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viernes, 15 de enero de 2016

Morerías

[Imagen tomada de la página de Facebook de Ediciones Liliputienses]

            El 12 de enero de 2012, en este mismo espacio, acusaba recibo con este soneto de 99 Morerías, de Elías Moro; librito delicioso, numerado y encuadernado mediante gusanillo, en el que se recogían 99 chispazos, reflexiones, metáforas (o greguerías) de este autor vallecano, afincado en Mérida desde principios de los ochenta. Noventa y nueve miradas a la vida para ofrecérnosla como sólo un poeta puede hacerlo: con esa pura desnudez capaz de sugerir, más que mostrar.  
            Cuatro años después, día arriba, día abajo, en mi buzón me vuelvo a encontrar con el amigo y sus Morerías; en esta ocasión, vestidas con la elegancia y sencillez (preciosa esa portada con la imagen de una ciudad mítica para Elías, como es Lisboa) que aporta la edición liliputiense, al cuidado del poeta José María Cumbreño. Con respecto a aquella primera muestra, ésta viene crecida. Sin haberlas contado, diría que acaso se haya ampliado hasta las trescientas Morerías, o así, sin que por ello la agudeza, sutilidad, belleza, precisión y sentido del humor que caracterizaba la edición de 2012 se haya visto afectada.
            Abro al azar el libro entre las páginas 48 y 49, y leo: El jardinero es un Abraham de la hierba: la hace crecer y luego, inmisericorde, la corta. Y sigo leyendo: El traductor es un contrabandista amable de lenguajes e idiomas. O: Ataúd: submarino de madera bajo tierra con un solo tripulante. Y aún más: La ardilla es una ratita presumida con cola de visón.
            Da igual a qué página nos asomemos, por dónde comencemos a leer. De principio a fin iremos viajando por un territorio que, aun conocido, sólo nos puede ser realmente revelado por la manera de mirar de Elías, que ajusta, a cada vericueto del camino, la palabra exacta, la claridad más pura, la Belleza (escrita con mayúscula).  

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