Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Murales


                                                                                                                        © A. del C.


Grafitis con corazón
en paredes laterales,
obras de arte en los murales,
sorpresa del peatón.
El cómic, en su importancia,
se muestra con elegancia
y, al tiempo, se reivindica.
Tintín, todo un personaje,
forma parte de un paisaje
que con luz propia se explica.

martes, 29 de septiembre de 2015

La lluvia

                                                                                                                            © C. E. L.


La lluvia está presente
en el tiempo que dura nuestro viaje,
pero no es insistente
y pone en el paisaje
apenas un ligero maquillaje.

Es una lluvia fina,
cendal tan transparente y delicado
—caricia cristalina—
que alienta a nuestro lado,
y, casi, ni espejea en lo asfaltado.

Alza una luz distinta
—al compás del reloj que mueve el día—
en la ciudad, y tinta
con su melancolía
todo de sugerente poesía.

La lluvia también duerme,
y aunque el cielo se vista de marengo,
tras su cristal inerme,
renuncia a su abolengo
y tiende un puente al sol difuso y luengo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Viaje

                                                                                                                        © A. del C.


Un viaje: una postal
que se asoma en los recuerdos
y nunca será total.

Un viaje: ese recuento
de gentes, paisaje, vida...
que alienta con otro aliento.

Un viaje: una mirada
virgen para descubrir
otra luz no imaginada.

Un viaje: una canción
íntima que con el tiempo
respira en el corazón.

Un viaje: un despertar
a mundos insospechados,
a espacios por alcanzar.

Un viaje: ese camino
que muy dentro de nosotros
se suma a nuestro destino.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Las bicicletas

                                                                                                                © C. E. L.



Se amontonan aparcadas
en el parque. Me imagino
que harán de nuevo camino
cuando acaban las jornadas.
Junto a la estación del tren
conforman un gran retén
a la espera del jinete
que ha de surcar cada día
una doble travesía
al afán que le compete. 

viernes, 25 de septiembre de 2015

Crónica de Amberes

                                                                                                                        © A. del C.


El mismo contratiempo se repite.
Como en Grand Place, la plaza está tomada;
aquí, por un enorme graderío.
Hablo de Grote Mark, centro de Amberes,
donde pasamos el domingo, atentos
a toda la belleza repartida
por plazas, calles, puerto, mar, castillo.

Al detenerse el tren esta mañana,
recién llegados de Bruselas, vimos...
—qué digo vimos, admiramos— esa
serena y seductora arquitectura
de su hermosa estación, que, faraónica,
saluda la llegada del viajero
con algo de rotunda catedral.
Nos hemos dirigido desde allí,
caminando sin prisas, hacia el centro
de la ciudad. (La luz de la mañana,
entre dorada y gris, a su capricho,
ha puesto ese color que se supone,
por estas latitudes, en el día.)

Aún es pronto y la ciudad descansa,
y aunque hay tiendas abiertas y turistas
sedientos de instantáneas, se respira
una tranquilidad que, por la tarde,
se habrá tornado en viva marabunta.
Grandiosos edificios a derecha
e izquierda se suceden. Y almacenes
como antiguos palacios. Y una iglesia
que vemos desde fuera. Continuamos
hasta que descubrimos Grote Mark:
espléndida, armoniosa, sorprendente...
y oculta en su mitad por el tinglado
que se alza y nos impide contemplarla
en toda la extensión de su belleza.

Después hemos andado por el puerto,
hecho unas cuantas fotos al castillo
y al querer escapar de un aguacero
hemos dado en la iglesia de San Pablo,
con pinturas de Rubens y Van Dick.

Sin prisas, de regreso a la estación,
por la misma avenida que anduvimos
esta mañana, aún semivacía,
comprobamos la gran metamorfosis
que en estas horas ha experimentado:  
ahora es un espacio variopinto
con música y continuas bicicletas;
un espacio cerrado y concebido
para gozo y disfrute del peatón.

Ya tomamos el tren. En poco tiempo
Amberes queda atrás y, sin embargo,
se viene con nosotros, señalado
como otro lugar más al que volver.

(Acaso Grote Mark, si regresamos,
se nos ofrezca en toda plenitud.)

jueves, 24 de septiembre de 2015

Vuelo de ida

                                                                                                                           © C. E. L.



