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jueves, 28 de enero de 2016

Cata

[Imagen tomada de aquí]

Descorcho una botella
de vino. Lentamente,
adentro la espiral
del sacacorchos, y
asalto la muralla
que defiende la roja
y pura maravilla.
Salvado tal escollo,
con mimo alzo la copa,
vierto con lentitud
el néctar de las uvas,
y, armado de armonía,
desplazo en espiral
la luz oscura por
el lecho transparente.
Así, al contacto con
la atmósfera, el cristal
se inunda de matices
y desprende el aroma
que lo hace diferente
a cualquier otro vino.
Después, por mis papilas
gustativas, lo siento,
aprecio su potencia,
su peculiar sabor,
su exacta identidad.

Del mismo modo ocurre
también con el poema.
Desnúdalo. Derrama
su esencia sobre ti.
Degústalo con calma.
Y, si al final, te agrada,
anota su cosecha,
el nombre del autor,
su claridad, su fuerza.
Y comparte tu sed.

4 comentarios:

  1. Querido poeta, descorchar una botella de vino es siempre abrir al aire un poco de sabor y esperanza. Una invitación al gozo, como tu poesía. Un fuerte abrazo.

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    1. Un gozo es también saber que al otro lado hay afectos y complicidades como los que tú ofreces.

      Un fuerte abrazo también para ti.

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  2. Estupenda metáfora, Antonio. Sin duda era por esto por los que algunos han hablado del don de la ebriedad. O del barco ebrio... Ahora mismo abro un libro de poemas y me sirvo una copa. Abrazo.

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    1. Ya ves, Alfredo, toda excusa es buena para acabar abriendo una botella y leyendo un poema. Incluso metáforas tan peregrinas.

      Un placer la visita.

      Doble abrazo.

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