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viernes, 13 de marzo de 2015

Presentación de "Para saber de mí" en Toledo



            El pasado día 11, tal y como había venido anunciando en el blog, presentamos en la Biblioteca de Castilla La Mancha (Biblioteca de El Alcázar) de Toledo, Para saber de mí. Ante un auditorio cálido y atento, rodeado de viejos amigos a los que tuve la suerte de volver a saludar, me arroparon en el acto, Miguel Ángel Pacheco y Santiago Sastre, dos poetas toledanos, a quienes tengo por amigos, que diseccionaron de forma amena, con precisión y claridad el libro.
            En primer lugar, habló Miguel Ángel, quien, tras los correspondientes agradecimiento a la Biblioteca, los asistentes y al que esto suscribe, por invitarlo, dijo de sí mismo que, actualmente, era un poeta en excedencia, y que si se encontraba allí debía de ser por la amistad que nos unía y no por la labor que desarrollara en compañía de las musas. A continuación, habló de Para saber de mí, y dijo esto:

       Quien aún no haya leído este libro pensará, con toda probabilidad, que quizá se trate de un conjunto de poemas/pista, de señales, de miguitas de pan que nos conducen a su autor. Posiblemente acierten, pero creo que su origen es bien distinto. Si no estoy equivocado, en realidad es Antonio el que quiere saber de Antonio.

       Como todos saben, en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos estaba escrita la máxima: "gnothi seautón" ("Conócete a ti mismo"), cuya autoría es atribuida a diferentes padres (Tales, Solón, Sócrates..., entre otros). Pues bien, cuando leí por primera vez el libro de Antonio no pude evitar recordarlo. Como verán, incluso el primer poema del libro también es un pórtico, como en Delfos, y en sus piedras está escrita una firme voluntad:

            traspasar el umbral de las palabras
            y caminar,
                             para saber de mí.

       Es por tanto este poemario un verdadero viaje interior (el único posible, según Rilke), un ejercicio de autoconocimiento. De alguna manera, este libro forma parte del templo de su "Yo". Parafraseando a Montaigne: "Antonio es la materia de su libro".
      
       Y en este viaje hacia sí mismo el poeta no puede elegir otro camino que la palabra. En el segundo poema nos dice:

              Nuevamente me entrego
              a la sed cardinal de las palabras.
              Saben de mí secretos que yo ignoro
              y que mis manos cantan.

       Y, ¿acaso conocerse no es sino la metáfora de una búsqueda? Como afirmara Julien Green "ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón". En esa búsqueda lleva Antonio muchos años. Referida a la poesía nos alumbra con los versos del tercer poema del libro, titulado precisamente "Búsqueda", y en el que confiesa:

                   ... un buen día, acepté de buen grado
                   que toda poesía la regalan los dioses,
                   y así, por más que alzase en mis manos el verbo,
                   de su arcilla no haría materia iluminada.

       En el libro encontramos muchos rastros de esa búsqueda, así: en el canto desafinado, en las calles recorridas mil veces, en el dictado de la lluvia,, en los libros hospitalarios, en los lunes sin urgencias ni arrebatos: en lo vivido.

       Y después de todo, ¿se ha encontrado el poeta a sí mismo?

       Sabemos que nuestros viajes interiores no terminan nunca. La búsqueda de nuestro yo es inagotable porque, por suerte, el hombre es un ser inacabado. Pese a ello, me atrevo a decir que buena parte de sí Antonio la ha encontrado en todo lo que ama. Finalmente, su "yo" estaba en los otros: en su familia, sus amigos, y, muy especialmente, en Carmen quien, como él mismo dice, es "inspiración y destino".

       El último poema, llamado "Anotación final"., es, para mí, mucho más que una nota, y expresa con exactitud todo lo que he querido decirles, dice así:

Para saber de mí, busqué mi rostro,
por detrás de mi rostro, en las palabras.

Me adentré en laberintos donde era
preciso desprenderse de las máscaras.

