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domingo, 29 de marzo de 2015

Mientras, el tiempo




Hoy, con motivo del cambio de hora, he pensado que debía subir algún poema con el tiempo como telón de fondo. Buscando aquí y allá he dado con este soneto, no sé si pesimista o, simplemente, real como la vida misma. Me pareció que estaría bien acompañarlo de algo más refrescante y científico, como es el Teorema de Tales. 

El tiempo acabará siendo un gran cero
en el que la memoria será olvido.
Y nada quedará de cuanto quiero,
nada de cuanto soy o cuanto he sido.

Como si una gran pira, ya hecha escoria,
hubiese devorado el tiempo todo,
apenas quedarán de nuestra historia
favilas en el viento y por el lodo.

Pero hasta que se cumpla ese momento,
nos quedará la vida, y nuestro aliento
alentará más vida mientras tanto.

Con amor, con humor, con esperanza
iremos conjurando su acechanza.
Y ojalá que también con nuestro canto.

sábado, 28 de marzo de 2015

Rituales

[Imagen tomada de la web www.osborne.es]

            Descorcho una botella de algún vino. Lo hago con mimo, sin brusquedades, que no debe el líquido agitarse ni sufrir agresiones. Lo hago con tiento. Extraigo el tapón y con gesto ceremonial lo aproximo a la nariz, lo huelo. Después, vierto en la copa ese néctar que es aún una incógnita, lo oxigeno mediante leves movimientos circulares por las paredes interiores del cristal, observo su color, aspiro su aroma y un momento más tarde, con apenas un sorbo, mojo los labios, lo mantengo en la boca y paladeo. Entonces doy mi aprobación o manifiesto mis reparos. Así también el rito del poema: escoger las palabras con esmero, mezclarlas con respeto, ondularlas en la página virgen, apreciarlas con todos los sentidos —aquí intervienen, además, cerebro y corazón— y aceptar su conjunto o arrojarlo al silencio. Y de nuevo, descorchar más palabras, en una interminable ceremonia de aromas, de sabores, de promesas, de dudas, de tropiezos.

viernes, 27 de marzo de 2015

Una música antigua



Con asombro, constato
que del patio de luces se levanta
una música antigua.
Me detengo a escucharla, mientras entra
por las rendijas de mi casa.
De repente, se vuelve familiar,
y desprovista
de cualquier majestad se me acurruca
cerca del corazón.
(Una vez más es Bach el que me salva
del ruido con que el mundo
construye la ciudad cada mañana.)


jueves, 26 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (y 27)


            De nuevo en el aeropuerto, comenzamos con los trámites obligados: check in, facturación, control de pasaporte, paso por la aduana...; todo a la primera, sin dificultad ninguna, sin retrasos, retenciones ni contratiempos. Tras controlar la puerta por la que embarcaremos, tomamos acomodo en la sala más próxima, donde el español es el idioma que más se oye, no sólo porque el vuelo tenga destino Madrid, sino, también, porque acaso seamos —los españoles— los que más bulla metamos y más alto hablemos.
            Próxima la hora de embarque, las pantallas de información modifican la puerta de acceso para nuestro vuelo. De la 213, en que estamos, debemos ir a la 201: deshacer el camino de llegada y aguardar a que se organice el acceso al avión. En consecuencia, a la hora establecida para el despegue aún están entrando y acomodándose pasajeros, lo que hace que salgamos con media hora de retraso. Por fin, encima de las nubes, comenzamos a creer que ahora sí va en serio y que esta noche podremos dormir en nuestra cama.      
      Nos dan de cenar. Y, sorprendentemente, la cena está caliente y bien guisada: ensalada con salmón ahumado y salsa de yogur, y brocheta de pollo adobada, o berenjena rellena de carne. De postre, crema de vainilla y café.
      Retirado el servicio, las luces de cabina se apagan, lo que invita a dormir; algo que hace la mayoría de los pasajeros. Quien esto escribe, incapaz de coger el sueño si no es debidamente estirado, toma los últimos apuntes en la libreta de viaje, y piensa en estos días en Estambul: en la ciudad, en sus mezquitas, en la opulencia del Topkapi, en la nieve..., y se siente feliz por tanto descubrimiento y, sobre todo, por la armonía y complicidad desarrollada en el grupo.
     Y así, entre notas y soliloquios, cuando queremos darnos cuenta, estamos aterrizando en Madrid. Algo más de una hora de viaje y de nuevo en casa. Mañana, habrá que comenzar a redactar lo que han sido estos días. A dejar constancia por escrito de nuestra particular crónica bizantina. 


miércoles, 25 de marzo de 2015

Por soleares, Posadero... y un vals de fondo (de regalo)




Contra la edad,
el amor, la palabra
y la amistad.

