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domingo, 8 de mayo de 2016

Presentación de José Regalado

[© Barri] 

Traigo aquí, para el visitante curioso, la presentación que me hizo el amigo José Regalado, el pasado jueves, en el Aula de Poesía Joaquín Benito de Lucas. Una vez más, dejo constancia de mi agradecimiento por su exhaustiva tarea y su amistad. 


UNA LECTURA DE LA POESÍA DE ANTONIO DEL CAMINO


Quisiera indicarles a ustedes, en primer lugar, que la siguiente presentación se concibe como las reflexiones de un lector objetivo ante el texto poético. 

Empecemos por preguntarnos: ¿Cómo es la poesía de Antonio del Camino? Es esta una pregunta retórica cuya respuesta ya muchos de ustedes saben, puesto que conocen sobradamente al poeta. Se trata de una poesía lírica intimista, en la que tiene cabida la reflexión sobre el ser humano. Y no hay contradicción en ello, porque en la buena poesía el proceso de búsqueda del yo nos lleva inevitablemente a los otros y por tanto a la indagación acerca de lo esencial de la condición humana. La poesía de Antonio es, además, una poesía de un excelente cuidado de las formas y de la expresión poética. 

La etimología de la palabra poesía nos conduce al vocablo griego poiesis, que significa creación y expresión de la belleza. El poeta es, por consiguiente, creador de belleza. Los antiguos lo consideraban también vate, es decir, aquel que tiene capacidad para desvelar el misterio, para descubrir lo oculto, para revelar lo porvenir.
 
De modo, que poeta es aquella persona dotada de una sensibilidad especial, dotada de la capacidad de ver más allá del envoltorio material de las cosas y crear algo nuevo, desvelando la belleza y el sentido íntimos de la realidad. 

De ahí la búsqueda constante del poeta, una necesidad de conocer el mundo y de reconocerse en él a través de las emociones y de los sentimientos más esencialmente humanos: los universales del sentimiento los llamaba otro Antonio, Antonio Machado, es decir, sentimientos universales que giran en torno a los grandes asuntos de la vida humana (el paso del tiempo, el sentido de la vida y de la muerte, el amor,… en definitiva, la misma condición humana). 

Para el poeta, por lo tanto, la poesía es un instrumento de búsqueda, búsqueda de sí mismo, del sentido de las cosas y de la propia vida. Y es que la escritura es indagación, un medio de traspasar la apariencia y alcanzar el meollo, la esencia de las cosas. Y por este camino llegar al conocimiento del propio yo y, por añadidura, al conocimiento mismo del ser humano. 

Dicho en acertada expresión de Antonio del Camino, se trata de “traspasar el umbral de las palabras”. El ejercicio del poeta consiste, por esto mismo, en perseguir lo esencial poético, esa fuerza que todo lo ilumina, en palabras del mismo Antonio. 

Estos asuntos esenciales de la vida humana son los que han constituido las preocupaciones fundamentales de la poesía de Antonio. Pero además de estos, encontramos en sus libros otros temas tratados con buen gusto y talento. Vemos, por ejemplo, una poesía de carácter lúdico, en la que prima el humor y la ironía, en un lenguaje a veces crítico pero siempre amable. Es lo que el lector puede encontrar en su recopilación de Brindis, sencillos poemas que podríamos llamar de circunstancias, esto es, sin pretensiones más allá de esas mismas circunstancias. El humor, la ironía, la amistad y la alegría festiva se dan la mano a veces  con una suave crítica social. En esos poemas pueden rastrearse claros ecos de poetas clásicos cuyo influjo maneja Antonio con mano maestra:  una recreación del conocido Ande yo caliente de Góngora; otra recreación del famoso poema de Baltasar del Alcázar titulado La cena jocosa, poesía anacreóntica que nos invita a disfrutar de los placeres de la mesa y del vino. Sin olvidar una atrevida trasposición de la sextilla manriqueña para temas menos serios y dolorosos que el tratado por Jorge Manrique en sus Coplas por la muerte de su padre: un uso hábil y original de la copla manriqueña con su pie quebrado. 

Otra muestra más de esa poesía de Antonio del Camino que hemos llamado “de circunstancias” son los Cocinetos, esos originales juegos poéticos que contienen recetas culinarias con humor, ironía, buen gusto e invitación a los placeres del buen yantar. Recetas cocinadas al fuego del soneto, según definición del propio poeta, elaboradas con maestría en la construcción del verso.  

Valga todo lo anterior en lo que se refiere a los temas. En cuanto a las formas y la expresión poéticas, proporción, equilibrio, naturalidad y armonía son cualidades clásicas que caracterizan la poesía de Antonio. Versos sencillos, claros, transparentes casi siempre, pero no nos engañemos, versos que encierran un evidente trabajo de elaboración. 

En la mayor parte de su poesía, predominan los versos alejandrinos, los endecasílabos y los heptasílabos de la mejor tradición española: el maestro Gonzalo de Berceo se intuye en los alejandrinos, mientras que en los endecasílabos y los heptasílabos escuchamos el eco de los grandes poetas clásicos y, por supuesto, de Antonio Machado. Más que influencias, enseñanzas asimiladas de estos grandes maestros. 

Versos alejandrinos o combinaciones de endecasílabos y heptasílabos sin rima o con rimas asonantes que dotan a los poemas de una delicada musicalidad, muy en consonancia con la contención y armonía del contenido de los poemas. Tanto en unos como en otros, hay que destacar el dominio de las técnicas de versificación. 

