Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós, amigo (apunte apresurado, a modo de elegía)

[En El Piélago.1971. De espaldas, Rafa]



Un amigo me dice que te has ido.
Un amigo común, de nuestra adolescencia;
de cuando, por la vida, íbamos, sin reparo,
con todo el tiempo nuestro
y toda la alegría.

Recibo su llamada por teléfono
y, dolido, me dice
que te has marchado para siempre,
que llevabas luchando ya hace tiempo
con esa enfermedad impronunciable;
sin posibilidades de futuro.

Y entonces la memoria se desboca
y vienes hasta mí con quince años,
en los días aquellos en que el mundo
comenzaba a surgir para nosotros.
Aliados entonces, compartimos
confidencias, temores, ilusiones,
y nos reíamos de todo,
porque todo, por aquel tiempo,
nos quedaba muy lejos.

Luego la vida continuó su curso
y nos fue separando,
haciendo cada cual nuestro camino;
y apenas sí supimos de nosotros
sino por referencias esporádicas.

Con tu marcha, regreso a esas partidas
de ajedrez, con café, en el Nueva España.
Las que jugábamos entonces
—aprendices del juego—,
y las que repetíamos —de Fisher y de Spassky—
leyendo las jugadas que venían
en la sección de pasatiempos,
quizás de Informaciones.
                                                Y recuerdo,
de pronto y por sorpresa,
mil detalles, anécdotas, viajes,
tu socarronería y tu optimismo...
Y no puedo creer que te hayas ido,
que despidas el año de este modo:
haciéndote ceniza.

Quedas en la memoria, compañero,
mientras tu marcha ensancha, de repente,
un abismo infinito entre nosotros
que no salva, siquiera, la palabra.

Adiós, amigo. Sé
que esta noche las uvas
habrán de ser más ácidas que nunca. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Veinticuatro


                                     Para María

Veinticuatro es, sin duda, un buen guarismo
para ponerse el mundo por montera:
La vida por delante, para andarla,
lo mismo que Sinatra, a tu manera. 

martes, 23 de diciembre de 2014

Romance del cansado de hacer con la lotería el primo





Es tradición y costumbre,
cuando la Pascua se acerca
y pisamos el umbral
que antecede a Nochebuena
—el día de San Zenón,
que es 22, por más señas,
y ya anticipa el belén—,
se inicie la cantinela
de los alumnos de San
Ildefonso, que demuestran
clara voz, timbre afinado
y una ilusión que es señera,
pues en sus manos está
—y en su canción— la proeza
de cambiar algunas vidas
con El Gordo, cuando llega.

Y es tradición y costumbre
entre familias y peñas
intercambiar lotería
con la esperanza de que ésta
un año toque y trastoque
para bien nuestra manera
rutinaria de vivir.
Es decir, que si se tercia
la Fortuna, y nos elige,
y elige —casi quimera—
el número que jugamos,
y el primer premio nos deja,
con poquito que llevemos
dé nuestra vida una vuelta,
y así —o así lo soñamos—
todo adquiera otra belleza.

Pero un año y otro año,
la diosa nos es ajena,
y no nos toca ni gordo,
ni reintegro, ni pedrea,
y, al final, cuando sumamos
lo que jugamos, nos queda
cara de tontos; decimos
aquello que ya es sentencia:
Lo importante es la salud.
Queda la del Niño. Y esa
es la historia, año tras año,
con un final sin sorpresa.

Además, últimamente,
Hacienda, sagaz y artera,
ante los premios mayores
impone una tasa nueva,
y con el veinte por ciento
penaliza. Tal afrenta
—pues por tal la considero—
suma a mi poca querencia
por el juego, y de este modo
decido que serán éstas
las últimas navidades
que me abandone a la inercia
de invertir en lotería
e intercambiar con colegas,
con hermanos y cuñados.
Pongo fin a esa tarea,
cansado de hacer el primo
en inversiones loteras.
Hago propósito de
no invertir ni una peseta
—que hoy son euros, ya lo sé,
y que, además, ni consuenan
con aquella melodía
de otro tiempo— ni en pequeñas
participaciones, ni
en décimos. Si viniera
alguien con trueques, muy lejos
de aceptar su amable oferta,
le sugeriré que deje
tal dádiva en su cartera
y si, llegado el momento,
fuese Fortuna doncella
generosa, y le obsequiara,
por fin, con su buena estrella,
convirtiéndole en Rey Midas,
por favor, que no me venga
como en el famoso anuncio
ñoño, que casi da pena—,
diciendo: Te lo guardé
y ésta es tu parte. Que sepa
que prefiero que ese premio
generoso que me entrega
lo destine a obras sociales,
a ONGs, a otros que tengan
más necesidad que yo.

Quede así constancia de ésta
mi voluntad, que constato
y rubrico en Talavera,
una noche de diciembre, 
a dos de la Nochebuena.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Felices Fiestas

Verbo y Penumbra 
desea a cuantos se asoman a esta ventana

Felices Fiestas y lo mejor para 2015



domingo, 21 de diciembre de 2014

Elucubraciones

[Aleixander Deineka, 1934]

Quizá, en algún momento,
cuando yo ya no esté y hayan pasado
los años suficientes como para
que el olvido se adueñe de mi nombre,
alguien, una mañana,
acaso distraído,
tropiece con un libro de poemas
que yo escribí.
                                  Y, acaso,
pose al azar sus ojos en un verso,
y ese verso, como una flor intacta,
se desnude ante él con luz apenas
estrenada.
                            Y puede que ese hombre
—o mujer— hasta sienta
una dulce punzada en las entrañas,
y piense que ese verso, escrito en otra vida,
lo fuera para él —o para ella—.

