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viernes, 18 de noviembre de 2016

Autorretrato cubista

No sé si será cosa de la edad, pero el domingo descubrí en mi rostro ciertas señales asimétricas, consecuencia de una, afortunadamente, ligerísima parálisis facial. Ello dio origen al poema que ahora comparto con vosotros: 

[Detalle de Las Señoritas de Avignon, de Picasso]

Mi rostro, sin por qué, se ha vuelto picassiano:
una ceja más alta, un ojo más caído,
la boca del revés, y el centro del oído
afilado lo mismo que puñal toledano.

Las palabras dan saltos mortales en mi boca.
Y el aire, por mis labios, entra y sale a su antojo.
Ante el espejo ignoro quién es el trampantojo
que se burla, me engaña y, frente a mí, se enroca.

El médico me ha dicho que, como una pintura
a medio hacer, un día coincidirá el reflejo
de quien soy con la vieja y exacta arquitectura
del hombre a que respondo y me niega el espejo.

Sólo queda esperar. Y mientras lo hago, escribo,
por ver si así recobro mi rostro privativo. 


2 comentarios:

  1. Recuerdo aquella magia del poema que hilvanaba palabras como si fueran trazos de un dibujo en el aire. El resultado muestra al concluir un rostro hecho en el tiempo. Somos asimetrías, querido poeta, líneas de vida que el azar dispone. Un gran abrazo y enhorabuena por tus versos.

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    1. Como he dejado dicho por algún sitio, este poema preferiría que no hubiera surgido: quince días después aún sigue emperrada la parálisis en sujetarme la parte siniestra de mi yo. Pero, en fin, ahí seguimos. Gracias, maestro. Un abrazo.

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