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miércoles, 16 de marzo de 2016

Río inalterable


[Joachin Patinir: El Paso de la Laguna Estigia. Museo de El Prado]

Escribo una vez más del paso de las horas,
del río inalterable que es el tiempo,
de esa alta dictadura que gobierna
la vida hasta el silencio.
En ese laberinto de latidos
se cifran nuestros sueños,
los fracasos también, 
las ilusiones,
el amor y el deseo.
Así pasa la vida,
sin descanso:
fuimos, somos, seremos...
hasta ser sólo nada,
olvido, polvo,
cifra,
distancia,
cero. 

4 comentarios:

  1. Ningún tono poético tiene la fuerza emotiva que tiene la elegía; somos polvo y alguna vez fuimos también polvo enamorado. Hermoso poema, querido amigo, y una alegría siempre recorrer tu lírica. Abrazos.

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    1. Gracias, amigo, por la visita y tus palabras. Sabes que el encuentro gozoso en el poema es mutuo.

      Un abrazo.

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  2. Poderosa metáfora la del río (aunque algunos ríos "reales" lo tengan más crudo). Me gusta cómo se va adelgazando el poema, en significativos meandros, hasta su desembocadura en el "cero", cifra que lo acoge todo. En curiosa coincidencia, tal vez "casualedad", esta mañana escribía en mi diario sobre lo que pudo suponer el uso de esta cifra en la matemática occidental: lo veía como una especie de aerolito que vino a potenciar la dimensión imaginativa de los cálculos algebraicos. Sugerencias, si duda, estas también, «del paso de las horas» (confiemos en que el de la Laguna Estigia nos quede aún lejos, aunque bien sabemos que "Caronte aguarda"). Celebro que hayas retornado al blog con nuevos bríos Un abrazo.

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    1. Ya lo creo que hay ríos "reales" que lo tienen más crudo: a las pruebas me remito (aquí, cara de enfado). Lo del adelgazamiento del poema, que, visualmente, una vez terminado, me gustó, fue pura "casuelidad", como tú apuntas.

      Interesante lo que comentas en torno al cero y las matemáticas. Respecto a la Laguna susodicha y el tal Caronte..., como decía el chiste, "que vivan... pero que vivan muy lejos."

      Ya sabes, Alfredo, que esto del blog a veces va por rachas. Digamos que febrero ha sido mes de vacaciones, que uno, afortunadamente, puede cogerlas sin pedir permiso a ningún jefe (guiño cómplice).

      Un abrazo.

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