Contra la muerte,
la amistad, la palabra
y amor que aliente.


Contra la nada,
el amor, los amigos
y la palabra.

Contra el olvido, 
la palabra, el amor
y los amigos.

martes, 24 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (26)

[© A. C. G.] 

«Tú mirar, tú mirar... ¿Cuánto me ofreces..?»
«No queremos comprar. Gracias. » «No. ¿Cuánto?
Primera calidad. Barato. Mira.
No encontrarás mejor todo Bazar
—Chapurrean español—. Barça. Madrid.
Messi, Neymar, Ronaldo... Mira... Bueno.
Tú, cuánto pagarías. ¿Euros? ¿Liras?
No imitación. Garantizado. ¿Cuánto? »
(Por escapar de allí, damos un precio.
Su mirada se torna fulminante.)

lunes, 23 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (25)

[© C. E. L.] 

            Todo hace pensar que ésta será nuestra última tarde en Estambul. La nieve dejó, definitivamente, de caer, y cada vez con más asiduidad vemos aviones en el cielo, señal de que el aeropuerto ya está abierto y el tráfico aéreo comienza a normalizarse.
            Caminar, sin embargo, se hace más dificultoso. A pesar de que desde cada tienda, de las muchas que hay a lo largo y ancho de la ciudad, despejan de nieve lo que afecta a sus fachadas, al deshacerse, ésta produce enormes ríos de agua, y en algunas zonas el  hielo supone un serio peligro para los paseantes. Así, aunque no llegamos a sufrir ninguna caída, sí hay algún que otro resbalón que nos hace temer por un inoportuno accidente. Por eso, y porque el hotel en el que nos hemos situado se encuentra muy próximo al Gran Bazar, nos dedicamos a pasear por su dédalo de intrincadas calles y exuberante colorido; sobre todo, mirando. Aun a riesgo de ser asaltados por los tenderos que acechan a la puerta de sus establecimientos, siempre dispuestos al cierre de una venta tras el obligado regateo. Y así pasa la tarde. 

domingo, 22 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (24)


[© A. C. G.] 

Inmaculado, el manto de la nieve
se ensucia al deambular de los peatones,
al tiempo que comienza su deshielo
y en las aceras se abren, lentamente,
veredas de cristal amenazantes.
Cuando, por fin, salimos del hotel,
queremos disfrutar del nuevo día
que Estambul nos concede. Con cuidado,
nos llegamos de nuevo a la Mezquita
Azul. El cielo es gris. La vida sigue.

sábado, 21 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (23)

[© A. C. G.] 

            ...Y nos armamos de paciencia, resistimos. Sufrimos, no una sino dos cancelaciones de vuelo; la segunda, tras aguantar la noche en el aeropuerto, sin apenas dormir, guardando el turno para obtener de nuevo el que deseamos sea nuestro pasaje definitivo. Con él en la mano, aún faltan treinta y seis horas hasta el despegue, tiempo suficiente como para plantearnos la contratación de un nuevo hotel y regresar a la ciudad con el deseo único de abandonarnos a una buena ducha y una cama confortable donde descansar del largo día que dejamos tras nosotros. De vuelta, la nieve lo cubre todo, pero ha dejado de caer. Cuando llegamos, desde la furgoneta hasta la puerta del hotel, nos hundimos en este algodón frío hasta más arriba de la pantorrilla. Son las siete de la mañana y nos dan habitación. Durante unas horas, por fin, descansamos. 

viernes, 20 de marzo de 2015

"Hay un rastro"