Abajo nubes. El vuelo
es tranquilo y relajado:
un crucigrama acabado,
un sudoku que niquelo...
Por fin, habla el comandante:
Bruselas está delante
y vamos a aterrizar.
Abróchense el cinturón...
Cuando se pare el avión, 
nosotros, a disfrutar.  

miércoles, 23 de septiembre de 2015

No al trasvase Tajo-Segura

La cuenca del Tajo unida.

Porque Europa nos debe escuchar. 

PÁSALO.

Viene muy a propósito el siguiente palíndromo: 

"Amar es reconocer el río: oírle, reconocerse rama".

Manolo Marcos  




martes, 22 de septiembre de 2015

Moules frites

[Imagen tomada de http://allomoulesfrites.com/]

Es por fuerza obligado
probar les moules frites en la visita.
Un sabroso bocado,
que, con cerveza, invita
a volver a tomar en otra cita.

El plato es bien sencillo:
consiste en mejillones al vapor
con apio en picadillo
y vino blanco por
darle buqué propio y superior.

Al tiempo, se acompaña
con patatas doradas y crujientes.
Las mismas que en España
se fríen en calientes
y oliveros aceites recurrentes.

A modo de cubierto
—conforme nos mostrara un buen paisano—
usan un semiabierto
bivalvo, con tal mano
que es de admirar su mérito artesano.



lunes, 21 de septiembre de 2015

Atomium

                                                                                                                        © C. E. L.


Metálica estructura que a lo lejos
se recorta rotunda contra el cielo;
acero suspendido sobre el suelo,
dédalo mineral que engendra espejos.

De cerca,  mastodóntico tinglado
que alberga actividad en su interior.
Representa un cristal de hierro por
un número brutal multiplicado.

A su lado hay un parque y paseamos,
aunque las nubes amenacen lluvia.
La tarde, que olvidó su luz más rubia,
ensaya tonos grises que ignoramos.

Y dejamos constancia de este día
en el fulgor de la fotografía. 

domingo, 20 de septiembre de 2015

A la selección de Baloncesto, campeona de Europa 2015

[Imagen tomada de as.com]

(Décima improvisada en homenaje a la selección de Baloncesto, campeona de Europa 2015, que ha vuelto a dar una lección de profesionalidad, pundonor y saber a cuantos [y fuimos muchos], tras su flojo arranque, llegamos a dudar de ella.)


... Y no es la primera vez
que logran lo que hoy han hecho,
el campeonato es un trecho
que exige de lucidez.
Por eso, los que dudamos
y dijimos: "no pasamos",
merecemos un castigo.
Esta selección responde
al final, y no se esconde,
pues es fiel siempre consigo. 

Maneeken Pis

                                                                                                                        © A. del C.



La estatua de un querubín
que orina sin descansar
aún sigue dando que hablar
de Londres hasta Berlín.
En una esquina micciona,
y al verlo me decepciona,
pues, aun con cierta belleza,
es menudo y rechonchete.
Ganaría el mozalbete
si miccionara cerveza.

sábado, 19 de septiembre de 2015

De la extensión del tiempo

Imagen tomada de la página de ACB.COM 


(A modo de homenaje a la selección española de Baloncesto, tras su victoria en la noche del jueves sobre Francia, y a raíz de una conversación con Paco Castaño, quien me preguntó: "¿Cuánto dura un minuto en baloncesto?", para, a continuación, invitarme a escribir un soneto a partir de ese endecasílabo. Dejo aquí el resultado final, después de pasar por unas cuantas versiones. Subido ayer a mi muro de Facebook.) 


                                 Para Paco Castaño,
                                 que me dio el primer verso.



¿Cuánto dura un minuto en baloncesto?
Y dieciséis segundos, ¿cuánto duran?
Y qué digo, un segundo si me apuran.
El tiempo juega a despistar en esto.

Se atrinchera en el filo del instante
y al extender la mano transfigura
su propia identidad. Por eso dura
un vértigo impreciso y fascinante.

Así, de la ventaja del sujeto
depende la extensión de ese minuto.
Para quien va detrás es diminuto.
Para quien va delante, mundo quieto.