Si algo así sucediera, si algún día
un hecho similar se produjese,
desde la misma nada en que mi estela
flotara por el cosmos,
más allá de la muerte, no sé..., pienso
que de alguna manera llegaría
a percibir tan viva comunión.

Pero pienso también
que la emoción, el gesto, la lectura
de tal lector serán intransferibles,
leve fugacidad. E, indiferente,
el tiempo hará su ronda por el tiempo
ajeno a aquel que fui
—al que ahora soy—, muy lejos
de la mano que traza estas palabras
y programa, inconsciente, algún encuentro
con ese buen lector desconocido.  

(Son elucubraciones de un poeta 
que se sabe mortal, y fantasea.)

viernes, 19 de diciembre de 2014

Meninas (divertimento musical)

[Las Meninas, de Velázquez, 1656   Museo del Prado. Madrid]


Está la puerta abierta.
La luz asoma
y la sala es un lienzo
donde la sombra
da cobijo a las formas
que el aire abriga:
encajes en penumbra,
quietas meninas
y en las paredes
la pátina del tiempo,
marcos y tenues
claroscuros; presencias
que el aire abraza.
Está la puerta abierta:
la luz resbala
al compás de las sombras
escurridizas.
Un espejo: siluetas.
Un perro mira.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Para saber de mí, en "Libros del consuelo"



            Con un mes de adelanto sobre la fecha prevista, ya da sus primeros pasos mi último poemario, Para saber de mí, que, al cuidado del editor y poeta Luis Felipe Comendador, aparece en la colección Libros del Consuelo, de lf ediciones.
            Como padre de la criatura, no puedo estar más orgulloso, pues, al margen del valor literario del libro —que, obviamente, no me corresponde juzgar— la edición está cuidada hasta el mínimo detalle, desde la maravillosa ilustración de la portada que me ha regalado Luis Felipe, hasta el papel y caracteres empleados. Además, para completar la fiesta, en la contraportada se incluye un poema-presentación de Francisco Castaño que, a mi juicio, define a la perfección lo que es el poemario.

Para saber de Antonio del Camino,
Basta con acercarse a estos poemas.
Estás tocando a un hombre, si los lees.
A un hombre que se apropia de la luz
Y la sombra, del júbilo y el tedio,
Del amor, los trabajos y los gozos,
Del derrotado invierno y la amistad,
Para entregártelos bajo la forma
De conjuntos armónicos de versos
Que acompañan al paso de los días,
Tras un largo silencio, a quien leyere
Y hacerle así vivir en las palabras.

Para saber de Antonio del Camino,
Habita junto a él estos poemas
Que su maestría y su rigor componen
Para que sepas tú también de ti.

                              Francisco Castaño

            Precisamente, Para saber de mí aparece en esta colección inmediatamente después de Estancias de un otoño, de Francisco Castaño, de cuya presentación di cuenta el pasado día 3 en esta bitácora. 

            Aquellas personas que puedan estar interesadas en la adquisición de cualquiera de estos títulos, pueden hacerlo consultando aquí

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Presentación de "Estancias de un otoño"


         Tras un mes de silencio vuelvo a asomarme a esta ventana para traer a ella una agradable noticia siempre lo es la presentación de un libro—:

         Mañana, día 4, a las 19,30 h., en el Salón de Actos de la U.N.E.D., en Talavera de la Reina, se presenta Estancias de un otoño, de Francisco Castaño, que, al cuidado del poeta Luis Felipe Comendador, ha sido editado por lf ediciones, de Béjar.

         Tendré la suerte de acompañar a Paco en la puesta de largo de un libro —el decimosexto de poemas que publica— que no hace sino confirmar una vez más la calidad y sensibilidad de este poeta.

         Por supuesto, animo a cuantos puedan asistir a que se acerquen a la U.N.E.D., seguro de que disfrutarán de un agradable rato y poesía de la buena.  

         A modo de aperitivo, dejo aquí uno de sus hermosos poemas:

EN ESTE AMOR NO ENTRÉ POR DESVARÍO

Los poemas de amor, por lo que tienen
De traducción de un sentimiento íntimo
—Ya lo dijo Pessoa de las cartas—,
Corren el riesgo de sonar ridículos.
Y más aún si tratan de dar cuenta
De su ceremonial carnal y físico.

Desde los clásicos, cada poeta
Inventa cómo hurtarse a ese peligro,
Y urde coerciones que le exijan modos
De crear un retórico equilibrio
Entre lo que se siente de verdad
Y lo que de verdad hay en lo escrito.

Para que su voz suene como si
Fuera la nuestra y nuestro lo leído.
Pero eso sólo cuando a la pasión
Le dan el punto justo de artificio.
Vale la pena estar enamorado
Para encontrar los modos de decirlo.

                                 Francisco Castaño