            Con Hay un rastro, de Elías Moro, se cierra la Colección Luna de Poniente, dirigida por Marino González Montero y el propio Elías, y editada, con el patrocinio del Ayuntamiento de Almaraz, por de la luna libros, editorial emeritense con historia y largo recorrido.
            En esta colección, a la que me referí aquí en su día, están incluidos veintisiete poetas extremeños. Voces muy distintas y formas diferentes de enfrentarse al poema; voces para todos los gustos y muestra exhaustiva del panorama poético en Extremadura, que no ha de dejar indiferente a ningún buen lector.
            Como digo, Hay un rastro pone punto final a esta aventura (pues no otra cosa es un proyecto editorial así), y, a mi juicio, no podría haberse elegido mejor colofón, dado que éste es un libro con el suficiente peso y calidad literaria como para dejar el mejor sabor de boca, aunque lo que en él se exprese —el horror de la guerra y, por tanto, la parte más oscura y deshumanizada del hombre— no sea, precisamente, dulce.
            Ya la dedicatoria, A la memoria de los olvidados, es toda una declaración de intenciones a la que el autor se mantiene fiel a lo largo de las seis partes en que está estructurado el libro y que, a su vez, podríamos dividir en dos de 6, 3 y 12 poemas, cada una. Aquí se da voz a quienes, trágicamente, la perdieron: aquellos cuyos restos aún andan dispersos por las cunetas, los que fueron fusilados frente a las tapias de los cementerios, los que murieron en las trincheras y cuya memoria fue proscrita por los vencedores...; voz a quienes subieron a trenes de un solo recorrido, y, en general, a todos los muertos a consecuencia de tanta sinrazón.
         Con un lenguaje firme y descarnado, Elías Moro construye una poesía dolorosa, comprometida, implacable con la injusticia, y nos recuerda las páginas más vergonzosas de la historia reciente del hombre, al tiempo que nos advierte de que tanto horror no es cosa del pasado, pues, de una u otra forma, continúa repitiéndose a lo largo y ancho de este planeta nuestro.
         En Hay un rastro no hay palabras gratuitas, ni imágenes innecesarias: cada verso es resultado de una reflexión profunda sobre el dolor y la crueldad del hombre; un dolor que el poeta hace suyo, y una crueldad que rechaza con firmeza y náusea. Al mismo tiempo, es un libro que atrapa, que nos empuja a seguir leyéndolo, mientras nos conciencia de que, como tantas veces se ha repetido, aquellos que olvidan su historia están condenados a repetirla. En definitiva, un libro duro me atrevería a calificar de aleccionador e imprescindible que revela la enorme calidad literaria y humana de su autor.

jueves, 19 de marzo de 2015

Obras son amores



Hoy, Día del Padre, dejo este poema, perteneciente a mi libro Para saber de mí, en homenaje a quien tanto nos dio a través de su ejemplo. Tres años después, sigue entre nosotros. 
        
Aprendí de mi padre el amor a la vida,
a las cosas bien hechas, al favor sin factura;
aprendí de sus gestos lo esencial, lo que vale
más allá de discursos, de pompas y boato.
Aprendí que no sirve engañarse a uno mismo;
que sólo merecemos el fruto del esfuerzo;
que el camino más recto no siempre es el más fácil;
que del dolor se aprende y el amor se comparte.
Aprendí de mi padre lo fértil de la vida
si labramos las horas con sencillez y esmero,
si no vamos pisando la bondad de las gentes,
si honramos al amigo y estamos a su lado. 
Aprendí de mi padre el valor de la risa,
la fuerza del humor cuando pintan en bastos,
su sentido profundo de justicia. Su ejemplo
es una enciclopedia a la que vuelvo siempre.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (22)

[© A. C. G.] 

Debemos validar nuestro pasaje,
así comienza la primera espera:
una fila infinita, cancelados
vuelos a Europa, América, Oceanía...
Hay que pedir certificados y
advertir del surgido contratiempo
a las familias. Y, los que trabajan,
trasladar el motivo de su ausencia.
Todo es un caos alrededor. Debemos
armarnos de paciencia y resistir.


martes, 17 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (21)

[© A. C. G.] 

