acentuado,emplearé desde ahora el primero como constancia de mi aprendizaje.
     Al finalizar el primer día de curso, nos pidió a cada uno de los asistentes una palabra, con la cual deberíamos trabajar para aportar, al menos, un haiku en la siguiente sesión. El segundo día, cada uno de los participantes ha leído su poema, todos ellos de gran belleza y sensibilidad, a pesar de que la mayoría no había escrito anteriormente ningún tipo de poesía. En mi caso, la palabra elegida fue luz, y a través de ella, durante la semana, surgieron una serie de haikus que, al final, limité a veinte, con los que me pareció propicio confeccionar un cuadernillo como recuerdo del curso, del que hice 25 únicos ejemplares, que regalé al Profesor Rubio, compañeros de aula y Biblioteca. Su título: La luz en veinte haikus. Valga una muestra del intento:

Bajo las ramas
del almendro, gorriones. 
La luz, en vilo.


La higuera sola
en el corral vacío. 
La luz, tan lejos. 


La luz se ignora.
¿Será acaso la clave
de su belleza?

     ¿Quién sabe? Igual esto sólo es el embrión de un proyecto más ambicioso. Ya veremos.


miércoles, 9 de abril de 2014

Horas de espera


[Imagen tomada de aquí]

            Tal día como hoy, hace treinta y ocho años, subí en la Estación de Chamartín, en Madrid, a un tren militar rumbo a Pontevedra. Tenía veintiún años, algunos poemas escritos y ningunas ganas de vestir de caqui. Lo bueno era que, puestos a disfrutar de una beca de aquel ejército —así era como se refería a la mili mi amigo Higinio—, lo haría en Galicia, tierra que desde la infancia tuvo para mí resonancias míticas. Así que allá que iba, a cumplir con la patria.
            Habíamos llegado a la estación hacia el mediodía, y aguardábamos a que el suboficial de turno diese orden de ocupar nuestra reserva en el tren asignado. Pero pasaba el tiempo —una hora, dos horas, tres...— y nadie sabía cuánto duraría aún aquella larga espera. Entre la fauna de jóvenes que, conforme al acervo popular, volveríamos del servicio militar hechos unos verdaderos hombres, los había de todo tipo de pelaje y condición. Quiero decir que, a tenor de la longitud de los cabellos, vestimentas, tatuajes o peculiaridades en la manera de expresarse, podía el observador atento proceder a distintas clasificaciones: desde pijos del distrito de Salamanca, de la capital, hasta macarras, e incluso navajeros, de los barrios o pueblos más desfavorecidos. Muy pronto, acaso movidos por un afán de supervivencia y atentos cada uno a nuestra propia intuición, comenzamos a hacer grupos; cada cual en busca de afinidades donde reconocerse.
            Por fin, a eso de las ocho de la tarde, hubo cierto revuelo en la sala de espera, de modo que, al trajín habitual de los viajeros que iban a tomar su tren a Barcelona, Irún o Cartagena, pongo por caso, una especie de marabunta variopinta, cargada de petates color caqui, recogidos en la visita previa que por la mañana habíamos hecho a las diferentes Cajas de Reclutas, también se puso en marcha; aunque, en un principio, sin saber muy bien hacia dónde tirar ni a qué atender. Poco a poco, las voces de los suboficiales y auxiliares fueron sobreponiéndose al jaleo propio de la estación y los aspirantes a soldaditos, atendiendo a sus órdenes, formamos filas en una pose militar, torpe y desangelada, de la que nuestros responsables se burlaban, entre amenazas sobre lo que se nos venía encima.
            Así, más o menos alineados en formación de a dos, comenzamos a desfilar hacia los andenes, a subir en los vagones, a acomodarnos en compartimentos de ocho personas. Aún hubo que esperar un tiempo indeterminado —quizá treinta minutos, tres cuartos de hora...— antes de que el convoy se pusiera en marcha y dejara atrás los últimos barrios y rascacielos de Madrid. Era el comienzo de una larga noche. De quince largos meses.

martes, 8 de abril de 2014

Una duda

[Imagen tomada de Internet, aparecida en distintos medios de información]

Al observar la defensa
que de Aguirre* hacen algunos,
me pregunto si tribunos
dispuestos a tal dispensa,
defenderían igual,
pongo, a cualquier concejal
de cualquier otro partido
en ocasión parecida.
¿No hurgarían en la herida
con ánimo complacido?


