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domingo, 23 de agosto de 2015

Testimonio



Quizá por explicarme a mi manera
y no dar cuenta a quien conmigo iba
—mi timidez no estaba para fiestas—,
llegué a la Poesía.

Me creí sus mentiras y sus rosas,
el cascabel ficticio de su risa,
las máscaras hermosas conque un juego
de espejos proponía.

Y preso en mi soberbia, algunas veces,
afirmé ser poeta.
Con el tiempo, silencio y experiencia
espanté mi quimera.

De vez en cuando
una palabra, un vértigo impreciso—
sigo intentándolo.

2 comentarios:

  1. Y hay que seguir, querido poeta, ,porque en ese empeño de dar voz al aire estamos todos. Un fuerte abrazo y asumo cada verso de tu reflexión por tu sabiduría literaria y tu lucidez. Un gran abraz de nuevo.

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    1. Nuestro amigo Paco Castaño repite muy a menudo las palabras de Francisco Pino, por las que viene a afirmar que a poeta, como a santo, se llega 200 años después de muerto. Posiblemente sea así, y ninguno de nosotros vea si dentro de 200 años nuestros versos andan aún en boca de alguien. Seguro que, a la postre, esto no es importante. Lo que sí lo es, es ese camino de ida y vuelta que es la escritura y que, en este tiempo y en este lugar, permite la cercanía y comunicación autor/lector imposible de alcanzar en el silencio. Y en ello, con más o menos continuidad, andamos.

      Otro gran abrazo también para ti.

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