            Durante toda la noche cae la nieve. Así, cuando la voz del almuédano, antes de amanecer, convoca a la oración y despertamos, podemos observar la calle blanca, aún limpia de pisadas, bella, poderosamente amenazadora.
            Sin embargo, llegamos al aeropuerto sin incidencia alguna. Hay poco tráfico y la nieve continúa cayendo. Vemos alguna que otra máquina esforzándose en limpiar la autovía: gesto apenas perceptible, al son de la tormenta.

            Y nuestro temor se cumple: vuelo suspendido. Comienza la epopeya.

lunes, 16 de marzo de 2015

Crónica de una visita a "Centrifugados"


            Entre el pasado viernes, día 13 y hasta ayer, 15 de marzo, se ha celebrado en el Mercado de Abastos de Plasencia CENTRIFUGADOS, "Primer encuentro de literatura periférica", propiciado por el tesón y buen hacer del poeta José María Cumbreño.
            El sábado aproveché para acercarme a ver qué se cocía por allí y, sobre todo, con la intención de saludar y pasar un buen rato con los amigos Elías Moro, Luis Felipe Comendador, Antonio Rubio...; eso sí, iba limitado porque a las siete de la tarde debía estar de vuelta en Talavera por motivos que no vienen el caso. O sea, que había que aprovechar bien el tiempo. Y a fe que lo hice.
            Llegué a la ciudad a eso de las once y media. Aparqué el coche a poca distancia del Mercado y por la primera puerta que vi, entré en él. A un lado y otro, puestos de pesca, carne, fruta... Buenos días. Buenos días... (saludos con los tenderos a lo largo del pasillo). Durante el recorrido me encuentro con otras dos personas que, por las trazas, deduzco que van a donde voy. ¿También a Centrifugados?, les digo. También, me responden.
            En ésas, alguien nos indica que para acceder al gran salón donde se celebra el encuentro debemos salir del edificio y entrar por otra calle. Así lo hacemos. Unos cuantos peldaños y estaremos en este sancta sanctorum de la palabra durante tres días. De pronto, a mi espalda, una voz rotunda grita mi nombre. Me vuelvo y allí, a pocos metros, la primera alegría de la mañana: Elías y Luis Felipe compartiendo charla, coca-cola y café. Abrazos, saludos, y... adentro. Comienza el peregrinaje, contemplación y disfrute por los tenderetes de las distintas editoriales: La Luna de Mérida, La Isla de Siltolá, SBQ Solidario, Ediciones Liliputienses, Estugraf Impresores, A. C. Letras Cascabeleras, Ártese quien pueda Ediciones... Conozco personalmente a Marino González Montero y a Chema Cumbreño, y saludo a Antonio Gómez, a quien le recuerdo que nos vimos en una ocasión en Mérida, allá por el 84 u 85, cuando él editaba la colección Arco Iris, a la que me suscribí. Y el encuentro, afectuoso siempre, con Antonio Rubio. Café compartido con él en La Puerta de Tannhäuser y la sorpresa de tropezarnos allí con Maica (imperdonable mi despiste al no reconocerla), su hermana y Pedro Ojeda. Charla cálida, amena, acorde con el escenario de esta librería-café, tan bien montada y atenta siempre a novedades y lanzamientos editoriales. Vuelta al punto de encuentro. Lectura de la poeta argentina Irene Gruss. Impagable el haber podido escucharla recitar sus versos, a pesar del runrún de fondo (lástima las condiciones acústicas del local) que, en ocasiones, pareció desconcentrarla también a ella.
            A continuación, almuerzo. Y café en la plaza. La tarde soleada y agradable, propicia a la conversación. A las 17,30 h., el Taller de tuneo de libros impartido por Luis Felipe, que lleva varias muestras de tan curiosa tarea, a cual más interesante. Después vendrá la intervención de Juan Carlos Mestre, Jordi Doce... Y terminada la programación del día, imagino, continuará la fiesta entre cañas y charla: mucha charla; acaso, también, muchas cañas... Sin embargo, yo debo pensar en el regreso. Me despido de todos y tomo el camino de vuelta, cargado de libros y de afectos; convencido de que la poesía, a pesar de lo que muchos imaginen, sigue viva. Y aunque es muy probable que no sea un arma cargada de futuro, como asegurara Celaya, sí continúa siendo lugar de encuentro y mediadora de gozos y amistad.  

domingo, 15 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (20)

[© C. E. L.] 

