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martes, 22 de marzo de 2016

Del silencio y su afán



Tu silencio no sabe de elecciones
y sí de laberintos y fronteras.
Desnuda el mar de luz, y arde en la espuma
imprecisa y arcana de los sueños.
Tu silencio —que abarca hasta el abismo
que le niegan tus manos— se levanta
por encima de ti cuando te dicta
un idioma tenaz e indescifrable.
Tú batallas contra él con las palabras
que de niño aprendiste; lo acorralas
hasta que se repliega y vuelve el mundo
a vibrar, en campanas traducido,
en alas y alazanes: pasajeras
victorias, como huellas en la arena. 

3 comentarios:

  1. Fructífero el silencio, tan improbable en nuestro mundo, tan doloroso cuando es un castigo o una prohibición o una pérdida, tan inmenso y acaso trágico como paisaje mental. Tan necesario, tan relajante, tan odioso... Silencio que es origen y destino, tal vez nuestra primera y última condición. Cuántos, en fin, sonidos en la palabra que al sonido niega, supuestamente (porque hasta las ondas gravitacionales han venido a demostrar que, del mismo modo que la nada no es el vacío, acaso el silencio nunca lo sea del todo... 🤓). Hermoso poema, Antonio, pone en marcha un buen puñado de voces. Un abrazo (con doloroso corazón bruxelense).

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    1. Me alegro de haber publicado el poema, Alfredo, sólo por el placer que me ha producido la lectura de tu comentario (y de su correspondiente coda). El silencio: un concepto cargado de matices y armonías. Una vez más, gracias. ¿Podremos vernos esta semana santa?

      Un abrazo.

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  2. Queso de roedor: donde dice "palabra que al sonido niega", debe leerse "palabra que al silencio niega". Que conste.

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