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martes, 10 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (15)

[© A. C. G.] 

            Toca esta tarde visitar El Cuerno de Oro. Aún no sabemos si lo haremos en ferrys o autobús; finalmente, como la lluvia no nos abandona, decidimos llegar por carretera. En la estación—una explanada junto al puerto, donde se concentran autobuses con diferentes destinos, todos desconocidos para nosotros— nos cuesta encontrar el bus 99A, con parada en Eyüp, el barrio donde se ubica la mezquita de mismo nombre, que, según leemos, es el tercer lugar de peregrinación más importante del Islam, tras la Meca y Jerusalén.
            Al bajarnos del autobús continúa lloviendo. Atardece, y hay poco ajetreo de gentes. Los puestos de telas, dulces y regalos que se extienden en los alrededores de la mezquita continúan abiertos y muestran un aspecto desolado y triste. De una atracción de feria, no muy lejana, nos llega música distorsionada, con cadencias árabes. Así, caminando bajo la lluvia, vamos hasta el funicular que cogeremos para subir al Café de Pierre Lotti, enclave privilegiado desde donde puede contemplarse el Cuerno de Oro en su totalidad. Durante el ascenso, de apenas unos pocos minutos, observamos el amplio cementerio que se extiende a un lado y otro de la colina y que, nos dicen, alberga tumbas de soldados alemanes caídos en la segunda guerra mundial.
          Ya arriba, pese a la lluvia, nos recreamos con las vistas, hacemos fotos, compartimos nuestra admiración. Después entramos en el Café para tomar un té y calentarnos. 


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