Si Estambul, en sí mismo, es todo un mundo,
el Gran Bazar conforma otro universo:
calles y calles que se cruzan, tiendas,
cafetines, alfombras, mercachifles,
lámparas, paños, joyas, suvenires,
arcadas, fuentes, bancos, avenidas,
turistas que se muestran desde lejos,
mercaderes dispuestos al engaño:
«Tú mirar, tú mirar... ¿Cuánto me ofreces..?»,
prestos para iniciar el regateo.

sábado, 14 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (19)

[© A. C. G.] 

            Nuestro último día en Estambul. Mañana, a las diez, está previsto que nos recojan en la puerta del hotel para llevarnos al aeropuerto, donde embarcaremos rumbo a España. Decidimos —el grupo— tomarnos el día libre, que cada cual elija aquello que le plazca. Y así nos dividimos: unos, aún dispuestos a descubrir templos nuevos; otros, de compras; otros... decididos a encontrar el Acueducto de Valens. Yo formo parte de estos últimos. Así que nos separamos, no sin antes fijar una hora a la que encontrarnos para comer.
            Callejeamos con mucho frío y un sol nada agresivo, ideal para poner la luz perfecta en las instantáneas que disparamos. Con el plano en la mano, y alguna consulta a un par de transeúntes, llegamos hasta la puerta principal de la Universidad, ahora en obras. Hacemos fotos. Seguimos. Volvemos a preguntar. Por aquí..., por allá... Imperceptiblemente, comienza a llover. Es aguanieve, decimos. Y con la palabra aún saliendo de nuestros labios ya caen copos como puños. Se alojan en las ramas desnudas de los árboles, sobre los autos detenidos, en las estatuas, tejados, aceras y calzadas. Sopla un viento furioso, el frío arrecia y debemos buscar un café en donde guarecernos. Tomamos un té algo insípido mientras nuestros abrigos se secan y recobramos el aliento. Por momentos parece que la nevada ha pasado. Sin embargo, la calle ya está cubierta por un blanco manto, aún inmaculado. Salimos. Seguimos andando hacia el acueducto. Paramos en una mezquita. Hacemos nuevas fotos. Continuamos. Por fin desembocamos en el Bulevar Atatürk, y allí, a pocos metros, el acueducto se alza poderoso y paciente, en resistencia pasiva frente el tráfico que lo cruza bajo sus arcos.
            Nuevamente nieva. Lo hará durante todo el día y toda la noche. Comenzamos a dudar de si nuestro vuelo saldrá conforme a lo previsto. 

viernes, 13 de marzo de 2015

Presentación de "Para saber de mí" en Toledo



            El pasado día 11, tal y como había venido anunciando en el blog, presentamos en la Biblioteca de Castilla La Mancha (Biblioteca de El Alcázar) de Toledo, Para saber de mí. Ante un auditorio cálido y atento, rodeado de viejos amigos a los que tuve la suerte de volver a saludar, me arroparon en el acto, Miguel Ángel Pacheco y Santiago Sastre, dos poetas toledanos, a quienes tengo por amigos, que diseccionaron de forma amena, con precisión y claridad el libro.
            En primer lugar, habló Miguel Ángel, quien, tras los correspondientes agradecimiento a la Biblioteca, los asistentes y al que esto suscribe, por invitarlo, dijo de sí mismo que, actualmente, era un poeta en excedencia, y que si se encontraba allí debía de ser por la amistad que nos unía y no por la labor que desarrollara en compañía de las musas. A continuación, habló de Para saber de mí, y dijo esto:

       Quien aún no haya leído este libro pensará, con toda probabilidad, que quizá se trate de un conjunto de poemas/pista, de señales, de miguitas de pan que nos conducen a su autor. Posiblemente acierten, pero creo que su origen es bien distinto. Si no estoy equivocado, en realidad es Antonio el que quiere saber de Antonio.

       Como todos saben, en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos estaba escrita la máxima: "gnothi seautón" ("Conócete a ti mismo"), cuya autoría es atribuida a diferentes padres (Tales, Solón, Sócrates..., entre otros). Pues bien, cuando leí por primera vez el libro de Antonio no pude evitar recordarlo. Como verán, incluso el primer poema del libro también es un pórtico, como en Delfos, y en sus piedras está escrita una firme voluntad:

            traspasar el umbral de las palabras
            y caminar,
                             para saber de mí.

