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miércoles, 11 de febrero de 2015

Misterio en el sótano

[Imagen tomada de la red. Supongo que perteneciente a alguna película de cine negro]

         A punto de dar por terminada la novela recuerda al personaje secundario que dejó escondido en la asfixiante atmósfera de un sótano. Tenía para él planes precisos, pero entonces llegaron a las páginas otros individuos más dinámicos y seductores y quedó desterrado de la historia. Ahora se pregunta si el relato, tal cual está, es obra suya o de alguna mano conspiradora y ajena. Y como tiene la sensación de haber sido expulsado de su propio espacio, decide retomar la senda antigua. Así, uno a uno, del último hacia atrás, va destruyendo los folios escritos, los hallazgos, las estudiadas escenas, los seductores personajes. Hasta llegar de nuevo al sótano asfixiante, donde, para su desgracia, el olvidado secundario agoniza con un puñal en el pecho.

4 comentarios:

  1. Inquietante micro, Antonio. Me parece que todo él está contenido en la primera frase, tan sugestiva. A partir de ella se abren tantas posibilidades..., hasta el punto de que la que el autor (con sus dudas de identidad, que dan pie) desarrolla es solo una de las muchas posibles. Truculenta y efectista, por mor de ese puñal que no sabemos quién pudo haber clavado, tal vez esa "mano conspiradora y ajena". Aunque creo que resulta más reveladora la absoluta soledad del personaje secundario abandonado a su suerte en un sótano (palabra que, ya puestos a sugerir, podría ser el título conciso del micro). En fin, que me he levantado hoy con complejo de Jack el Destripador, decidido a cortar por lo sano. Sugerencias, sin duda, de la buena literatura. Un abrazo.

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    1. Alfredo, de tu comentario, que comparto, me ha llamado la atención ese "decidido a cortar por lo sano", frase idéntica a la que he eliminado del relato y que era continuación de "... decide retomar la senda antigua, decidido a cortar por lo sano.." Eliminada sólo por abreviar una pizca más el texto, pero que, en un principio, me pareció rotunda y consecuente.

      Otro abrazo también para ti.

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  2. Triste destino siempre, querido poeta, el de los personajes secundarios en la vida y en la literatura. Su azaroso destino es el puñal, aunque sea empuñado por su propio yo. Abrazos.

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    1. Quizá lleves razón, amigo. En este caso, demasiado triste.

      Un abrazo.

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