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sábado, 19 de septiembre de 2015

De la extensión del tiempo

Imagen tomada de la página de ACB.COM 


(A modo de homenaje a la selección española de Baloncesto, tras su victoria en la noche del jueves sobre Francia, y a raíz de una conversación con Paco Castaño, quien me preguntó: "¿Cuánto dura un minuto en baloncesto?", para, a continuación, invitarme a escribir un soneto a partir de ese endecasílabo. Dejo aquí el resultado final, después de pasar por unas cuantas versiones. Subido ayer a mi muro de Facebook.) 


                                 Para Paco Castaño,
                                 que me dio el primer verso.



¿Cuánto dura un minuto en baloncesto?
Y dieciséis segundos, ¿cuánto duran?
Y qué digo, un segundo si me apuran.
El tiempo juega a despistar en esto.

Se atrinchera en el filo del instante
y al extender la mano transfigura
su propia identidad. Por eso dura
un vértigo impreciso y fascinante.

Así, de la ventaja del sujeto
depende la extensión de ese minuto.
Para quien va detrás es diminuto.
Para quien va delante, mundo quieto.

Nunca será medida de sí mismo
al ser su duración puro espejismo.



                                             

2 comentarios:

  1. Qué excelente ejercicio lírico sobre la textura moldeable del tiempo, Antonio. Disfruté del partido y sentí, como tú, que un minuto en baloncesto, es una vida al paso. Un fuerte abrazo.

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    1. Bien dicho: "ejercicio lírico"; de ahí la cantidad de versiones, correcciones, matices... que he ido poniendo y quitando desde ayer, de lo que ha quedado constancia en Facebook. Cuando pensé que tenía la versión definitiva decidí subirlo al blog, y, aun aquí, he vuelto a tocar alguna cosilla. De hecho, desde tu comentario, he modificado el último verso. Lo malo de los poemas es que si los dejas tal cual salen, no suele ser bueno; y si los tocas por demás, hasta resulta peor. Y yo he llegado con este texto a un punto que está pidiéndome que lo deje estar definitivamente (y aquí paz y después gloria).

      En cuanto al partido, angustioso y memorable. Ya he dejado dicho por algún sitio que la mayoría de los aficionados deberíamos hacer penitencia por no haber creído en las posibilidades de los nuestros frente a Francia: tal como venían jugando no parecía que el partido fuera a tener color, más allá del azul galo. Nos demostraron lo contrario, como han hecho los lituanos con Serbia. Una final, pues, no prevista y que a mí, personalmente, me da mucho respeto. Ojalá termine bien la fiesta.

      Perdona la larga perorata.

      Un fuerte abrazo.

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