       Es por tanto este poemario un verdadero viaje interior (el único posible, según Rilke), un ejercicio de autoconocimiento. De alguna manera, este libro forma parte del templo de su "Yo". Parafraseando a Montaigne: "Antonio es la materia de su libro".
      
       Y en este viaje hacia sí mismo el poeta no puede elegir otro camino que la palabra. En el segundo poema nos dice:

              Nuevamente me entrego
              a la sed cardinal de las palabras.
              Saben de mí secretos que yo ignoro
              y que mis manos cantan.

       Y, ¿acaso conocerse no es sino la metáfora de una búsqueda? Como afirmara Julien Green "ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón". En esa búsqueda lleva Antonio muchos años. Referida a la poesía nos alumbra con los versos del tercer poema del libro, titulado precisamente "Búsqueda", y en el que confiesa:

                   ... un buen día, acepté de buen grado
                   que toda poesía la regalan los dioses,
                   y así, por más que alzase en mis manos el verbo,
                   de su arcilla no haría materia iluminada.

       En el libro encontramos muchos rastros de esa búsqueda, así: en el canto desafinado, en las calles recorridas mil veces, en el dictado de la lluvia,, en los libros hospitalarios, en los lunes sin urgencias ni arrebatos: en lo vivido.

       Y después de todo, ¿se ha encontrado el poeta a sí mismo?

       Sabemos que nuestros viajes interiores no terminan nunca. La búsqueda de nuestro yo es inagotable porque, por suerte, el hombre es un ser inacabado. Pese a ello, me atrevo a decir que buena parte de sí Antonio la ha encontrado en todo lo que ama. Finalmente, su "yo" estaba en los otros: en su familia, sus amigos, y, muy especialmente, en Carmen quien, como él mismo dice, es "inspiración y destino".

       El último poema, llamado "Anotación final"., es, para mí, mucho más que una nota, y expresa con exactitud todo lo que he querido decirles, dice así:

Para saber de mí, busqué mi rostro,
por detrás de mi rostro, en las palabras.

Me adentré en laberintos donde era
preciso desprenderse de las máscaras.

Ante mí mismo fui mi propio huésped,
y vi mi desnudez más desolada.

El amor me salvó frente a la muerte,
que ni claudica ni jamás descansa.

Hoy mi imagen coincide en el espejo
con la que el tiempo alienta y me arrebata.

       Permítanme acabar con una licencia facilona: creo que el libro de Antonio del Camino es también el libro del camino de Antonio.

       Muchas gracias.

            A continuación fue Santiago quien tomó la palabra. Extrajo de su cartera unos cuantos folios con diversas notas y se adentró en el libro, del que dijo que si la vida de un hombre es como un río, con sus distintos cursos, Para saber de mí venía a reflejar lo que sería el curso medio-alto, con aguas profundas y sosegadas. Habló del aspecto formal del libro y elogió la claridad de éste: muchas veces los poetas adornan con ropaje excesivo los versos, lo que no siempre juega a su favor, vino a decir.
            Mi lectura duró un cuarto de hora, tiempo en el que compartí con los asistentes trece poemas. Una vez más, como me ha pasado en otras presentaciones de este libro, me sentí a gusto, leí con calma y volví a emocionarme al llegar al poema que elegí, entre los dedicados a mi padre. Después firmé ejemplares del libro y, en esa tarea, recibí uno de los mejores regalos de la tarde: Se acercó a la mesa un hombre y me pidió que le firmara el libro. ¿Cómo se llama?, le pregunté. Ponga: "A un lector desconocido." Y a continuación: "Me ha gustado mucho. Esta tarde me he reconciliado con la poesía. " ¿Puede pedirse más?

Coda: Por último, y para mayor satisfacción, el diario LA TRIBUNA, dedicaba ayer su contraportada a la entrevista que me hizo Javier Guayerbas momentos antes del acto, y que también puede consultarse aquí.

Crónica Bizantina (18)

[© C. E. L.] 

