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martes, 19 de abril de 2016

La visita que llega

[Vanitas con tulipán, calavera y reloj de arena, de Philippe de Champaigne. Imagen tomada de aquí]

La muerte que va conmigo
me alimenta con la vida;
negándome otra salida
me ofrece casa y abrigo.
Y yo, a mi pesar, la sigo
porque no hay escapatoria:
mi vida tiene memoria
de la muerte que me aguarda;
si está próxima o se tarda
forma parte de otra historia.

4 comentarios:

  1. Así, de pronto, me parecía estar oyendo a Martín Fierro, en uno de sus bien cabalgados soliloquios rítmicos, de los que no sabemos qué nos atrae más, si la música tan bien templada o la elegancia del sentido común. Pero después caigo en la cuenta, y la ilustración lo realza, de que estamos en pleno barroco, con la lucidez que siempre aportan unas décimas de fiebre. Un clásico, Antonio, eso es lo que sos. Y bien que lo disfrutamos. Un abrazo admirado.

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  2. A veces pienso, Alfredo, que Calderón, Lope o Quevedo me visitan y en ocasiones veo muertos. En el muro de Facebook, donde he dejado enlace al blog, lo he hecho con estas palabras: "En ocasiones uno piensa en la visita que llega, y casi se traslada a la época de nuestros clásicos. No se me tenga en cuenta."

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  3. Unos pocos versos para decir tanto...

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    Respuestas
    1. La décima, Benja, es estrofa que siempre me pareció que invita a filosofar, y, de igual manera, invita a la humorada y el requiebro. Cuando le da por fluir con cierta naturalidad resulta contundente y atractiva. Espero que ésta haya salido a la calle con la vestimenta y galas adecuadas. Un abrazo.

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