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miércoles, 27 de enero de 2016

Oficio de tinieblas

[Imagen tomada de aquí]

... Y luego está el azar: esa palabra
que no estaba en capilla y amanece
entre los dedos, y de pronto encaja
con la debida precisión. Su signo,
no sabemos por qué, se nos concede
desde un rincón oscuro que llamamos
inspiración, a veces; y que en otras
ocasiones es fruto del trabajo,
de un tesón esforzado que nos lleva
a exprimir la memoria y el deseo.
Y ocurre que, encontrada la palabra,
ordenada en el verso, todo adquiere
belleza y armonía: luz poblada
de un halo de misterio, suficiente
como para explicar lo inexplicable.
Y sin embargo, apenas esa luz
ha alumbrado el camino y nuestras manos
perciben su fulgor, se hace pequeña,
de modo que es preciso regresar
en pos de un nuevo verso, de otra voz
capaz de iluminar hacia el futuro.
Y en ese afán, pacientes, nos movemos:
entre tesón, azar y epifanía.

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