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miércoles, 20 de enero de 2016

Para saber de mí en Librería Hydria

[© C.E.L.] 

            El pasado día 16, como quedó anunciado en esta bitácora, en compañía de Francisco Castaño y Mario Pérez Antolín, presentamos Para saber de mí en Librería Hydria, de Salamanca. Fue un acto íntimo, con pocos asistentes pero con la suficiente complicidad como para que el tiempo que dedicamos a la lectura resultase grato.
            Mario trazó unas líneas maestras sobre el libro, destacando de él la importancia de los afectos y la voluntad de claridad que hay en los poemas, y como la amistad suele ser generosa y excesiva, derrochó elogios de los que abruman a quien los recibe.
            Paco, por su parte, presentó el libro con el romance que, con su permiso, dejo a continuación. Creo que todo cuanto pueda decirse sobre Para saber de mí está recogido con precisión y generosidad en este texto en perfectos octosílabos, a cuya lectura animo. 

Gracias por estar aquí,
En esta tarde de invierno,
En la librería Hydria,
Donde no hace mucho tiempo,
Apenas unos tres meses,
Presenté mi libro nuevo,
Con titiritera y clásico
Como críticos maestros,
En este mismo escenario,
En el que siempre me siento
Como en mi casa (los libros
Tienen buena culpa de ello
Y el modo en que nos acogen
Tan solícitos libreros)
Para acompañar a Antonio
Del Camino en el aprieto
De dar noticia de sí
Desafiando al misterio.

Me toca lo más difícil,
Aunque es lo que da más juego,
Porque Antonio me ha traído
Aquí para convenceros
De que bien vale la pena
Haber venido a este evento
Y llevarse el libro a casa,
Y ya que está allí, leerlo.
Y lo hago con mucho gusto,
(En realidad, exagero,
Antonio no me ha traído
Con ningún afán avieso,
Sino para que haga gala,
A la vez que me deleito
(Como hiciera hace unos años
Con Novelty, el hostelero,
Cuando me puso en el brete
De cargar con sus (h)aceros),
Presentando un libro suyo
Como debe ser: en verso.

Es Para saber de mí.
Y en su pórtico leemos
Que la labor de este libro
Viene de un largo silencio.
Pero ese callar no quiere
Decir que haya estado ajeno
A las trampas de la vida
Y a lo que tiene de bello.
Su mirada no callaba
Si callaban sus cuadernos.
Esa mirada de asombro
Como un renacido aliento,
Como esos pasos seguros
Que marcan su propio tempo
En las huellas del camino
Para llevarle más lejos,
Sorteando las celadas
Y los vaivenes del tiempo,
Hasta volver, como vuelven
Los que en su día salieron
De su mundo hacia otros mundos,
Más sabios por más intrépidos,
A vivir en las palabras
De las que siempre fue dueño.
Esa mirada, decía,
Son las alas de este vuelo.

Y vivir en las palabras
Es también estar atento
Al regalo de los dioses
Y aceptarlo sin recelos,
Alimentado la llama
Que ilumina los secretos,
Y alienta las golondrinas
Que anidan entre sus dedos,
Y es intentar darle forma
Ajustada a sus anhelos.
Es una búsqueda a tientas,
Hasta que sale al encuentro
Una realidad de signos
En el límite del sueño,
Con voluntad renovada
Y con un afán inédito
De hacerse voz y latido
En la promesa de un cuerpo.

Y todo para saber
De sí, peligroso juego,
¾El conócete a ti mismo
Del oráculo del griego,
Pero sin ser exhaustivo
Ni convertirte en experto¾
Donde es fácil hacer trampa
Cuando se mete por medio
La vanidad de quien puede,
Porque sabe, hacerlo en verso.
Pero ése es vicio que elude,
No por pecar de modesto,
Sino porque jugar limpio
Da más placer que no hacerlo.
Decía que juega limpio,
Porque además de discreto
¾Que es el que sabe expresarse
Con agudeza e ingenio¾
Es un poeta cordial,
Lo que es raro en este gremio
¾Este genus irritabile
Vatum que con tanto acierto
Vino a definir Horacio,
Y del que sobran ejemplos¾.

Y esa su cordialidad,
En la que todos cabemos,
Crece al paso de los días
Como un amoroso fuego
Que calienta e ilumina
Para que podamos vernos
En su infancia, que es la nuestra,
O en su dolor, que es el nuestro.
Porque al paso de los días
No elude ni lo más tierno,
Ni lo más áspero y duro
Con que nos castiga el tiempo.
Pues su alquimia del dolor
Lo ha transformado en venero
Donde las palabras son
Las aguas de ese arroyuelo 
Donde los clásicos bañan
Sus penas y sus tormentos.

Pero también de la vida
Nos habla como de un premio
Que hay que saberse ganar
En conjura frente al tiempo.
No esquiva su pluma nada
De lo malo y de lo bueno,
Porque aprendió de su padre
Que sólo nos merecemos
Aquello que hacemos bien
Sin engaño y con esfuerzo,
Sin pedir factura a cambio
Y con sencillez y esmero.
Los poemas de este libro
Son el fruto de su ejemplo.

Donde no falta el amor
Como penúltimo aliento,
En cuya cálida noche
Es derrotado el invierno,
Donde el cuerpo es manantial
De delicado sosiego,
Que alcanza su dimensión
De compartido embeleso
En arriesgada sextina,
Lo que es hazaña de mérito,
Porque Antonio también juega
Cuando se pone más serio.
¡Qué bien le sienta al amor
Este retórico exceso!
Y no vayáis a pensar
Que por correr estos riesgos
Formales y, pese a todo,
Salir indemne de ellos
Sin apenas un rasguño
Metafórico y poético
Amparado en su maestría,
Este es un libro perfecto.

Antonio es un buen amigo
Y nos trata con respeto
¾Como le ha tratado a él
Y a los frutos de su estro
El buen amigo editor
Que puso todo su empeño
En confeccionar un libro
Tan cuidado como bello¾
Y sabe bien por los clásicos
Que la perfección es muermo
¾Ese lunar, esa arruga,
Hacen al rostro más bello¾
Que en lugar de dar placer
Nos mata de aburrimiento
Y nos deja sin razones
Para seguir escribiendo
¾No la ven con buenos ojos
Ni los rancios académicos¾.

Así su delicadeza
Nos deja que naveguemos
Por la verdad de su libro
Con nuestro propio aparejo
¾Lo que han hecho desde siempre
Los poetas que queremos
Porque han sabido dar forma
Y voz a nuestro silencio¾.
Y así también en la voz
De sus poemas podemos
Recrear la bagatela
Que se dice peso muerto
Para darle nuevas alas
Con que unirnos a su vuelo.

Y de esas alas, en vilo,
De sus poemas, os dejo,
En esta ya casi noche
De este sábado de enero,
En mi ciudad (que no sé
Si lo fue o lo sigue siendo,
Pero a la que, enhechizado,
De cuando en cuando regreso)
Tras cumplir con mi deber,
Sometido a los preceptos
De amistad, rima y razón,
Sin demasiados tropiezos.

Y en la que también vosotros
Podréis emprender el vuelo
Hacia vuestro propio abismo,
Alentados por los versos
Con que Antonio nos regala
Para sabernos en ellos.


[© del Romance: Francisco Castaño] 



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