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martes, 21 de junio de 2016

El tiempo del Padre, de Beatriz Villacañas



EL TIEMPO DEL PADRE
Beatriz Villacañas
Colección Julio Nombela
Asociación de escritores y artistas españoles
Madrid, 2016


         En estos tiempos, en los que, con relativa frecuencia, es fácil encontrarse con libros de poesía donde muchos de sus versos muestran un cierto descuido, en los que se corta el verso sin una razón propiamente métrica y donde el lenguaje exigiría de una mayor depuración, es una suerte, una enorme satisfacción para este lector, tener entre las manos un libro como el de Beatriz Villacañas, profundamente sentido y, a la vez, escrito con tanta claridad, belleza y precisión.
         El tiempo del padre es un sentido homenaje de una hija a su progenitor. Sólo que, en esta ocasión, es el homenaje de una Poeta, Beatriz, a un Poeta, Juan Antonio Villacañas. De modo que sentimiento y belleza se aúnan en un poemario que, en esta época de prisas, acaso podríamos catalogar como raro, pero que es mucho más: un libro que trasciende el tiempo y aporta lucidez y reflexión: en torno al amor paterno-filial, a la memoria, a la muerte, a la permanencia de cada uno de nosotros más allá del final, cuando aún habitamos en el recuerdo de quienes nos amaron, a la propia escritura, al arte...
         La poeta escoge como forma predominante la lira; estrofa que su padre renovara más allá del hacer de nuestros místicos. Una forma que exige de recursos técnicos, de sentido musical, del adecuado vocabulario. Y Beatriz sale airosa —más que airosa— de tal empeño, y nos ofrece un conjunto de poemas sentidos, transparentes, musicales, sabios.
         El tiempo del padre no es un libro al uso. Es un libro que hará disfrutar a los buenos lectores de Poesía y al que se habrá de volver en más de una ocasión, pues sus poemas, en fondo y forma, están más allá de modas y experimentos.
         Como muestra de lo que el lector puede encontrar en él, dejo aquí el poema La palabra muerte no sabe de la muerte.

Con la palabra muerte
hace el poeta un juego de ilusiones,
el vate se divierte
con elucubraciones
y le da gravedad a sus canciones.

De tanto ser escrita
la muerte ante el abismo es sólo un eco,
un son que se marchita,
un fruto ya reseco,
una lamentación que suena a hueco.

Nada se le parece
a la muerte que viene cuando viene,
cuando el miedo nos crece
y el dolor nos contiene
y el alma junto al muerto se detiene.

No hay verso que la alcance,
no hay palabra que roce su misterio
ni el signo de su trance.
Sólo el silencio es serio 
en la ajena verdad del cementerio.

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