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jueves, 15 de octubre de 2015

Peaje

[Imagen tomada de https://monicamartin.wordpress.com/2012/04/28/pescatero-de-cafe/]


            Aún faltan unas horas para que amanezca y el insomnio le tiene en jaque desde hace rato. Por más que cambia de postura —a izquierda, a derecha, de espaldas, bocabajo— el sueño se empecina en no llegar. De cuando en cuando oye el ruido de un motor en la calle, el ladrido de un perro, las voces de algún trasnochador. Y, mientras tanto, la cabeza dándole vueltas a todo, sin orden ni concierto; saltando de un tema a otro sin transición ni sentido. Cuando la angustia comienza a ser realmente insoportable, sin llamarle, sin esperarlo, un verso se le muestra transparente; un verso, el comienzo de un poema que habrá de construir desde ese regalo de los dioses. Se levantaría sin dilación para escribirlo, para escribir, pero teme despertar a su esposa, que, junto a él, acompasa su respiración a una sosegada profundidad. Una y otra vez repite esas palabras para no olvidarlas: en verdad son bellas, se dice. Las repite, repite, repite... Y entonces, derrotado por el cansancio, siente que todo su ser se relaja y adentra en la más agradable lasitud. Así, termina por sumergirse en un lago sereno, hospitalario, donde se balancea leve y libre. Como peaje, sin embargo, olvidará la belleza de ese endecasílabo que jamás trasladará al papel.


2 comentarios:

  1. Para casos así viene bien tener una libreta y un lápiz junto a la almohada. Aunque seguro que entonces el insomnio acabaría ganando la partida. Buen micro, Antonio. Me deja pensando en la posibilidad de atracar la caja de caudales del peaje para rescatar los frutos de la noche.

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    1. Quizá el asunto está en asumir el insomnio, levantarse de la cama y ponerse manos a la tarea. Tal vez detrás de ese verso vengan otros... o ahí se quede todo porque la mente tampoco estará muy despierta a pesar de la vigilia. En cualquier caso, sirvió para este apunte, que también vale.

      Un abrazo.

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