Nunca será medida de sí mismo
al ser su duración puro espejismo.



                                             

viernes, 18 de septiembre de 2015

Los cisnes

                                                                                                                        © A. del C.


... Y con qué majestad posan los cisnes
ajenos al runrún de los turistas,
pendientes de sus cosas, lentamente,
por los caminos lentos del canal.

Qué viva y poderosa plenitud
transmiten desde el agua, qué elegancia
la que muestran a todos cuando trazan
ese número par que los define.

Parecen detenidos en el tiempo,
tal como están en la fotografía:
ese afán del viajero por fijar
la magia del instante para siempre.

Vedlos ahí, hieráticos. ¡Los cisnes!
¡Qué bien encajan en la luz de Brujas!

jueves, 17 de septiembre de 2015

Bombonerías

                                                                                                                © C. E. L.

Qué gran delectación      
estos escaparates
donde los chocolates
provocan la atención.
Mueven a la ocasión
Godivas seductoras,
formas embaucadoras,
eróticas figuras,
procaces esculturas
dulces y tentadoras.

                                                                                                                © C. E. L.

Mas al tiempo, digamos,
piensan en los menores
y, también seductores,
muestran otros reclamos.
De este modo observamos
tijera y alicate
hechos de chocolate,
y llaves y herraduras,
y tornillos... dulzuras
que aguardan el rescate. 

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Contigo de la mano por la ciudad de Brujas

                                                                                                                        © C. E. L.


Pasear y perderse por la ciudad de Brujas
contigo de la mano es vivir en un cuento.
Navegar sus canales y darse a la sorpresa
de una casa, un palacio, una torre, un jardín,
es un gozo impagable. Así hemos transitado
por la ciudad, sedientos de calma y armonía;
así hemos compartido otra luz en nosotros
y este rincón perdido en un lugar del tiempo
que, más allá del tiempo, permanece y renace
con cada amanecer, con cada asombro.

Sin prisa, y con los ojos como una polaroid,
recorrimos las calles de esta ciudad antigua,
ya nuestra en la memoria para siempre. De modo
que en la iconografía de villas visitadas
contigo, representa —junto a Praga, París,
Edimburgo, Santiago, Londres y algunas otras—
un lugar obligado al que volver un día,
un fragmento de edén donde asentar los sueños:
rincón sentimental donde la vida alienta
con una transparencia que en realidad no tiene. 



martes, 15 de septiembre de 2015

Plaza tomada

                                                                                                                        © A. del C.



La feria de la cerveza
—tan alegre, tan festiva—
nos robó la perspectiva
de esta plaza y su belleza.
Así, la naturaleza
que reside en su armonía
no entró en la fotografía
que en mil formas encuadramos.
Lo conseguimos por tramos...
y en tu memoria y la mía.




lunes, 14 de septiembre de 2015

A vueltas por Bruselas

                                                                                                                           © A. del C.




¿Quién pudo diseñar tanta belleza
en una sola plaza? ¿Cuál la mano
que trazara la planta y luego líneas
alzándose, tan gráciles, al cielo?
¿Y quiénes fueron los que levantaron,
piedra tras piedra, la ciudad; los altos
edificios, catedrales, palacios,
las luminosas plazas y jardines...?
¿Quiénes los artesanos, los canteros,
aquellos escultores abnegados,
los maestros de obra, los peones
moviendo piedras, sosteniendo el mundo?

Paseando la ciudad, uno quisiera
poder estar al lado de esos hombres,
darles las gracias por su enorme esfuerzo,
con ellos, celebrar tanta belleza.
Y uno agradece ese ejercicio raro
—porque no es muy normal que así suceda—
por el cual los vecinos de la villa,
a través de los siglos, protegieron
la vida de los viejos monumentos,
cuidaron con esmero del entorno, 
y no supeditaron al dinero
esta ciudad resuelta en armonía.

Hoy nosotros, turistas, contemplamos,
asombrados, la plaza: las agujas,
que sobresalen, de su ayuntamiento,
las estatuas, los arcos, los dorados...,
toda esa exuberancia desbordada
en el gran corazón de la ciudad.
Y apreciamos la fuerza de la piedra
labrada, la belleza que se queda
prendida en nuestros ojos para siempre
y en nuestra casa, la memoria, un día
recobra con precisa perspectiva
para hacernos volver a este lugar.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Tren en Bruselas

                                                                                                                            © C. E. L.


