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jueves, 17 de diciembre de 2015

Romance del que busca su voz

[Atardecer en Las Médulas © A. C. G.] 


Buscaba mi propia voz
y mi voz no me encontraba.
En los mensajes del viento,
en la música del agua,
en el son de los caminos,
en la desnudez del alba,
en la página del día,
en la noche emborronada.
Buscaba en los laberintos
que el tiempo, sin cesar, alza,
en los abismos del sueño,
en la vigilia más vasta.
Buscaba mi propia voz
y mi voz no me encontraba.
Y cuando ya no sabía
dónde buscar, la palabra,
transparente, luminosa,
me empujó a mi propia casa,
dentro de mi corazón,
donde la voz aguardaba:
"Aquí estuve, desde siempre,
esperando tu llegada".
Y era el silencio del mundo
viva y clara resonancia. 

4 comentarios:

  1. ... y al final la encuentra (por completar el título). No hay otra voz que merezca más la pena oír que la del corazón, aunque a veces cueste trabajo entender lo que dice, sobre todo si se contradice con otras voces, también dignas de crédito. Un romance muy machadiano, Antonio, o así me lo parece. Un abrazo.

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    1. Machadiano, dices. Seguro que sí. A fin de cuentas ya sabes que D. Antonio ha sido uno de mis maestros, y al que, acaso no con la misma frecuencia que antes, vuelvo siempre. Y sí, también habría que tener en cuenta a "las otras voces" que nos rondan, dicen y contradicen.

      Gracias por la lectura y tu sustanciosa tarjeta de visita.

      Un abrazo.

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  2. Pedazo de romance, Antonio. Chapeau.

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    1. Muchas gracias, Elías. De vez en cuando, no está mal romancear un poco.

      Un abrazo.

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