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sábado, 23 de abril de 2016

Libros hospitalarios



     El 13 de enero de 2009, recién montado este chiringuito, con el título De libros y lecturas, publiqué una primera versión del poema que, con el título definitivo de Libros hospitalarios, apareció en Para saber de mí. Hoy, Día del Libro, me parece oportuna su recuperación:  

                                         Para Alba y María, 
                                         lectoras incansables.

Vine a vosotros muchas veces desde 
que descubriera, al filo de mi infancia, 
que el mundo entero estaba en esos hilos 
de tinta que conforman las palabras. 
Con vosotros crucé selvas y mares
en los que mil peligros acechaban; 
supe de dioses, héroes y titanes, 
de brujas, de dragones, de madrastras.
Anduve en los desiertos y en los polos, 
conocí bucaneros y piratas, 
caballeros andantes, dulcineas, 
islas perdidas en perdidos mapas. 
Y cuando fui asomándome a ese espacio 
donde la vida, en serio, me aguardaba, 
siempre encontré consuelo a vuestro lado: 
un consejo, un camino, una palabra... 

Vuelvo a vosotros muchas veces. Siempre
me encuentro a buen cobijo en vuestra casa.  
                                          



4 comentarios:

  1. Tú lo pusite en verso, yo lo he hecho en prosa, Antonio. Pero el resultado es el mismo: amor por los libros y la lectura. GBran abrazo, amigo.

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    1. Así es, Elías. Ese amor por los libros que nos salva, nos ayuda a vivir y, ojalá (yo creo que sí) nos hace mejores. Ansío echarme a la cara a ese forastero que desenfunda.

      Un fuerte abrazo, muy leído y con guiño cómplice.

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  2. Sin duda, los libros son un refugio y una especie de bálsamo de Fierabrás, pero también nos marcan el paso del tiempo. Cuando me acerco a un libro que creí haber leído hace nada y miro la fecha de la edición, me doy cuenta de que hace ya veinticinco años que lo leí. ¡ Que caramba! que poco tiempo tenemos. Hermoso poema el tuyo.

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    1. No podría estar mejor dicho, Benja. Me gusta lo del bálsamo de Fierabrás aplicado a los libros (hoy, además, viene que ni al pelo), y es verdad que lo de asomarse a su fecha de edición nos confirma que el tiempo no se para. En fin, gracias por la lectura.

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