No sabemos si los trenes
llevan nuestra dirección.
No entendemos su canción
al parar en los andenes.
Pero, en esta tesitura,
apostando a la aventura,
nos subimos en el tren.
Se pone en marcha y marchamos.
Qué más da hacia dónde vamos
si estás conmigo también. 


sábado, 12 de septiembre de 2015

Estatua ecuestre

© A. del C.


(Hay veces, cuando se ha pateado mucho la ciudad que visitamos, en que, acaso por cansancio, pasamos por momentos de cierta indiferencia ante lo que se muestra a nuestro ojos. Así el descubrimiento de esta estatua ecuestre -al fondo- que, a la postre, resultó representar a Alberto I)

Ese señor montado en un caballo
no sabemos quién es.
No hay rastro de su nombre en la escultura
ni tampoco en el pie.

Yo te he dicho, con sorna y sin pensarlo,
que es un rejoneador.
Acaso sea un rey, un general
o algún libertador.

Contempla la ciudad desde su altura
y vive en un jardín.
Pasamos a su lado y lo dejamos
posando tan feliz.

Cuando estamos ya lejos de su alcance
me digo: ¿Quién será?
¿Algún prócer, quizás?  ¿Un gobernante
que tuvo la ciudad...?

He de buscar en google maps, o buscas
—si te parece— tú.
Seguimos a lo nuestro. Llueve a veces
y el cielo no es azul... 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Los que vienen de fuera (*)





Desde el país de la desolación y la desesperanza sueñan con una tierra de provisión. Una tierra en la que desertar de la pobreza y en donde el sol de cada día suponga nuevos signos. Por eso se disponen al viaje, aun a sabiendas del riesgo que supone una partida clandestina contra lo ya dispuesto y legislado. Y por eso se arriesgan y se embarcan en cáscaras de nuez, en condiciones límite que no siempre —por lógica y desgracia— consiguen superar.
Dejan atrás esposas, padres, hijos… amigos que también aguardan su momento. Y entregan sus ahorros —sus únicos ahorros— a los que, sin escrúpulos, les vienen a mentir una vida más clara. Después, abandonados a su suerte, en las manos del mar, a la deriva, acaban arribando en una playa oscura, desnutridos o enfermos… clandestinos. Otras, el propio océano se ocupa de cerrar su camino y, al cabo de los días, los devuelve sin rostro y sin mañana.
Los que alcanzan la orilla prometida tampoco serán libres. Habrán de ver el rostro de otros hombres que mirarán sus rostros con recelo y serán siempre —o casi siempre— los que vienen de fuera, los desterrados de sí mismos, que acaso en los rincones del invierno recuerden con nostalgia desolada la tierra de sus padres. 


(*) La presente entrada fue también la tercera entrada que subí al blog, el 14 de enero de 2009. Duele pensar que desde entonces las cosas, lejos de mejorar, han empeorado hasta insospechadas cotas. Y es que, me temo, los grandes intereses, fanatismos, intolerancias y afán de poder a costa de los débiles no tienen límite en el corazón de quienes no tienen corazón.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Un alto, una cerveza

© C. E. L.

Recién regresado de Bélgica, donde hemos disfrutado de unos maravillosos días, rememoro ese gran patrimonio del que disfrutan: su cerveza. Mientras escribía el soneto, sentía una vez más el regusto delicioso de esta bebida, que es, con toda justicia, orgullo nacional.



Después de una mañana agotadora,
con los ojos cargados de belleza,
apetece beber una cerveza
para apagar la sed que nos devora.


Quizá en una terraza, si no llueve,
o al calor protector de una taberna
con solera, mejor que una moderna:
también cuenta el lugar donde se bebe.


Es un placer, al que uno no resiste,
ver la copa dorada, el denso giste,
y dar un breve trago sustantivo.


Después, mientras reímos y charlamos,
degustar su amargor, seguir los tramos
que en el cristal dibuja su albor vivo.


Y así apagar la sed, cuya fijeza
nos empuja a otra copa de cerveza.