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miércoles, 13 de enero de 2016

El terror, otra vez


[Imagen tomada de la edición digital del diario Público]


Ayer, apenas enterado del atentado en pleno centro de Estambul, ciudad que tuve la suerte de visitar hace cerca de un año, escribí este poema "con las tripas" y lo subí a mi muro de Facebook. Hoy lo dejo en el blog, sin quitar ni poner una coma, con el mismo asombro e idéntica incredulidad ante atrocidades como esta. 

Un atentado nuevo ha desolado
Sultanahmet. Las bombas, nuevamente,
el terror desbocado en las aceras,
el odio empaquetado en la metralla
para sembrar la muerte sin sentido.

Un hombre, una mujer, un niño... pasan
por una plaza donde la luz fulge,
y hay hermosas mezquitas, y la vida
se desarrolla en armonía y paz.
Y, de repente, todo se estremece,
revienta el tiempo en un gran estallido
y se dispersa el fuego, la amalgama
de hierros, clavos, tuercas y tornillos:
elementos sencillos que así sirven
para segar la vida: cualquier vida.
Todo en nombre de un Dios, que, sin embargo,
en caso de existir, repudiaría
el execrable hecho de matar.

                                                   Las cosas,
irremediablemente, son así.
Y el mundo se estremece. Se estremecen
el hombre, la mujer, el niño... todos
cuantos con buena voluntad caminan
con las manos abiertas por la vida,
dispuestos al abrazo, y no conocen
la espoleta del odio que ahora emplean
los que, ajenos al Dios por el que matan,
se empeñan en sembrar desolación.

Un atentado nuevo en pleno centro
de Estambul, esta vez. Mañana, dónde. 

3 comentarios:

  1. Mañana, en cualquier parte, Antonio. Hace tiempo que, rodeados de fanatismos infatigables y cada vez más irreductibles, vivimos todos a la intemperie. El mundo se ha vuelto explosivo. Y no está nada claro cómo se puede desactivar la amenaza global. Tal vez lo único que podamos hace es seguir esgrimiendo palabras contra bombas, como aquí tan serenamente haces. Y confiar en que algún día alguna de esas palabras penetre en las conciencias minadas donde el terror es la única ley.

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  2. No estoy muy de acuerdo con el anterior comentario. Las palabras deben ir acompañadas de hechos. Fanatismo son las rebajas, el ánimo de lucro a cualquier "precio", el Sálvame Deluxe y el opio que es el fútbol, por poner unos ejemplos que entendamos todos. Sobran las palabras y faltan los valores. No digo que estén mal dichas las palabras (el poema es perfecto) ni el comentario. Opino que ese final "penetre en las conciencias minadas donde el terror es la única ley." nos exime de una culpa que creo tenemos.

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  3. Bien venido al desacuerdo, Miguel Ángel. Me parece que comparas magnitudes no equiparables, ni simbólica ni objetivamente. Y, por supuesto, eres libre de sentirte culpable por sucesos así. No es mi caso. Todo está relacionado con todo, pero habrá que tratar de establecer algunas diferencias si no queremos caer de lleno en la con-fusión. Además, las palabras nunca sobran y, a su manera, son hechos.

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