Ante mí mismo fui mi propio huésped,
y vi mi desnudez más desolada.

El amor me salvó frente a la muerte,
que ni claudica ni jamás descansa.

Hoy mi imagen coincide en el espejo
con la que el tiempo alienta y me arrebata.

       Permítanme acabar con una licencia facilona: creo que el libro de Antonio del Camino es también el libro del camino de Antonio.

       Muchas gracias.

            A continuación fue Santiago quien tomó la palabra. Extrajo de su cartera unos cuantos folios con diversas notas y se adentró en el libro, del que dijo que si la vida de un hombre es como un río, con sus distintos cursos, Para saber de mí venía a reflejar lo que sería el curso medio-alto, con aguas profundas y sosegadas. Habló del aspecto formal del libro y elogió la claridad de éste: muchas veces los poetas adornan con ropaje excesivo los versos, lo que no siempre juega a su favor, vino a decir.
            Mi lectura duró un cuarto de hora, tiempo en el que compartí con los asistentes trece poemas. Una vez más, como me ha pasado en otras presentaciones de este libro, me sentí a gusto, leí con calma y volví a emocionarme al llegar al poema que elegí, entre los dedicados a mi padre. Después firmé ejemplares del libro y, en esa tarea, recibí uno de los mejores regalos de la tarde: Se acercó a la mesa un hombre y me pidió que le firmara el libro. ¿Cómo se llama?, le pregunté. Ponga: "A un lector desconocido." Y a continuación: "Me ha gustado mucho. Esta tarde me he reconciliado con la poesía. " ¿Puede pedirse más?

Coda: Por último, y para mayor satisfacción, el diario LA TRIBUNA, dedicaba ayer su contraportada a la entrevista que me hizo Javier Guayerbas momentos antes del acto, y que también puede consultarse aquí.

8 comentarios:

  1. ¡Cuánto me alegro, Antonio, de que todo saliera como cuentas! Y con ese colofón del "lector desconocido". ¿A qué más? Gran abrazo.

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    1. Gracias, Elías. Efectivamente, el colofón no pudo ser mejor. Esas cosas animan a seguir.

      Otro gran abrazo. Y mañana, en vivo y en directo.

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  2. Enhorabuena por la presentación, querido poeta, y también por el eco de la misma en los medios escritos. Creo que es un libro importante y es bueno que tenga una difusión adecuada que permita nuevos lectores. Un abrazo entrañable.

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    1. Ojalá esa distribución, querido José Luis, vaya concretándose. En cuanto a la que se está montando con el libro, me siento un poco sobrepasado. Tanta coincidencia en su favor comienza a preocuparme (guiño cómplice)

      Otro abrazo para ti.

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  3. Noraboa, Antonio, por esta nueva salida del libro y los múltiples ecos. Lástima no haber podido acompañaros en tan histórico lugar (hay semanas en las que todos los días juegan a ser lunes). Me parecen muy atinadas las palabras de Miguel Ángel Pacheco. Un abrazo.

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    1. Ay, Alfredo, cuándo perderán para ti también los lunes su aliento de cuchillo... y los martes, los miércoles... Hubiera estado bien teneros cerca, aunque tú sabes que, de alguna manera, así fue.

      En cuanto a las palabras de Miguel, totalmente de acuerdo contigo. La intervención de Santiago no se quedó atrás, pero como el amigo improvisó sobre unas cuantas notas... no ha sido posible (de momento) mostrar sus observaciones.

      Un abrazo doble (y no trabajéis mucho).

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  4. Hubiera ido de no ser porque esa es la tarde que grabo un programa de televisión en el que salgo.
    Ya me contó Alfonso González Calero, d ela Biblioteca, que estuvo muy bien el acto. Felicidades por el libro.

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    1. Qué lástima, Antonio; me hubiera gustado saludarte. Muchas gracias por lo que al libro se refiere.

      Un abrazo.

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