Hemos citado ya algún libro de Antonio, pero echemos un vistazo a su producción literaria. En sus primeros libros, el lector se encuentra con un escritor joven en busca de una voz propia. Obras de un pulso poético evidente, pero junto a la presencia de rasgos que caracterizarán su poesía venidera (por ejemplo, fluidez y musicalidad, y temas como el tiempo, la niñez o el amor), se observa mayor variedad métrica y un menor dominio de la versificación. Así sucede en Constancia de las lunas, obra juvenil publicada en 1982, en la que encontramos elementos surrealistas como imágenes oníricas y símbolos. El libro principal de esta época es Del verbo y la penumbra, con el que obtuvo un destacado reconocimiento, el accésit del Premio Adonais en 1984. 

Vendrían después otros libros, en los que se advierte a mi entender una clara evolución hacia un estilo propio. Hitos destacables en ese camino son Veinticinco poemas en Carmen (1999) y Para saber de mí (2015, última obra publicada). 

Veinticinco poemas en Carmen es un poemario escrito en versos alejandrinos, la mayoría de ellos blancos, es decir, sin rima. Está compuesto con un lenguaje muy elaborado lleno de metáforas y connotaciones, y con una clara perfección métrica: el verso alejandrino surge fluido y rotundo al mismo tiempo, con sus hemistiquios y las cesuras en el lugar exacto. El tema es el amor, pero de la abstracción temática predominante en su primera etapa, la poesía de Antonio ha evolucionado hacia el hombre concreto que es él y hacia el sentimiento concreto del amor. El amor y la luz, como exponentes de la fuerza que da sentido humano y estético a la vida. 

Para saber de mí es una obra de madurez: los grandes temas, los temas de siempre, sentidos con una mirada propia. La vida, con sus cosas cotidianas, el amor (conyugal, filial, paternal,…), las más de las veces amor concreto hecho presencia viva en lo cotidiano, el paso del tiempo, la vida y la muerte… Y en cuanto al estilo, perfección formal y profundidad del contenido hermanadas con la sencillez del verso, unas veces de acendrado lirismo, otras veces con expresión coloquial bien manejada. Alejandrinos, endecasílabos y heptasílabos son los metros predominantes, a veces combinados, aunque se encuentran también ritmos populares como la soleá y combinaciones  de pentasílabos y heptasílabos. Versos blancos a menudo, con rimas asonantes los más, que marcan un ritmo suave, armonioso, remansado y profundo muchas veces. Porque el lenguaje está al servicio del contenido, formando con este una unidad armónica. No encontraremos alardes formales, pero como decía anteriormente, no debemos dejarnos engañar: detrás hay un trabajo consciente en busca de la pureza del lenguaje poético, es una poesía trabajada, leída y releída por el poeta hasta encontrar la palabra exacta, la expresión exacta. Y esta fluye armoniosa, siempre con algo que decir, un contenido rico, una reflexión sobre el hombre y lo humano, una visión de la vida. El magisterio de Antonio Machado se percibe, sabiamente manejado, no solo en un poema como Otra infancia: mi infancia, sino en un tono general de humanidad y sensibilidad muy machadiano que tiñe el libro. 

Para saber de mí responde a ese concepto de la poesía que hemos explicado antes, la poesía como indagación. Antonio del Camino indaga en el sentido de las cosas y se busca a sí mismo. Y nos traslada en sus versos su descubrimiento como un camino también para nuestra propia búsqueda del sentido de la vida, porque también para el lector la poesía es indagación y búsqueda. Juzguen ustedes si es acertado el título del libro.  

En definitiva y para terminar, a los lectores que se acercan a la poesía sin más pretensiones que gozar de su lectura, les ofrece Antonio del Camino la suavidad de sus versos, su visión humana del mundo y de la vida, su riqueza de estilo… A quienes, bisturí en mano, buscan desnudar el lenguaje poético y desentrañar los misterios de la poesía, les brinda sus versos claros, rotundos muchas veces, profundos siempre. A todos, les recomiendo sus libros y les invito ahora a disfrutar con la lectura de una selección de sus poemas en su propia voz. Muchas gracias por su atención.

6 comentarios:

  1. Cada trabajo literario requiere siempre la lucidez de una mirada crítica. Y la de hoy es una magnífica lectura que desvela claves y afanes. Que deja en quien se adentra en su recorrido la necesidad de buscar tu poesía. Enhorabuena, querido Antonio. y un abrazo desde Rivas, con nubes y paraguas.

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    1. Así es, José Luis. Pepe Regalado ha sabido desmenuzar, a mi modo de entender, con precisión y sentido crítico mi tarea poética, y sus palabras han sido un regalo que aprecio aún más allá de lo que mi gratitud pueda expresar.

      Ya de lunes, seguimos con nubes y paraguas. Intentaré darme una vuelta este año por la Feria del Libro, a ver si por fin coincidimos.

      Un fuerte abrazo.

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  2. Excelente presentación: clara a la par que precisa. Todo un "regalo" (valga la obviedad). Más abrazos.

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    1. Tú lo has dicho, Alfredo: todo un regalo. Fue un lujo tener a Pepe acompañándome.

      Un abrazo fuerte.

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  3. Muchas gracias, Antonio, por publicar el texto de mi presentación. En lo que me corresponda, agradezco a José Luis y a Alfredo sus amables palabras.

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    1. Soy yo, amigo, quien tiene que expresarte gratitud por aceptar la tarea en la que te embarqué y la minuciosidad y precisión con que la llevaste a cabo.

      Las palabras de José Luis y de Alfredo, a mi modo de entender, reconocen lo que es justo hacer: ese buen hacer tuyo que antes apuntaba.

      Un fuerte abrazo.

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