Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

sábado, 17 de enero de 2015

Para saber de mí: Presentación (4)

[Francisco Castaño, durante su intervención]

Tal como prometí, a continuación dejo el romance con el que hizo la presentación de mi libro Francisco Castaño. Obviamente, dadas las continuas referencias al poemario, su lectura quizá pueda resultar enigmática, en parte, a quienes no lo hayan aún leído. Para facilitar el sentido último de algunos fragmentos del texto, me he permitido incluir varios enlaces a lo largo del mismo.


DE CÓMO DECIDÍ ROMPER MIS HÁBITOS
EN LO TOCANTE A LAS PRESENTACIONES
CUANDO DE ANTONIO RECIBÍ EL ENGARGO
DE PRESENTAR PARA SABER DE MÍ



Quizá Antonio se sorprenda
¾Porque hasta yo me sorprendo¾
Al ver que saco del bolso
Unos bien rimados pliegos
Y que me quito las gafas
Con intención de leerlos,
Pues conoce mis costumbres
En rituales como estos
¾Aunque hiciera un excepción
Con Novelty, el hostelero,
Cuando me puso en el brete
De cargar con sus (h)aceros¾.

No me gusta presentar
Libros de amigos leyendo
(Digo que lo sabe Antonio
Que sufrió no ha mucho tiempo,
Con también Felipe Spínola
De aliado y compañero,
El peso de esta manía
Sobre un ameno paseo
Al hilo de sus recuerdos,
¾Es decir, lo presenté,
por ser coherente, en fragmentos¾.)

Porque yo ¡no sé leer!
(Lo digo como recuerdo
Que lo decía Emiliano
Zapata en largo lamento
En la noche de su boda)
Y en estos casos prefiero
Fingir que le doy un aire
¾Con mínimo apoyo previo
De unas ordenadas notas
Por si en el trance me pierdo¾
De improvisación al acto
Como hallazgo del momento
Y no como reflexión
Madurada con criterio
De crítico escrupuloso
Con rigores de académico.

Presentaciones jazzísticas
Al albur del instrumento.

Pero es que ya mi memoria
Está llena de agujeros
¾Sobre el instrumento callo
Por no parecer soberbio¾
Y me cuesta establecer
Relación de parentesco
Entre lo que el libro dice
Y lo que en él interpreto
A la luz de otras lecturas
De nuestros mutuos maestros.
Y ya no puedo fingir
Que improviso y ya no puedo
Hacer como que ahora caigo
Sobre el hombre y el objeto
De su labor. Así pues,
No me queda otro remedio
Que atenerme a los papeles
Que traigo escritos. Y leo.

Es Para saber de mí.
Y en su pórtico leemos
Que la labor de este libro
Viene de un largo silencio.
Pero ese callar no quiere
Decir que haya estado a ajeno
A las trampas de la vida
Y a lo que tiene de bello.

Su mirada no callaba,
Si callaban sus cuadernos.
Esa mirada de asombro
Como un renacido aliento,
Como esos pasos seguros
Que marcan su propio tempo
En las huellas del camino
Para llevarle más lejos,
Sorteando las celadas
Y los vaivenes del tiempo,
Hasta volver, como vuelven
Los que en su día salieron
De su mundo hacia otros mundos,
Más sabios por más intrépidos,
A vivir en las palabras
De las que siempre fue dueño.
Esa mirada, decía,
Son las alas de este vuelo.

Y vivir en las palabras
Es también estar atento
Al regalo de los dioses
Y aceptarlo sin recelos,
Alimentado la llama
Que ilumina los secretos,
Y alienta las golondrinas
Que anidan entre sus dedos,
Y es intentar darle forma
Ajustada a sus anhelos.
Es una búsqueda a tientas,
Hasta que sale al encuentro
Una realidad de signos
En el límite del sueño,
Con voluntad renovada
Y con un afán inédito
De hacerse voz y latido
En la promesa de un cuerpo.

Y todo para saber
De sí, peligroso juego,
¾El conócete a ti mismo
Del oráculo del griego,
Pero sin ser exhaustivo
Ni convertirte en experto¾
Donde es fácil hacer trampa
Cuando se mete por medio
La vanidad de quien puede,
Porque sabe, hacerlo en verso.
Pero ése es vicio que elude,
No por pecar de modesto,
Sino porque jugar limpio
Da más placer que no hacerlo.