Entramos al Bazar de las Especias,
ese templo de aroma y colorido
donde conviven dulces, hierbas, frutas
escarchadas, caviar, dátiles, mieles
de varia selección, delicias turcas
en atractivas cajas, azafranes,
ristras de ñoras, higos secos, pipas
de agua, aceites, cerámicas, conservas,
té, pimentones..., todo entre el bullicio
de tenderos, paisanos y turistas.

jueves, 12 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (17)

[© A. C. G.] 

         Con el cuerpo templado por el té y las estufas del Pierre Lotti, regresamos. Unos, de nuevo en funicular; otros, a pie. Volvemos a pasar cerca de la Mezquita y, ya noche cerrada, nos cuesta dar con la parada del bus que ha de devolvernos al Puente de Gálata. Allí, junto al embarcadero, probaremos uno de esos típicos bocadillos de caballa que tanto nos han recomendado, y que, en realidad, podríamos habernos evitado sin remordimientos, pues el manjar consiste en media pieza aceitosa, emparedada en un bollo de pan, con guarnición de cebolla cruda en cantidad ingente, y lechuga. Los establecimientos expendedores de tal exquisitez —barcazas con enormes parrillas, atracadas a lo largo de la ribera—, ante los que se concentran propios y extraños, trabajan sin descanso. Así, el humo pegajoso de las fritangas se expande por la zona y lo envuelve todo, y ese denso olor a pescado frito viene a ser otro argumento más a favor de que lo sensato hubiese sido pasar de largo y evitar la solemne tentación. Además, alguno, en vez de disfrutar del bocadillo, lo consume en arduo combate con espinas y escamas, y, no contento con ello, lo repite después durante buena parte de la noche. Aun así, ¿cómo nos habríamos sentido si, teniéndolo tan a mano, no lo hubiéramos probado? ¿Qué hubiésemos respondido si, ya en España, alguien nos lo hubiese ensalzado como antes otros lo hicieron? Ahora podremos hablar sobre ello con la autoridad que da la propia experiencia, y advertir al viajero que, entre las cosas esenciales que deberá probar en la ciudad turca, por mucho que se lo recomienden, no se encuentra el tan alabado bocadillo de caballa. Que no diga que no se le ha advertido. Luego, allá él. (O ella).

miércoles, 11 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (16)

[© Paco Brasero] 


En el Café de Pierre Lotti la vida
parece suceder en otro tiempo:
reina la paz en sus salones, donde
los parroquianos beben té y musitan.
Los del grupo, con risas y con bromas,
quebrantamos el cálido silencio
y nos acomodamos en los bancos
corridos que se adosan a sus muros.
Un gato, que dormita en uno de ellos,
bufa y maúlla al intentar moverlo.


martes, 10 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (15)

[© A. C. G.] 

            Toca esta tarde visitar El Cuerno de Oro. Aún no sabemos si lo haremos en ferrys o autobús; finalmente, como la lluvia no nos abandona, decidimos llegar por carretera. En la estación—una explanada junto al puerto, donde se concentran autobuses con diferentes destinos, todos desconocidos para nosotros— nos cuesta encontrar el bus 99A, con parada en Eyüp, el barrio donde se ubica la mezquita de mismo nombre, que, según leemos, es el tercer lugar de peregrinación más importante del Islam, tras la Meca y Jerusalén.
            Al bajarnos del autobús continúa lloviendo. Atardece, y hay poco ajetreo de gentes. Los puestos de telas, dulces y regalos que se extienden en los alrededores de la mezquita continúan abiertos y muestran un aspecto desolado y triste. De una atracción de feria, no muy lejana, nos llega música distorsionada, con cadencias árabes. Así, caminando bajo la lluvia, vamos hasta el funicular que cogeremos para subir al Café de Pierre Lotti, enclave privilegiado desde donde puede contemplarse el Cuerno de Oro en su totalidad. Durante el ascenso, de apenas unos pocos minutos, observamos el amplio cementerio que se extiende a un lado y otro de la colina y que, nos dicen, alberga tumbas de soldados alemanes caídos en la segunda guerra mundial.
          Ya arriba, pese a la lluvia, nos recreamos con las vistas, hacemos fotos, compartimos nuestra admiración. Después entramos en el Café para tomar un té y calentarnos. 


lunes, 9 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (14)

[© A. C. G.] 

