Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

martes, 29 de septiembre de 2015

La lluvia

                                                                                                                            © C. E. L.


La lluvia está presente
en el tiempo que dura nuestro viaje,
pero no es insistente
y pone en el paisaje
apenas un ligero maquillaje.

Es una lluvia fina,
cendal tan transparente y delicado
—caricia cristalina—
que alienta a nuestro lado,
y, casi, ni espejea en lo asfaltado.

Alza una luz distinta
—al compás del reloj que mueve el día—
en la ciudad, y tinta
con su melancolía
todo de sugerente poesía.

La lluvia también duerme,
y aunque el cielo se vista de marengo,
tras su cristal inerme,
renuncia a su abolengo
y tiende un puente al sol difuso y luengo.

4 comentarios:

  1. ¡Qué bien suena la lira! A su compás, hasta ese "devengo" parece otra cosa. Y mira que es feo el palabro. A primera vista, cualquiera diría que inservible para un poema "lírico". Mais qui dira le torts de la rime....? Qué siga el viaje.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo en lo del "devengo", Alfredo. Confieso que busqué otras variantes, pero me gustaba tanto el marengo del segundo verso que "arriesguéme" con el "palabro".

      Lo de la lira va a ser para pensárselo y jugar más con ella. A ser posible usándola en temas baladíes y alejada del aura de los místicos. Acaso...

      En cuanto al viaje, va llegando a su fin. Ya queda menos. Salvo imprevisto, día 6 de octubre , fin de trayecto.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. O más bien: «que siga el viaje». Dichosos correctores automáticos, qué guerra dan. Como sí no fuéramos capaces de equivocarnos solos.

    ResponderEliminar