(Perdonen la interferencia,
Si no lo digo reviento,
Aún no ha empezado el partido

Decía que juega limpio,
Porque además de discreto
¾Que es el que sabe expresarse
Con agudeza e ingenio¾
Es un poeta cordial,
¾Y además, casamentero,
Como ha contado Felipe,
Aunque con él sus manejos
Fracasaron en sus fines
sí triunfaron en sus medios¾
Decía que era cordial,  
Lo que es raro en este gremio
¾Este genus irritabile
Vatum que con tanto acierto
Vino a definir Horacio,
Y del que sobran ejemplos¾.

Y esa su cordialidad,
En la que todos cabemos,
Crece al paso de los días
Como un amoroso fuego
Que calienta e ilumina
Para que podamos vernos
En su infancia, que es la nuestra,
O en su dolor, que es el nuestro.
Porque al paso de los días
No elude ni lo más tierno,
Ni lo más áspero y duro
Con que nos castiga el tiempo.
Pues su alquimia del dolor
Lo ha transformado en venero
Donde las palabras son
Las aguas de ese arroyuelo 
Donde los clásicos bañan
Sus penas y sus tormentos.

Pero también de la vida
Nos habla como de un premio
Que hay que saberse ganar
En conjura frente al tiempo.
No esquiva su pluma nada
De lo malo y de lo bueno,
Porque aprendió de su padre
Que sólo nos merecemos
Aquello que hacemos bien
Sin engaño y con esfuerzo,
Sin pedir factura a cambio
Y con sencillez y esmero.
Los poemas de este libro
Son el fruto de su ejemplo.

Donde no falta el amor
Como penúltimo aliento,
En cuya cálida noche
Es derrotado el invierno,
Donde el cuerpo es manantial
De delicado sosiego,
Que alcanza su dimensión
De compartido embeleso
En arriesgada sextina,
Lo que es hazaña de mérito,
Porque Antonio también juega
Cuando se pone más serio.
¡Qué bien le sienta al amor
Este retórico exceso!

Y no vayáis a pensar
Que por correr estos riesgos
Formales y conseguir
Salir indemnes de ellos
Sin apenas un rasguño
Metafórico y poético
Amparado en su maestría,
Este es un libro perfecto.
Antonio es un buen amigo
Y nos trata con respeto
—como le ha tratado a él
y a los frutos de su estro
el buen amigo editor
que puso todo su empeño
en confeccionar un libro
tan cuidado como bello—.
Y sabe bien por los clásicos
Que la perfección es muermo
¾Ese lunar, esa arruga,
Hacen al rostro más bello¾
Que en lugar de dar placer
Nos mata de aburrimiento
Y nos deja sin razones
Para seguir escribiendo
¾No la ven con buenos ojos
Ni los rancios académicos¾.

Así su delicadeza
Nos deja que naveguemos
Por la verdad de su libro
Con nuestro propio aparejo
¾Lo que han hecho desde siempre
Los poetas que queremos
Porque han sabido dar forma
Y voz a nuestro silencio¾.

Y así también en la voz
De sus poemas podemos
Recrear la bagatela
Que se dice peso muerto
Para darle nuevas alas
Con que unirnos a su vuelo.

Y de esas alas, en vilo,
De sus poemas, os dejo
¾Tras cumplir con el encargo
Sometido a los preceptos
De amistad, rima y razón
Sin demasiados tropiezos¾
En esta ya casi noche
De un jueves quince de enero,
En la que aprendí a leer
Alentado por los versos
Con que Antonio nos regala
Para sabernos en ellos.


                                                    © Francisco Castaño






2 comentarios:

  1. Siempre me ha encantado aplaudir la sabiduría y la inteligencia ajena; es una fuente continua de felicidad para mí, así que desde el sol del sábado en Rivas un enorme abrazo al poeta Paco Castaño. Un lujazo su amistad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Coincidimos, amigo. Y sí, la amistad de Paco, todo un lujazo.

      Un abrazo desde la ciudad de la cerámica, en día lluvioso y con celebración personal.

      Eliminar