Los gatos son los reyes de Estambul,
omnipresentes siempre en cada esquina.
Los hay blancos y negros, pardos, grises...,
y todos con gran porte de sultán.
Gatas preñadas andan sin recelo
por plazas, avenidas y bazares.
Ajenos a la lluvia y a los hombres,
no dan un paso atrás ni se amilanan.
Es como si supieran que el paisaje,
desde un tiempo anterior, les pertenece.



domingo, 8 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (13)

[© C. E. L.]

            Callejeamos rumbo al puerto en este día gris de chubascos y frío. Caminamos hacia el atracadero de los ferrys, que queremos tomar para pisar el continente asiático. El Bósforo, igual que el día, es de color ceniza. Por momentos, una niebla ligera se adueña de la mar y del paisaje. Ya en el ferrys, que no es uno de esos fletados expresamente por turistas, podemos observar a cuantas personas nos rodean: oscuros hombres de afilada barba, tapadas mujeres de mirada baja, jóvenes que hablan a voces, silenciosos ancianos... Otro día, con sol dorando el cielo, hubiéramos hecho el viaje en cubierta, atentos a la postal que a una y otra orilla se dibuja. Hoy, protegidos, hemos observado a través de los ojos de buey mezquitas a lo lejos, gaviotas fugaces, llovizna en los cristales.
            Ya en Asia, la lluvia arrecia. Decidimos volver. Y a ver qué pasa.    

sábado, 7 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (12)


[© C. E. L.]

Entramos en el mundo de Topkapi
—el palacio que fuera del sultán,
con sus grandes salones, sus jardines
y esa cárcel de lujo que es su Harem—.
En cada sala, toda la belleza
de Las Mil y Una Noches se desborda
en geométrica y pulcra alfarería,
en nácares, maderas nobles, vidrio...
Y hasta oímos la voz de Sherezade
por las estancias refiriendo historias. 

viernes, 6 de marzo de 2015

Presentación de "Para saber de mí" en Toledo



     El próximo miércoles, 11 de marzo, a las 19 h., me sentaré con los poetas y amigos Santiago Sastre y Miguel Ángel Pacheco en el salón de actos de la Biblioteca de Castilla La Mancha, en Toledo, sita en El Alcázar (Cuesta de Carlos V, s/n), con el fin de presentar Para saber de mí. Espero que la ocasión me brinde la posibilidad de saludar y reencontrarme con viejos amigos. 

     Desde hace días, en esta misma página (margen superior derecho), se muestra la invitación al acto, extensiva a cuantos puedan y deseen acompañarnos. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (11)

[© C. E. L.]

            Por la Istiklal Caddesi (Avenida de la Independencia) llegamos a la Plaza Taksim, centro neurálgico y comercial de la ciudad. Esta larga avenida peatonal, que también puede recorrerse en el tranvía que la surca, no es muy diferente de multitud de calles y avenidas de otras ciudades. Ya la he visto en Estocolmo y Copenhague, en Londres y París. Aquí están las mismas tiendas que en aquellas capitales, marcas que se muestran idénticas por todo el mundo; de ropa deportiva, moda, electrónica, informática...: Adidas, Nike, Lacoste, Burberry, H y M, Mango, Zara, Canon, Nikon, HP, IBM... Y a sus puertas, músicos callejeros, algún malabarista, puestos de castañas asadas, pobres que piden. La misma opulencia y la misma pobreza, las dos caras de un mundo que se encoge, que borra fronteras y que, lejos de avanzar y ser más justo, ensancha la distancia entre las clases favorecidas y los parias de la tierra. Istiklal Caddesi (Avenida de la Independencia) es la representación exacta de lo que, hoy por hoy, nos trae ese invento llamado Globalización.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Crónica Bizantina (10)

[En una de las salas del Palacio Topkapi]

En Estambul también estás conmigo,
como en Praga, París o Copenhague.
A tu lado descubro un mundo nuevo
de aromas y color, de luz y vida.
Y es grato respirar otros paisajes
contigo de mi brazo, y ver que fluye
alrededor la vida diferente,
ver que el mundo es también de otra manera,
aunque algunos se empeñen en volverlo
tan anodino y gris como ellos son.