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sábado, 12 de septiembre de 2015

Estatua ecuestre

© A. del C.


(Hay veces, cuando se ha pateado mucho la ciudad que visitamos, en que, acaso por cansancio, pasamos por momentos de cierta indiferencia ante lo que se muestra a nuestro ojos. Así el descubrimiento de esta estatua ecuestre -al fondo- que, a la postre, resultó representar a Alberto I)

Ese señor montado en un caballo
no sabemos quién es.
No hay rastro de su nombre en la escultura
ni tampoco en el pie.

Yo te he dicho, con sorna y sin pensarlo,
que es un rejoneador.
Acaso sea un rey, un general
o algún libertador.

Contempla la ciudad desde su altura
y vive en un jardín.
Pasamos a su lado y lo dejamos
posando tan feliz.

Cuando estamos ya lejos de su alcance
me digo: ¿Quién será?
¿Algún prócer, quizás?  ¿Un gobernante
que tuvo la ciudad...?

He de buscar en google maps, o buscas
—si te parece— tú.
Seguimos a lo nuestro. Llueve a veces
y el cielo no es azul... 

2 comentarios:

  1. El humor y la ironía siempre acaban poniendo entre las páginas del libro una sonrisa de felicidad que alegra la mañana. Excelente ejercicio para dejar en el lector una sonrisa. Enhorabuena.

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    1. Esa era la idea, José Luis: componer "una broma", jugando con las rimas agudas y con las cinco vocales. Si ha servido para arrancar una sonrisa, lo daremos por bueno.

      Un fuerte abrazo.

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