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miércoles, 6 de enero de 2016

Por eso escribo

[Imagen tomada de aquí]


Para llegar a comprender escribo.
Para que me rescaten las palabras
ordenadas de acuerdo con su música,
ordenadas de acuerdo con un código
necesario, que ignoro de antemano.
Escribo para llegar a comprender
lo que de otra manera no sabría,
lo que mis ojos y mis manos,
a pesar de saber, nunca sabrán
decirme con la misma precisión.
Escribo para alzarme en un espejo
de palabras, acentos y oraciones.
Para llegar a mí: la única forma
de poder confluir con los demás.
Y cada intento de escritura es siempre
un viaje hacia una tierra indefinida,
un caminar sin rumbo, aunque al acecho
de exactas coordenadas. Desde el mismo
instante en el que escribo la primera
palabra del poema, no hay posible
camino de regreso. Y nunca sé
si alcanzaré un lugar hospitalario
o en la vaguada de un pronombre —tuyo,
pongamos por ejemplo— quedará
varado mi deseo de saber.
Por eso siempre, aunque pase mil días
lejos de la palabra, me desando
y vuelvo a la escritura, y me sumerjo
otra vez en su música, y me dudo,
y ensayo laberintos, y al fin tengo
el poema ante mí, con sus preguntas,
dispuesto a caminar ajeno, a solas,
llevándome con él y, al mismo tiempo,
ignorando quién soy, pues busca dueños
diferentes a quien ahora lo arropa
para que salga al mundo y dé respuestas
que sin él no tendré. Por eso escribo. 
   

4 comentarios:

  1. Escribir ayuda a pensar el mundo y a hacerlo más extenso, querido Antonio.

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  2. Muy cierto, Pedro: pensar el mundo, pensarnos... sin saber muy bien si llegamos a algún sitio o viajamos en una espiral continua entre el mundo y nosotros. Al fin, para comprender que no es el lugar al que vamos lo que importa, sino el viaje mismo.

    Un abrazo.

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  3. Uf, cómo me gustaría poder explicarlo así: Y nunca sé
    si alcanzaré un lugar hospitalario
    o en la vaguada de un pronombre —tuyo,
    pongamos por ejemplo— quedará
    varado mi deseo de saber.

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    Respuestas
    1. Gracias por la lectura, María Ángeles. También a mí me gustaría poder escribir esas columnas tuyas, tan agudas y bien atinadas.

      Un abrazo.

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