*Esperanza Aguirre, ex-Presidenta de la Comunidad de Madrid, multada el pasado día 3 de abril en la Gran Vía madrileña, por estacionar su vehículo en el carril bus. Medios y periodistas afines han salido en su defensa, como se puede comprobar tras un somero recorrido por la Red.

lunes, 7 de abril de 2014

Deshielo

[Imagen tomada de aquí]

Luz generosa:
se desdobla la nieve, 
agua que corre.


sábado, 5 de abril de 2014

Crónica del día


Madrugo, me acicalo, desayuno,
me echo a la calle, voy hasta el mercado,
adquiero leche y pan, fruta y pescado,
y en el ambulatorio me vacuno.

En la casa, dispongo los fogones,
la tabla, los cuchillos, las cebollas,
el delantal, los ajos y las ollas,
y me lanzo a guisar unos pichones.

Como, descanso, escribo, sueño, leo,
escucho a Bach, me asomo a la ventana,
galopo en una nube a la sabana,
vuelvo, meriendo y salgo de paseo.

Quedo con un amigo, el tiempo pasa,
y, tarde ya, regreso para casa.

viernes, 4 de abril de 2014

Contra el naufragio



Sólo soy hombre y cruzo por la vida
con la única certeza de la muerte
que convive conmigo mientras ando
a vueltas con mis cosas y mis días.

Sólo soy hombre y vivo, y me alimento
de gestos, emociones y esperanzas,
de amor y de amistad, de luz y sombras,
de música, palabras y paisaje.

Soy tiempo que no vuelve, y hojarasca
que arde en mi corazón, soy utopía
de ser alguna vez, en mí, completo.

Alrededor, el mundo, como siempre,
empuja a la deriva. Sólo hombre,
intento navegar contra el naufragio. 

jueves, 3 de abril de 2014

Traslado a Paco Castaño mi impresión sobre "De bares y de tumbas" y "La sexta cuerda", del poeta Manuel García*




Ya leí, Paco, las obras
del vate Manuel García:
alta y limpia poesía
que habla de amor y zozobras;
que proyecta un sentimiento
que en la tierra y en el viento
tiene acomodo y raíz;
un provechoso viaje
que nos acerca un paisaje
donde canta el chamariz.

Donde la viola respira
y el vino cura a su modo,
donde los libros son todo,
y la muerte no es mentira;
donde el agua, transparente,
brota, y la luz envolvente,
apenas fugacidad,
en la música restalla;
donde un sorbo de cazalla
acerca la eternidad.

Donde Liszt, Wagner, Tchaikovsky,
Haendel, Bach o Shubert suenan;
donde a su voz se encadenan
claras voces de aquellos qui-
enes que son más cercanos;
donde los ecos arcanos
responden a una razón;
versos, al fin, de un poeta
que más allá de una meta 
escucha su corazón.



* Números 616 y 662 del Catálogo de Poesía Hiperión.

miércoles, 2 de abril de 2014

Tambor del agua

[El Chorro - Montes de Toledo - © A. C. G]

Blanca cascada: 
en el curso del río, 
tambor del agua.

martes, 1 de abril de 2014

Son circular


[Amanecer - © A. C. G.]
 

Toda la luz que cabe en la pupila
se desborda rotunda en la mañana,
define los contornos y descubre
la ciudad para hacerla transitable.
Las sombras de la noche, derrotadas,
se retiran sin tregua a sus cuarteles,
y la vida se ajusta, lentamente,
a las prisas y el ruido. Pareciera
que el mundo se despierta y, sin embargo,
ese atroz ajetreo, esa voraz
efervescencia, ese desasosiego
son formas de la muerte, interferencia
en la conversación del hombre con
su propia identidad.
                                        El sol traspasa
la luna del balcón hasta fijarse
sobre la vertical de la pared;
el tiempo en las esferas se eterniza
en un son circular de variaciones.
Toda la luz inunda mi pupila. 
Vendrá la noche y volverá la aurora.